Dicen en Inglaterra que los dioses siempre se están riendo de los hombres. Y que las carcajadas más ruidosas estallan cuando los hombres hacen planes.
Es algo permanente. Eso que llamamos truenos quizá sea el eco de las carcajadas de los dioses sobre los planes que los hombres hacen y que, casi irremediablemente, van a salir o mal o muy diferentes.
El presidente de YPFB, Guillermo Aruquipa, dijo en una entrevista de TV que desde que asumió el cargo, la empresa ha hecho tres convocatorias públicas para contratar ingenieros petroleros. Pero que nadie se presentó.
Parece que el nivel de los salarios que ofrece la empresa no es un atractivo para los profesionales que tienen esa especialidad cuando en el mundo hay una fiebre petrolera azuzada por los altos precios.
Por lo tanto, Aruquipa ha decidido pedir al Gobierno que YPFB sea excluida de la política de límites salariales, sobre todo si desea que la empresa funcione bien y que responda a las expectativas que se han hecho los bolivianos de esta otra refundación.
Las limitaciones salariales que el Gobierno ha decidido aplicar como política han hecho que Bolivia aparezca como el país donde el Presidente de la República gana menos. Como golpe de escena está bien. Y quizá esté bien como recompensa para el presidente Morales, quien admite que no estaba preparado ni siquiera para ser alcalde.
Pero cuando se trata de profesionales que han estudiado muchos años, como el caso de los requeridos por YPFB, no se puede pedir este tipo de sacrificios. Un político podrá renunciar a mejores salarios ya sea por honestidad, como parece que es el caso del presidente Morales, o porque tiene la esperanza de obtener ingresos extraordinarios que no se pueden medir ni calcular ni predecir. Al fin y al cabo son cálculos hechos por políticos. Pero un profesional que ha llegado a ese nivel de especialización quiere ganar lo que se merece. Sobre todo si está en un medio donde otras empresas tienen niveles salariales no fijados por apresuradas campañas políticas.
Y Aruquipa sigue todavía. Dice que no está de acuerdo con la ley por la cual se ha decidido que YPFB sea “charqueada” y repartida como Tupaj Katari por todo el territorio nacional de manera homogénea, aunque no eficiente.
Es decir que los planes de quienes diseñaron la política salarial provocaron la risa de los dioses, mucho antes de provocar las carcajadas del mercado de trabajo. Un ingeniero del sector tiene que ganar lo que fija el “boom” petrolero cuando el mundo está viviendo lo que parece ser el verdadero y real y auténtico fin de los hidrocarburos del planeta. Aquí cada quién gana según las necesidades de las empresas.
Carlos Villegas entra en escena. Dice el ministro que ahora, pasado el lío de la “nacionalización” y los contratos, las empresas petroleras pagarán exactamente 18 por ciento de regalías y 32 por ciento de IDH. Es decir 50 por ciento. Lo de 82 por ciento fue una ilusión, un espejismo creado por quienes manejan la política de impactos o golpes de escena.
La realidad es muy tozuda. Los planes eran excesivos, en unos casos, o hechos en complicidad con el escepticismo de los dioses. Y quizá también con algunas carcajadas.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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