Puede sorprender a quienes no están familiarizados con el país, los niveles alcanzados de migración a España, que han derivado en un nuevo escándalo vinculado al (LAB) y un grupo de agencias de viajes.
Más allá del análisis de los efectos de la migración, nos referiremos a las causas de la misma y al porqué el fenómeno migratorio será parte de las vidas de los bolivianos por un par de décadas más.
Primero, en 1985 cuando Bolivia se embarcó en la Nueva Política Económica de la mano de las políticas de ajuste estructural, se definió que el Estado debía replegarse de la economía, orientarse al desarrollo humano y dejar el reto de la generación de empleo e ingreso al sector privado. Sin embargo, Bolivia se embarcó en este paradigma asumiendo que contaba con un sector privado capaz de asumir el desafío. Dos décadas después la realidad nos muestra que aquel supuesto no era válido y que en el país no existe la masa crítica de empresas requeridas para generar mayor crecimiento, como tampoco los incentivos para fomentar el espíritu emprendedor, el nacimiento de empresas, su incubación y postincubación.
Segundo, el sector privado tiene una estructura heterogénea que determina su incapacidad para enfrentar en el corto plazo cualquier reto de crecimiento. Es decir que el sector empresarial está compuesto por: i) la “gran empresa” intensiva en capital y vinculada a los sectores estratégicos, responsable por la generación del 65% del PIB pero sólo por el 7% del empleo; ii) la “pequeña y mediana empresas” más amplia en número y donde se ubican los deciles por pobreza cuarto al sexto, responsable por generar el 10% del producto y el 10% del empleo; y finalmente, iii) la “microempresa” compuesta por los deciles de pobreza más bajos, responsable por el 25% del producto y por el 83% del empleo.
Tercero, el empleo generado por las microempresas es informal, temporal, no asociado a beneficios sociales y altamente dinámico en su adaptación a condiciones de demanda del mercado interno-, adaptado a las condiciones de informalidad de la economía nacional. Cada año se gradúan más de cien mil nuevos bachilleres, y la economía formal sólo produce entre 16 y 20 mil nuevos empleos anuales, dejando a más de ochenta mil a la economía informal, el subempleo o el desempleo.
Cuarto, el modelo de desarrollo se ha focalizado principalmente en el sector servicios quien explica más del 60% del crecimiento del PIB, aspecto que no estaría mal si el potencial de mercado interno fuera adecuado para generar mayores niveles de crecimiento y que, además, no estuvieran cuestionados socialmente y en proceso de nacionalización.
Quinto, el sector productivo compuesto por empresas ligadas a la explotación de recursos naturales y en mínima parte a no tradicionales generadores de transformación, por lo que la producción se encuentra expuesta a los efectos de la variación de precios internacionales. Ejemplo palpable de esta realidad se encuentra en la composición de las exportaciones, mismas que se han cuadruplicado en los últimos dos años rebasando la frontera de los 4.000 millones de dólares, pero responden en un 50% a hidrocarburos y 20% a minerales; es decir, en un 70% o más de exportaciones tradicionales, mientras que las exportaciones no tradicionales generadoras de empleo y valor crecieron simplemente en un 9% respecto a la gestión 2005 (p.e. las exportaciones de manufacturas sólo crecieron en 17.2%).
Sexto, los flujos financieros para el crecimiento y desarrollo económico compuestos por inversión pública, inversión extranjera directa, inversión privada nacional y créditos bancario y no bancario se encuentran en su mayoría orientados a servicios, dejando de lado el sector productivo y sus posibilidades de desarrollo como motor para la generación de empleo e ingresos, a lo que debe sumarse que la legislación (Ley SAFCO) impide la concurrencia de capitales públicos y privados para el emprendimiento productivo.
Séptimo, recursos humanos no capacitados para enfrentar retos del sector productivo, pues el sistema educativo no tiene correspondencia alguna con las necesidades del sector empresarial, resultando en menores probabilidades de empleabilidad de los recursos humanos y una excesiva orientación vocacional hacia la educación superior en desmedro de la formación cualificada de técnicos medios y superiores requeridos por la industria manufacturera generadora de empleo formal.
Todos esos aspectos, masa crítica de empresas productivas, heterogeneidad del sector privado, condiciones del empleo y su informalidad, composición de la producción empresarial y su vulnerabilidad a shocks externos de precios, la incapacidad del sistema de planificación nacional para orientar los recursos del desarrollo al sector generador de valor y empleo, o la falta de correspondencia entre el sistema educativo y las necesidades del sector empresarial, son estructurales, se deben modificar para sentar las condiciones que permitan ofrecer oportunidades de empleo a quienes hoy se ven en la encrucijada de migrar o seguir siendo viviendo pobres y sin oportunidades intergeneracionales.
Los factores que impiden el desarrollo del sector productivo para generar la cantidad de empleos y oportunidades para los miles de bolivianos que migran son de “carácter estructural”; es decir, que para lograr su modificación se requieren periodos de tiempo de10 a 15 años, si es que enfrentamos el desafío ahora. Esto supone que el alarmante éxodo de migración se constituirá en un problema que deberemos enfrentar por lo menos una década más, y que ojalá genere la atención necesaria del gobierno para darle una solución anticipada.