Experiencia, según el diccionario, es la enseñanza que se adquiere con el uso de la práctica; o todo conocimiento obtenido con el uso de la acción. Alguien la calificó hace muchos años como el nombre que se da a los errores cometidos, definición que tiene ciertamente mucho de lógica.
En esta misma columna, hace ya tiempo, nos referimos a los ciclos de la economía y de la política y recordamos que en 1952 el MNR decidió estatizar y nacionalizar todo, y el mismo partido, en la última década del siglo pasado, hizo todo lo contrario porque privatizó las empresas estatales con el nombre de capitalización.
Por tanto, el país tiene experiencia interna en esta materia y también externa por lo acontecido en el mundo. Cuando el Estado se vuelve administrador, los intereses políticos crecen desmesuradamente, aumenta la burocracia, se hacen evidentes las influencias, como lo ha demostrado el famoso caso de los avales, lo que prueba que el partido gobernante es en este tema más de lo mismo. El profesionalismo y las condiciones idóneas para ocupar un cargo son sustituidas por “tradiciones familiares” u otras condiciones que nada tienen que ver con la eficiencia y la formación académica, la que es menospreciada injustamente, ya que se echa la culpa de todo lo malo a los “doctorcitos y licenciados” que, en muchos casos, actuaron mal ciertamente, pero no por ser doctorcitos o licenciados, sino por corruptos, característica que, obviamente, no es privativa de la gente profesional.
La privatización de las empresas estatales fue una necesidad surgida de la pésima situación económica y financiera en la que se encontraban y por el ciclo que vivía la economía mundial. El proceso novedoso por la característica que se le dio con la capitalización, fue desvirtuado en la implementación. Sin embargo, es indudable que la privatización permite captar inversión y optimizar la administración y, cuando esto ocurre, las empresas se vuelven atractivas para los nuevos gobiernos que vuelven a pensar en la nacionalización.
Eso es lo que está pasando ahora. El Gobierno ha pensado primero en los hidrocarburos porque ya se descubrieron las importantes reservas de gas y piensa también en Entel, cuando la telefonía celular se ha socializado y el negocio se ha vuelto extraordinariamente rentable. Por eso es que los gobernantes cambian de discurso ya que hablan de nacionalización cuando el negocio es bueno y de privatización cuando no lo es.
Esta forma de actuar implica falta de estabilidad y de confianza en el país porque no hay una línea definida. Por una parte, se ignora lo que ocurrió en la desaparecida Unión Soviética y en la caída del muro de Berlín y, por otra, se hace lo mismo con la experiencia de países socialistas como la China y la India, que atraen inversiones y logran el crecimiento de sus economías en más del 10%, practicando el capitalismo, lo que nada tiene que ver con el caso venezolano cuyo crecimiento es también alto pero como consecuencia exclusiva del elevado precio del petróleo. Lamentablemente, el Gobierno actual no aprovecha la experiencia interna ni externa, por lo que es dudoso el resultado práctico de su administración.
El discurso socialista impresiona favorablemente porque pregona la igualdad y la única real es la de las oportunidades, de derechos y obligaciones que son las que el Estado debería resguardar, la otra no existe. Si se repartiera toda la riqueza existente en partes exactamente iguales entre todos los habitantes de un país, al día siguiente unos tendrían mucho, otros poco y algunos nada, porque esa es la realidad, en las naciones, en las familias y en toda sociedad.
Gobernar responsablemente es ciertamente difícil, pero la tarea se facilita y se hace más eficiente si se toma en cuenta la experiencia, sin la que se hacen actualmente ensayos tratando de aplicar medidas que ya fracasaron, tanto dentro como fuera del país. Tratar de inventar la pólvora que los chinos inventaron hace miles de años es absurdo, como lo es también buscar el desarrollo caminando hacia atrás. El retrovisor en esta materia debe servir sólo para aprovechar debidamente esa enseñanza, que se logra con el uso de la práctica, que se llama, precisamente, experiencia. Ignorarla es un atentado contra sí mismos.
*Gastón Solares Á. es empresario privado.
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