“Ayudar” parece ser el verbo más comúnmente utilizado cuando se habla del trabajo doméstico. En el mejor de los casos, yo ayudo, tú ayudas, él ayuda, etc., el problema es que nadie “comparte” las tareas que todos los días, sin remuneración alguna, realizan las mujeres al interior de sus hogares.
En la concepción de la mayoría de la gente y del propio sistema económico social, el trabajo doméstico no es considerado trabajo. La economía sólo considera trabajo a aquel que produce bienes y servicios destinados al mercado y a través del cual se perciben ingresos. Las tareas realizadas dentro de un espacio privado y cuyos “beneficiarios” son los propios familiares, por ejemplo la limpieza, la atención de los hijos/as, la alimentación, etc., no son consideradas actividades productivas, sumando a ello que las encuestas oficiales califican como “inactivas” a todas aquellas mujeres que dedican sus vidas a realizarlas.
Esta práctica de que “lo que no es productivo no se paga”, ha olvidado que el trabajo doméstico no es una suma de tareas caseras; es, entre otras cosas, el eje central para mantener un equilibrio entre necesidades, aspiraciones y realizaciones al interior de las familias, reproduciendo la fuerza de trabajo y cumpliendo un papel esencial para el funcionamiento de la sociedad y la economía.
Sin ningún tipo de beneficio, a no ser que se considere beneficio al aplauso familiar que nos muestran algunos spots televisivos, las mujeres, apoyadas la mayoría de las veces en sus hijas, sobrellevan las dobles y hasta triples jornadas de trabajo dentro y fuera del hogar, ¿y cuánto cuesta esto? Estimaciones del Sistema de Naciones Unidas informan que si las actividades no remuneradas se pagaran a base de salarios existentes, el total alcanzaría a 16 billones de dólares, o sea el 70% del PIB mundial.
En definitiva, la subestimación de la contribución femenina a la economía no puede ser más la nota habitual. El trabajo reproductivo no remunerado debe visibilizarse, se debe reconocer el aporte y el costo del mantenimiento y reproducción de la fuerza de trabajo, así como la valoración por la generación de bienes y servicios; todo ello requiere un cambio en el significado del trabajo, no pueden mantenerse sólo estrategias de compatibilización entre lo mercantil y lo doméstico, familiar y comunal. Deben modificarse los patrones de la división del trabajo.
En esta etapa de aterrizaje de la Asamblea Constituyente, como Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia, demandamos que bajo los principios de justicia e igualdad, el Estado “reconozca el valor económico del trabajo doméstico y del trabajo reproductivo como trabajos de producción de bienes y servicios generadores de valor y aporte a la economía nacional, promoviendo, a través de políticas públicas, la democratización de las tareas domésticas”. Sin duda, ello permitiría a las mujeres desempeñarse laboralmente, mejorar sus condiciones de trabajo, ejercer su derecho a la educación, a la capacitación, al descanso, a la recreación.
Mientras tanto, no faltará quién haga la cama, prepare la comida, tienda la ropa y cuide a los hijos, sin que por ello reciba salario alguno, menos aún un incremento del 5%.
* Cecilia Terrazas Ruiz es parte del Movimiento de Mujeres Presentes.
Gas: protocolización inválida
“Es odioso tener que señalar un nuevo error después de tantas dificultades que ya ha tenido el proceso nacionalizador, pero sería peor callar...”
Visa al mundo
Wilson se fue a Brasil cuando tenía 18 años. Su padre, albañil y con cuatro hijos más, no podía ya pagar sus estudios. Tres años después, Wilson se fue a Francia y desde entonces vive en un pueblo del sur.
Tirios y troyanos del opio del pueblo
No, no trataré sobre la Guerra de Troya ni de la heroica defensa de 300 espartanos en el paso de las Termópilas, que están de moda en un film en que miles de combatientes son réplicas digitales
Algunos cambios en la coyuntura
La complicación mayor que se le presenta ahora al Gobierno consiste en administrar simultáneamente varios trayectos con inusuales exigencias en términos de logros verosímiles