La flexibilidad, la coordinación espacial, el ritmo, la sensibilidad y la disciplina son algunas virtudes y habilidades que cultiva el bailarín.
Texto: Miguel Vargas. Fotos: Andrés Rojas y Pedro Laguna
“Vi en el cine que bailaban muy bonito y quería hacerlo igual, así que le dije a mi mamá y ella buscó por todo lado”, cuenta Fabiola Albarracín Guerra. Ella tiene nueve años, cuatro de los cuales ha dedicado a este arte escénico en la Escuela del Ballet Oficial. Allí no sólo aprende las bases de la danza clásica, sino que mantiene una alimentación balanceada, se desenvuelve naturalmente en público, tiene un cuerpo elástico y sabe organizar su tiempo.
El estudio de la danza no sólo permite el desarrollo de una buena postura y la educación del oído; es un arte que exige disciplina y dedicación. A cambio ofrece diversión y una realización personal y profesional. “Los bailarines, por el ritmo de vida que tienen, son muy disciplinados y organizados.
Eso ayuda mucho a los niños a organizar su tiempo y asumir prioridades, como decir \'voy a llegar tarde a tu cumpleaños, porque tengo ballet\'.
Esto hace que sean conscientes de qué es lo que quieren en la vida”, explica la directora de la Escuela, Daniela Ruesgas, quien asumió el cargo en diciembre del 2006 y que desde enero trabajó con el equipo docente en la concreción de un proyecto educativo institucional y la elaboración y consolidación de un nuevo pensum, donde las alumnas estudian además danza contemporánea y ritmos tradicionales bolivianos junto a la materia teórica de Historia del Arte y de la Danza.
Emprender esta carrera implica iniciarse muy joven. Se empieza por dos cursos a un nivel inicial que preparan al niño desde los nueve años para la técnica. “En total son ocho años de estudio: cinco de nivel básico y tres de nivel superior. Cada año se incrementa la exigencia y se pasan materias complementarias, la preparación física y la técnica clásica”.
Cada estudiante pasa tres horas de clases al día. “Una hora y media de técnica va con una hora de preparación física. A medida que se asciende de curso, la carga horaria se incrementa con materias complementarias y teóricas. Es importante que los futuros bailarines sepan lo que están bailando, la historia de la danza y a dónde se proyectan”, explica Ruesgas.
Para la admisión se ha desarrollado una prueba a nivel nacional con técnicos en preparación física, fisioterapia y bailarines, para hacer una captación de futuros talentos en danza. Esto permite tener un registro de los niños que ingresan con determinadas posibilidades y cómo van avanzando con el paso de los años en la técnica clásica y la preparación física.
Es importante comenzar estos cursos entre los ocho y nueve años, pues es un momento óptimo para que la técnica clásica desarrolle la flexibilidad, la colocación y el manejo del cuerpo.
“Pasada esa edad es algo complicado, a menos que se tenga alguna experiencia previa, porque el cuerpo va tomando una postura que depende de la actividad. Si el niño hace básquet, por ejemplo, tendrá una disposición del cuerpo diferente a la de un nadador. Eso es importante, y para la técnica clásica la flexibilidad es un punto clave junto al manejo del espacio y la coordinación”.
La danza no es sólo femenina. “En el ballet hay varones, no los que una quisiera, pero sí hay una mayor demanda de alumnos. Por eso, la escuela abrió un curso especial para hombres, pues los chicos se animan cuando ya son más grandes por el tema de prejuicios o estereotipos del bailarín”.
De esta forma, la danza clásica permite una formación a nivel físico, de la sensibilidad, del carácter y una vida armónica. Y aunque el niño o la niña dejen el ballet para dedicarse a otro campo, siempre le quedará una impecable postura y la experiencia de haber hecho arte con su cuerpo.
Un arte apoyado por la familia
La vida del bailarín, si bien está llena de gratificaciones, resulta ser muy exigente, por lo que la colaboración de los progenitores es vital, sobre todo en el momento de iniciar una carrera:
l En algunos casos, los más emocionados con el ballet son los padres antes que los niños. Deben preguntarse si el verdadero interesado es el alumno o el papá.
l Los padres deben monitorear que el niño se sienta bien en el colegio, haga tareas y no incumpla con la clase de preparación física, técnica clásica u otras materias. Importa mucho que ellos incentiven a sus hijos y les den ánimos.
l Los adultos deben colaborar al hijo también a asumir la decisión de abandonar la danza por motivos varios, como la falta de condiciones físicas, pues aunque se quiera bailar de corazón, esto implicaría tomar un riesgo cuando el físico en verdad no responde.
l Si un niño varón desea bailar, los padres no deben dejarse llevar por prejuicios. Deben darle la oportunidad de una carrera, apoyándolo en el emprendimiento.
l Se debe ayudar mucho en la alimentación de los bailarines, pues necesitan una dieta balanceada, fortaleciendo la autodisciplina.
Complemento
Desarrollo de una profesión Si bien no todos los estudiantes de la Escuela del Ballet Oficial salen bailarines, es muy importante que se asuman estos 10 años de estudio, contando con los dos de preparación, como una verdadera opción profesional. “La idea de esta escuela es formar profesionales en danza, una carrera muy exigente que requiere mucha disciplina, además de condiciones físicas especiales, por el tema de la flexibilidad, de la rotación y de la coordinación oído y movimientos”, recalca Daniela Ruesgas.
En este sentido, la danza exige dedicación y también compensación económica. Si bien muchas de las instructoras han estudiado otras carreras, actualmente viven de la danza. “Es la oportunidad de darle a los hijos la posibilidad de una profesión adicional”.
Por otro lado, el estar en la escuela del ballet no significa que se deba terminar la carrera y dedicarse al clásico. Según Ruesgas, los niños o jóvenes llegan muchas veces hasta un momento de la formación en que su mismo cuerpo les dice “hasta aquí puedo llegar”, pues se deben tener unas habilidades desarrolladas y condiciones físicas que apoyen, por ejemplo, el trabajo de puntas. Además, la complicación avanza cada año junto a las exigencias.
Sin embargo, el baile a nadie le hace daño. “Aprender la técnica clásica es como aprender el abecedario. Es una base que aporta a diferentes tipos de danzas como jazz, folklore o contemporánea. Para estudiar otras técnicas te piden conocimiento previo de técnica clásica, porque da muchos elementos en manejo de espacio y coordinación, que son elementos comunes.
Estudiar la danza no sólo no está demás, sino que enriquece a la persona desde la misma postura hasta la expresividad. Un bailarín o bailarina tiene una prestancia diferente a la que no ha tenido este tipo de formación, así como tiene control sobre sus movimientos”, finaliza la directora y bailarina.
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