Por 400 años, esta orden católica ha retratado el acontecer histórico y religioso de la región chaqueña. Manuscritos, impresiones misionales y fotografías forman parte del archivo conventual franciscano de Tarija. Una investigación monumental devela sus secretos.
Texto: Javier Badani Ruiz • Fotos: Centro Eclesial de Documentación
Por siglos, el archivo conventual franciscano de Tarija fue una fortaleza casi impenetrable. Custodiada día y noche por un guardián, fueron pocos los frailes o sacerdotes que lograron acceder a sus secretos. Tanto recelo tiene una sola explicación: en el interior del recinto se hallan retratados, de forma vívida, 400 años de historia.
Cosidos y forrados en cuero, cientos de miles de manuscritos, libros e imágenes relatan la vida franciscana en el sudoeste del país, desde la llegada de esta orden católica a Tarija en 1606. Pero además, los documentos —escritos por cronistas conventuales— narran hechos históricos y ensayan descripciones antropológicas sobre los indígenas de la región.
“Recopilar e investigar tanta información tomaría un siglo”, afirma el investigador y sacerdote franciscano Lorenzo Calzavarini, quien invirtió cuatro décadas de su vida en organizar y publicar el 10 por ciento del total del archivo. Esa obra se resume en siete tomos bajo el título Presencia franciscana y formación intercultural en el sudoeste de Bolivia, según el archivo franciscano de Tarija (1606-1936).
“Joan de Torres dixo da de limosna seis novillos y un indio pagado a su costa por un mes. Pedro de Ávila dará 10 botijas de vino e indios que hagan 2.000 adobes...”. Así, el 4 de mayo de 1606, describiendo el aporte voluntario del pueblo para crear la nueva ermita católica, se inició en Tarija el oficio franciscano de los “cronólogos”, los cronistas.
Esclavos de los indios
Los franciscanos arribaron a Bolivia el año 1540. Su primer convento lo construyeron en la actual ciudad de Sucre y de allí su labor, alimentada por el principio de pobreza, se extendió al resto del país.
Ser elegido cronista era un honor dentro de los claustros franciscanos. Este oficio, que aún es cultivado por esta orden católica alrededor del mundo, tiene el objetivo de retratar la vida cotidiana conventual y misional. Así, en el caso del archivo del Convento de San Francisco de Tarija, las crónicas describen el trabajo realizado en las 22 reducciones del Chaco.
“El genio de los indios, por lo general, es uniforme entre ellos. Es más respetado el que es de más cuantiosa mole y abultado abdomen. La barba la aborrecen, y la natural hermosura de las cejas las miran como fealdad. Y así, en su bárbaro gusto, todo lo defectuoso tiene aprecio de hermoso”, señala una de las primeras descripciones de los indígenas de la región.
Entre los manuscritos atesorados en el archivo franciscano de Tarija se halla uno de los primeros manuales misionales de la región chaqueña, donde se detallan los poemas y las canciones utilizadas por los religiosos católicos para pedir limosna a la población.
Las reducciones franciscanas del sudoeste —solicitadas voluntariamente por los indígenas y donde no se exigía a los habitantes ser cristianos— surgieron entre los chaneses, tapietes, guaraníes, tobas y noctenes. El trabajo de los religiosos con los pueblos originarios fue impulsado con la creación del Colegio de Propaganda Fide, en 1755.
Uno de los primeros en llegar hasta ellos fue fray Francisco del Pilar, (1764), quien adoptó las características indígenas de vida.
“Para tener que vivir se somete a trabajos de esclavo, tales como el llevar agua y leña. Los chiriguanos, al entender sus propósitos, lo amenazan de muerte, lo mandan con altanería y se mofan de él”, escribió entonces el cronista colonial.
La llegada de las guerras independentistas frenaron la labor de los franciscanos en el Chaco, tal y como lo retratan los archivos.
Todo el régimen reduccional fue destruido y los frailes dispersados; unos llevados prisioneros a Potosí, otros expulsados al Perú. Los más retornaron de forma obligatoria al Viejo Continente.
Una vez creada la República, sin embargo, el presidente Andrés de Santa Cruz mandó buscar hasta Europa a misioneros para que retomen su obra religiosa. Y así, la pluma de los cronistas reanudó su trabajo en Tarija con más ímpetu.
Una de las obras más completas del archivo sobre la historia misional es el presentado en 1898 en Roma por fray Doroteo Giannecchini. Cual experimentado periodista, el religioso se encargó de contratar a un fotógrafo argentino para ilustrar su texto, donde entre otros se describe la medicina herbaria de los guaraníes. Las imágenes son de un valor incomparable, ya que relatan la sacrificada historia de las reducciones chaqueñas.
Narrando “pecadillos”
El paso del cometa Halley en 1759, la masacre de guaraníes en la población de Kuruyuki en 1892, el “espantoso” terremoto ocurrido en Yacuiba en 1899 o la llegada de la electricidad a la ciudad de Tarija en el año 1911, forman parte de los hechos históricos plasmados por los cronistas conventuales.
Pero la atenta mirada de estos narradores también se centró en la vida cotidiana desarrollada por sus compañeros franciscanos.
Así, el archivo tarijeño cuenta con una completa biografía de los religiosos que habitaron el convento católico hasta el año 1926.
“Los demás morían sin saber qué era lo que el cronista había escrito sobre ellos. Cada tres años, sin embargo, pasaba por el convento un padre visitador —externo a la vida conventual— quien era el encargado de revisar los inventarios, entre ellos las biografías de los frailes y sacerdotes”, explica el padre Lorenzo Calzavarini, quien asegura que en varios de los manuscritos secretos se pueden leer “algunos de los pecadillos de los hermanos franciscanos”.
Calzavarini, quien llegó desde su natal Italia en los años 70 seducido por una crónica franciscana escrita en Tarija en el siglo XIX, asegura que en el archivo se esconden tesoros aún por descubrir.
“Una gran parte de la historia de este país no se conoce aún, se encuentra oculta en los archivos”, señala el director del Centro Eclesial de Documentación de Tarija.
Calzavarini dedicó 40 de sus 68 años a desempolvar parte de esa historia escrita durante cuatro siglos por los “cronólogos”. Claro, este sacerdote prefiere definirlos como historiadores. Y entre ellos, el religioso destaca a Manuel Mingo, quien en 1755 resumió con 10 palabras el primer contacto franciscano con los indígenas: “Tú, contento con ser cristiano y nosotros con ser chiriguanos”.
Diario del padre Giannecchini, quien acompaÓo a una expedicion militar al Chaco (1882).
Unos segundos después oigo una explosión de rifles, luego otra y otra. \'¡Que es eso?!\', dije asustado. \'Están matando a los tobas\', me contesto mi ordenanza. \'¡Dios mio!\', exclamó. María Santísima del Carmen, ¡¡favorecedme!! Mire al lado del cuartel y vi, ¡ah, Dios mio!, no tengo palabras para referirlo todo. Vi luchar, degollar, balear, levantarse, caerse, correr. ¡Una confusión del infierno! Oí un \'agárrenlo, agárrenlo\'; un \'mátenlo, mátenlo\'. (...) Sólo se hizo alto al fuego cuando quedó muerto el último de los 14 tobas. De los nuestros murieron siete; es decir, dos apuñalados por los tobas y los otros cinco muertos a bala por los nuestros.
Cronica de Fray Manuel Lauroma, escrito el año 1918.
El boletín Antoniano —que por su carácter y para evitar odiosidades poco o nada se ocupa de las elecciones públicas— desde el 5 de marzo anunciaba que las del próximo mes de mayo serían muy reñidas. Hablaba de varios casos de box y reclusión y recomendaba un poco más de calma a los electores todos. Las peleas, empero, continuaron especialmente en los domingos, días en que los jefes de los partidos convidan a sus adeptos. El 21 de abril, 35 a 40 heridos, 9 ó 10 gravemente. En los demás días, arrestos, atropellos hasta el 5 de mayo, día de la elección. En ese día, plaza alambrada, amenazas. El 6, tiros de la Policía, más de 40 heridos. En todo, El Guadalquivir, órgano de la Prefectura, se gloriaba de poder anunciar que Tarija nunca había presenciado una elección tan libre.