Más allá de la ideología, el desempeño de un ser humano y por ende de un país, se traza de manera medular desde tres variables: la formación cultural y familiar, el modelo educativo y el acceso a la información. Esto es lo que diferencia a un esquimal de un suizo, o a un joven alemán de hoy, de un “Hitlerjugend” de hace apenas setenta años. Todos nacemos iguales, pero de ahí en adelante...
Está ampliamente demostrado que la capacidad mental de los diferentes grupos humanos es similar al nacer. No hay ‘súper-razas’ sólo súper-esquemas culturales, educativos y de acceso a la información. Yo estoy a menos de tres mil generaciones de un aborigen australiano. Las diferencias de capacidad mental inicial, apenas pueden obedecer a taras generadas por la mala alimentación. Así las cosas, una cultura que privilegia la comida de los guerreros sobre aquella de los niños, está destinada al fracaso, como cualquier otra que anula su estimulación temprana, limitará irremediablemente las conexiones neuronales de una población ‘opa’ artificial.
Si una nación pretende sobrevivir en la competencia despiadada de la globalización, debe hoy por lo tanto, alimentar, estimular y amar a sus niños (cultura familiar), educarlos adecuadamente para que sean tan buenos o mejores que los de otras naciones y darles el mayor acceso posible de información. Los líderes que no cuiden estos aspectos, sin importar la riqueza de sus recursos o su visión, destinarán a sus sociedades al fracaso. Hasta el siglo pasado, una tribu bosquimana de Namibia o los Makú amazónicos, pudieron sobrevivir exitosamente con una alimentación y una información limitadas por una tradición de supervivencia adecuada a su medio y a su aislamiento absoluto. En este milenio, están condenados a morir de influenza mutante o por un cambio ambiental que no comprenden.
Siempre admiré a Avelino Siñani y Elizardo Pérez; en otra época, visualizaron un modelo cultural y educativo que potenciaba valores y conocimientos autóctonos portentosos. Percibo con preocupación el hecho de que el diseño de la currícula para la Nueva Ley de Educación —que apenas es un dechado de buenos propósitos— haya sido encomendado a maestros y a sabios vernáculos, defensores de fueros sindicales y conocimientos locales. Pueden ser excelentes educadores con conocimientos y experiencia pedagógica, pero definitivamente no son estrategas del futuro. Sólo en el Presidente y el Vicepresidente veo una capacidad para imaginar a los bolivianos del 2020 desde la perspectiva del régimen actual, algo muy diferente a la decisión de enseñar o no, trigonometría y con qué método. La variable educativa esencial, corre ahora el riesgo de la minería, que luego del 52, no logró encontrar un camino alternativo que le permitiera sobrevivir a su manejo por operadores en vez de estrategas.
*Jorge Zapp es consultor internacional.
Barbarie en Bolivia
Bolivia y los Estados Unidos compartieron un rasgo de barbarie la semana pasada. Dos ciudadanos, de ambos países, Seung-Hui Cho, el del norte, y Adelio Aruquipa, nacional, mataron a más de 30 personas.
Sin agua bendita
Los obispos de Bolivia reunidos en Asamblea Plenaria concluyeron que la Asamblea Constituyente ha perdido la confianza del pueblo y ha generado una actitud de dudas.
Bodas de Chatarra
La verdad es que son tan cursis las bodas de lo que fuere, que deberían existir las Bodas de Chatarra.
A un año de la “nacionalización”
Tendremos que estar atentos al “diluvio de discursos triunfalistas” a que se ha referido nuestro colega columnista, Carlos Miranda, en este 1º de mayo que se aproxima. Y no es para menos. Bien o mal, los bolivianos hemos vuelto a hacer historia.