El debate sobre la Constituyente, el rumbo de la economía y las trasformaciones estatales se concentra en el poder, un poder que se convierte en sinónimo del saber y de la información. La información desplegada en los medios de comunicación no es neutral, hay que reconocer que los intereses privados y políticos priman a la hora de informar, lo cuál limita posibilidad de formar una esfera pública democrática pública y deliberativa.
Esto pone en tela de juicio las políticas de comunicación. Hay esfuerzos que buscan un espacio más abierto para el debate, pero los llamados a informar quedan en silencio, lo cuál marca un desarrollo perverso de la construcción de la noticia. Existe verticalidad en las noticias que emanan desde un arriba, dejando a las audiencias como pasivas. Una sociedad desinformada es más fácil de manipular y por lo tanto también de llenar de consignas.
Pareciera que no se está produciendo noticias, pero eso es solo una apariencia, bajo esa tela de inmovilidad se desarrollan debates sobre la visión de país, sobre los límites de un gobierno “movimientos sociales”, las consecuencias reales de las autonomías departamentales. Sobre estos puntos la información que posee la sociedad civil es casi nula.
Requerimos una política mediática pluirilingüe y multicultural. En algunos poblados rurales lo importante es la cotidianidad, pero bajo este argumento no se les puede privar de información. La información no debe quedarse en un bloque duro de poder, debe democratizarse y fluir libremente en varios espacios mediáticos váalidos y reconocidos.
Christian Jiménez es egresado de ciencia política de la UMSS.