Rabias y caprichos del pequeño se manifiestan con gritos, llantos y hasta golpes a los padres. No se debe perder la calma.
Texto: Verónica Zapana Fotografías: Miguel Carrasco
Usualmente se ve en las calles o entre las paredes del hogar que pequeños de cuatro o cinco años de edad golpean a sus padres.
Sea cual fuese “el motivo”, esa es una actitud que exige otra a los padres y es la rigidez, pero además la calma y la paciencia, pues responder al pequeño con otro golpe sólo reforzará el comportamiento.
Para el sicólogo Ariel Roldán, esta muestra de rabieta, como se denomina a esas actitudes de los niños, se presenta comúnmente entre los cinco y seis años. “Ésta es una conducta típica que en realidad todos han tenido, aunque en algunos casos ha sido con mayor intensidad”, afirma el especialista.
La rabieta o berrinche, que es identificada fácilmente por los llantos prolongados, gritos, agresiones, iras y otras desesperaciones, siempre ha tenido comentarios indeseables de gente ajena y familiares. Sin embargo, la etapa de la niñez debe ser comprendida por los padres y optar por ser más pacientes con sus hijos.
“Estas facetas del desarrollo de los niños son normales, pero según pasa el tiempo disminuyen y se corrigen, aunque a algunos les quede el temperamento explosivo”, indica.
Por eso es muy importante que cuando los niños muestren estas actitudes, los padres demuestren lo opuesto, es decir, deben comportarse muy tranquilos, con firmeza en su decisión y sin recurrir a la agresión física, porque de no ser así, los pequeños encontrarán la forma de manipularlos.
“Son varias las condiciones que pueden presentarse para que el infante tenga dichas actitudes como el cansancio, el sueño, el hambre y la expresión. Si el niño encuentra la forma de comunicarse, entonces disminuirá ese tipo de reacciones.
Nuevas formas de expresión ayudan a descargar su ansiedad o incomodidad”, afirma Roldán.
1 Edad.
El sicólogo Ariel Roldán indica que los niños demuestran su rabia con berrinches, esto entre los cinco y seis años, pero al paso del tiempo disminuyen.
2 Demostración.
Los niños manifiestan esas conductas por falta de comunicación, por hambre o sueño. Se expresan con llantos prolongados, gritos, iras y agresiones.
3 Actitud.
“Cuando los niños agreden físicamente a sus padres, ellos deben mostrar tranquilidad, una decisión firme y no optar por responder con otro golpe”, recomienda Roldán.
Paso a paso
Respetos y respetos
Comprensión. Es importante que los padres comprendan que la etapa de la niñez es difícil para los pequeños, por eso tienen ciertas actitudes.
Distracción. Cuando el niño comienza a tener comportamientos agresivos, los padres deben tratar de dirigir su atención a otro tipo de actividades.
Opción. En caso de que las rabietas sean por alguna cosa que el niño quiera obtener, los padres deben indicarle que hay otras alternativas y darle a elegir entre dos opciones.
Valores. Es fundamental que existan reglas dentro de la familia. Si es necesario, castigar al niño por un comportamiento inadecuado, hay que hacerlo, pero sin faltarle al respeto.
Evitar. Es necesario que los padres sean firmes cuando digan “no” a algo que exige el niño, pese a la amenaza del berrinche. Se les debe explicar a los pequeños las razones por las que los padres han dicho que “no”.
Respeto. Los padres deben inculcar el valor del respeto a los demás.
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