En varias oportunidades el Presidente de los bolivianos hizo referencia a los consejos recibidos de otros presidentes sobre la importancia de saber hacer negocios que beneficien a nuestro país. Consejos que sólo son parte de los discursos. Los negocios son un tema delicado para el que se necesita un talento especial. Hacer negocios es como ser artista, se requiere de habilidad, conocimientos y sensibilidad (olfato). Características que no son exactamente las del Sr. Presidente y de ninguno de sus ministros, en su mayoría académicos y funcionarios de organizaciones no gubernamentales que no conocen el campo de la negociación, la búsqueda de los mejores intereses y ganancias, la oportunidad y el reto, el riesgo y los tiempos.
Este asunto de los negocios es un tema que destaca en las actividades del gobierno y que se traducen en los contratos con las empresas petroleras, la explotación del Mutún, la nacionalización de la fundición de Vinto y el futuro de ENTEL entre los más importantes. Si analizamos cada uno de estos “negocios”, los resultados no son nada halagadores. Estos “negocios” se han manejado desobedeciendo toda la normativa recomendada para una negociación exitosa y en su lugar se tiene la improvisación, el desorden, la ausencia de niveles de responsabilidad, la confusión, la falta de preparación de los actores, el desconocimiento de los temas, en suma, todo los que no se debe hacer para que sea un buen negocio.
En resumen de papeles se ha transitado al papeleo y ahora convertidos en papelones, como la aprobación por segunda vez de los contratos petroleros que en octubre pasado ya fueron aprobados y santificados. Está en la memoria el momento cuando el Presidente proclamó casi héroes a los senadores que aprobaron esos contratos devolviendo al país su gloria y orgullo. Han pasado siete meses de mentiras y papeleos para ser ahora testigos de la infamia de no querer aprobar los contratos y así convertir todo este trámite en un papelón. Si ese es el patrón para hacer negocios, estamos mal. Nada ayuda la constante y cansada manía de echar la culpa a los anteriores gobiernos, se ha asumido la responsabilidad de administrar este país, entonces hay que hacerlo.
El gobierno en su incapacidad de hacer negocios podría haber recurrido a las instituciones de apoyo como la UMSA, cuna de la mayoría de los actuales ministros y el lugar donde volverán después de su fallida experiencia como ejecutivos del gobierno. Lástima que el gobierno no tenga confianza en las universidades, las que hubieran dado su apoyo, asesoramiento y conocimientos en asuntos tan delicados como la nacionalización de Vinto, el contrato para la explotación del Mutún y la compra de ENTEL.
Así van las cosas en un país donde no existe el futuro, entrampados en un pasado que no se atreve a ser presente.