Hace muchos años que en Bolivia se olvidaron de los Mártires de Chicago y el Día del Trabajo se ha convertido en un día de conflictos, reclamos y pedidos. En un país como el nuestro, donde se trabaja poco, donde los paros, los bloqueos y las marchas son el pan cotidiano —el único pan al alcance de todos—, el Gobierno tiene que estar preparado para ofrecer cualquier cosa o para dar algún golpe escénico, que, en el día, levantará el espíritu de los trabajadores, y que, como fue con la “nacionalización” de los hidrocarburos, después de un año seguirá en el papel.
¿Qué exigirán hoy los trabajadores? ¿Qué motivos tendrán para festejar un día que ya se ha vuelto como otro cualquiera? Porque hay que comprender que sin empleo, sin una chaucha en el bolsillo, por lo tanto con la olla vacía, será muy difícil ver caras alegres, salvo que, como antes, se hicieran festivales musicales y deportivos en el estadio Hernando Siles, para que, por lo menos, la jornada transcurra en paz, sin disturbios.
Al margen de lo que hagan los trabajadores que ya sabemos no estarán felices ni tienen motivos para estarlo desde hace mucho tiempo, los politólogos, los cientistas políticos, los políticos jubilados por “octubristas”, los apostadores de café, los jugadores de cacho y taba, todos se preguntan: ¿con qué nos saldrá el Gobierno hoy día? Porque una cosa está clara: el Presidente de la República y el MAS no podrían quedarse en un 1º de Mayo de brazos cruzados, ¡y en pleno gobierno revolucionario socialista y comunitario!
Como el Gobierno ha anunciado la recuperación de Entel, las apuestas se inclinan a que Entel será “recuperada” hoy. Pero, para muchos, es absurdo y fuera de posibilidades ese propósito, ya que los italianos están dispuestos a negociar como la gente, pero, en ningún caso, a que les arrebaten la empresa de un manotazo o con ofrecimientos vagos de un futuro arreglo económico.
Otros dicen que no habría mejor manera de alegrar la fiesta de los trabajadores que echándole el guante a las refinerías de Petrobras, también con el ofrecimiento de indemnizarlas en su momento. Pero ésta es, al parecer, una cuestión de precio. Bolivia dice que valen 70 millones de dólares y Petrobras que cuestan el triple. Pero, hay algo más. Al parecer los brasileños ya se han cabreado con las gambetas, fintas, los quites que les hacemos. Es por eso que se comentó en la Folha de Sao Paulo que la charla entre Evo Morales y Lula da Silva había sido un tanto “ríspida”. Claro que los portavoces masistas dijeron que fue todo un éxito.
¿Qué más se puede nacionalizar en Bolivia? ¡Hay tan poca inversión extranjera! Tal vez caerle a las ya agotadas empresas mineras de la ex Comsur, que Dios sabe quiénes serán sus actuales dueños. Entonces, hablar sobre la nueva nacionalización de las minas. Como cachondeo no estaría mal.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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