El sugerente título de este artículo corresponde al pequeño libro, que reúne tres ensayos, cuyos autores son José Baldivia, Fernando Molina y Henry Oporto. Los tres se proponen, desde diferentes ángulos de vista, radiografiar la ideología del MAS. Lo notable es que los tres llegan a la conclusión que titula el libro. Molina al momento de caracterizar la naturaleza del gobierno del MAS, Oporto al momento de analizar el Plan de Desarrollo 2006 - 2010 (PND) y Baldivia cuando introduce el bisturí a la propuesta del “social comunitarismo”. Los tres coinciden que el MAS no es una agrupación ideológicamente homogénea, pero si una agrupación retrógrada que quiere volver el reloj de la historia al pasado.
En mi opinión, lo medular del ensayo de Molina es la caracterización del gobierno del MAS como aquel que tiene los siguientes rasgos: carismático, caudillista, antiliberal, cesarista, centralista, corporativo y un gobierno de masas. Es carismático, en el sentido Weberiano, porque el fundamento de este gobierno es la personalidad de Evo Morales, cuya condición social, que es la misma de la mayoría de la población, explica su éxito electoral. Es caudillista, porque la palabra de Evo Morales es ley, se ubica por encima de las instituciones republicanas, algo que García Linera ha denominado como el “evismo”. Es antiliberal, en cuanto a la política y a la economía, porque no cree en las instituciones de la democracia ni en las bondades de la economía de mercado, convirtiéndose esta postura ideológica en lo único que une a esa masa amorfa de gente que hoy constituye el MAS. Es cesarista porque su interés básico es capturar y conservar el poder bajo el discurso ilusorio de ser el único gobierno con la capacidad y el poder de definir y regular el futuro de la sociedad, olvidando que lo imprevisible es inherente a las colectividades humanas Es centralista, al mismo tiempo de cerrado, razón por la cual se opone a las autonomías departamentales y considera la apertura de la economía boliviana al exterior, como causa de su atraso. Es corporativo, razón que le ha llevado a buscar el apoyo del Ejercito, de los sindicatos y de los “movimientos sociales”. Finalmente, es un gobierno de masas porque al ubicarse por encima de las instituciones requiere el apoyo directo del pueblo lo cual requiere un continuo ejercicio plebiscitario.
Por su parte Oporto, considera que el PND, que ante todo es un documento ideológico y político que desprecia el pragmatismo y se aprisiona en un determinismo cultural, busca establecer una estrategia de desarrollo económico fundada en dos pilares, el capitalismo de estado, por un lado, y la recreación del comunitarismo indígena, por otro. Es un retorno al dirigismo estatal, porque el centro de la propuesta consiste en lograr un “Estado descolonizado, protagonista y promotor del desarrollo”, que en el fondo busca nuevamente que el Estado asuma el control y la explotación de los recursos naturales, basada en la idea superada de que ahí está la riqueza de un país. Bajo la retórica de “Estado social, pluricultural y comunitario”, lo que se quiere es retornar al periodo populista nacionalista de los años cincuenta en adelante. Esta propuesta también “recrea mitos y desconoce realidades” e idealiza las culturas tradicionales. El PND es una propuesta ruralista, agrarista y andinocentrista, paradójicamente, para una sociedad ya urbanizada y mestizada. EL PND pretende revivir las tradiciones mitificadas del ayllu y expandirlas al resto de la sociedad, en lugar de consolidar un ambiente propicio para los negocios. Oporto se pregunta ¿Qué puede justificar que el Estado vuelva a actividades productivas cuando ni siquiera es capaz de proporcionar bienes públicos esenciales?
Valdivia, termina rematando los planteamientos que hace Oporto al sostener la inviabilidad de recrear el “social comunitarismo indígena”. De principio destaca que es una falacia la igualdad y la equidad al interior de las sociedades andinas. Nos recuerda que al hombre andino desconocía la rueda y careció del alfabeto y dice que no tuvieron el tiempo histórico para constituirse en nacionalidades. Hoy día existen comunidades campesinas como entidades territoriales pero no como organización económica. La descomposición de la propiedad comunal es inexorable y cada vez aumenta más la propiedad privada de la tierra. Los habitantes andinos tienden a la consolidación de la propiedad individual. La atomización de los productores es una consecuencia de la fragmentación de la propiedad agraria. La propiedad comunal subsiste marginalmente en el área rural. Esta comprobado que hay una correlación directa entre propiedad comunal y pobreza. “Aunque para el igualitarismo comunal el mercado constituye una mala palabra, la principal aspiración de los productores andinos es insertarse en los mercados”.
En tiempos de incertidumbre como los que se viven en el país, donde se habla de cambio y de “revoluciones culturales”, es reconfortante leer análisis objetivos -como los aquí comentadas- sobre lo que está aconteciendo, porque lo definitivo no está en las creencias que tienen algunos ideólogos sino en intentar ver las tendencias de la historia que, nos guste o no, se encaminan inexorablemente hacia la modernidad y a la globalización.