Para el telespectador son desconocidas. Sin embargo, presentadores, políticos y cantantes pasan por las manos de estas maquilladoras, guardianas de los secretos que hacen mágica la televisión.
Texto: Patricia Cruzado Villalobos • Fotos: Miguel Carrasco
No puedo ponerme maquillaje, ¡soy un hombre!”. Evo Morales se preparaba para su intervención en el noticiero de la red ATB el día después de ganar las elecciones. “Pero señor Presidente, cómo va a ir sin maquillaje, va a salir brilloso”, le increpaba Lucy Usnayo, maquilladora del canal paceño desde hace cinco años. “No me diga señor Presidente, llámeme Evo, compañera”.
“Me costó un poco maquillarlo, pero entre chiste y chiste, empecé la conversación y aproveché”, relata Lucy entre risas. “Compañera, yo he ido a más canales y no me maquillé”, interpeló el Presidente. “Agarré un polvo neutro, natural, como el que uso con los varones, y le comenté: ‘Pues aquí todos pasan por mis manos’”. Cuando la estilista iba a darle el toque final, Morales reaccionó: “¿Cómo me vas a poner eso en las pestañas?, me quieres pintar los ojos. Eso no”.
“Casi sin que lo notara, le corregí la nariz, se la hice más respingada, usando colores bajos para levantarla. Cuando salió alegre del estudio, entró corriendo: ‘Compañera, como me pintaste, me despintas’”. Con una toallita, la especialista le retiró el maquillaje: “Ahora sí confío en ti, de lo contrario no me hacía tocar”, se despidió Evo Morales.
Ésta es una de las muchas anécdotas que Lucy Usnallo Fabián y Roxana Caro Gallardo, las maquilladoras de ATB, viven a diario en su trabajo. Muchas caras de políticos, cantantes y famosos en general pasan por la silla “del cambio”, como algunos la llaman, y se ponen en sus manos. “En tan sólo unos minutos tenemos que mejorar su aspecto. Con el tiempo te vas conociendo los rasgos de cada persona y los retoques que necesita, así que lo haces automáticamente”, explica Roxana, tras seis años de labor en el canal y diez de formación continua.
Sombra aquí y sombra allá
En varias ocasiones, Lucy maquilló a la ex ministra de Gobierno Alicia Muñoz, quien le confesó que rara vez hacía uso del maquillaje, a pesar de su conocida preocupación por los peinados. Aprovechando la ocasión, le pidió consejo a Lucy sobre los tonos que le favorecían y ella, encantada, le dio una sesión de belleza.
Sin embargo, se dan otros casos más curiosos en los que sus servicios son requeridos. Pocos meses atrás, el asambleísta Raúl Prada acudió a los estudios del canal, donde Roxana se encargó de mejorar su imagen antes de sentarse bajo los focos que, mordaces, hacen palidecer el rostro y caer las indeseables serpientes de plata por la frente. Satisfecho con el resultado, poco tiempo después el político volvió al canal para ser maquillado, según relata Roxana, quien se quedó boquiabierta cuando al finalizar los retoques le comenta Prada: “Muchas gracias. Ahora me voy a otro canal ya bien maquillado”. Ella simplemente rió.
Desde hace 15 años, Lucy había trabajado como secretaria en un colegio, pero su afición por el maquillaje la llevó a realizar varios cursos a través de diversas casas de cosmética. Sin embargo, la polivalencia de la estilista le permitió compaginar ambos empleos hasta que finalmente pasó a trabajar a tiempo completo en la cadena, de manera que pasa las mañanas como secretaria del departamento técnico entre equipos de televisión y por las tardes embelleciendo a conductores e invitados bajo la luz tenaz de los reflectores que iluminan la sala de maquillaje.
Uno de sus habituales es Juan Carlos Monroy, conocido presentador de la casa. Cada día se sienta en el “trono del cambio”, que se ha convertido en “una rutina bastante relajante”, cuenta el protagonista.
“Incluso aprendemos sobre maquillaje, tema en el que siempre estuve al margen. La verdad, es como un paréntesis entre el trabajo previo y el momento en el que sales a escena. Es el chorro de agua fría antes de salir de la ducha”. Así lo describe Guillermo Estrugo, presentador de la segunda edición del noticiero de ATB.
Sobre su rostro Lucy extiende homogéneamente el famoso pancake (base de maquillaje espesa con alta capacidad de cobertura que al secar se endurece sobre el rostro), un toque de polvos para restar brillos y una pasadilla por cejas y pestañas de rimel transparente o corrector aportan la pincelada final antes de que miles de personas concentren su atención sobre su semblante, gestos y palabras.
Además de ayudar a que se sientan mejor por fuera, también tratan de aportar seguridad a los más inexpertos. “Aquí desarrollamos nuestra faceta de sicólogas. Algunos invitados o conductores noveles se ponen algo nerviosos, así que trato de relajarlos. Incluso temen transpirar, así que les decimos que vamos a estar a su lado todo el tiempo para corregirles el maquillaje y que no se les note. Ponemos nuestro granito de arena para que salga bien”, relata Lucy.
María Renée Duchén fue hasta el 2004 la presentadora de los noticiarios del mediodía, además de editora y directora de los informativos. Apenas tenía tiempo para la sesión de maquillaje, por lo que Roxana tenía que hacer malabares al tiempo que la periodista escribía las últimas líneas antes de salir al aire. “Un buen pulso es una de las cualidades de toda maquilladora, sobre todo en situaciones como ésta. Mientras cerraba un ojo para que le perfilara, mantenía el otro abierto para releer lo que había redactado”, relata la estilista.
Entre los momentos más emocionantes para estas artistas del pancake, destacan las galas y programas especiales en los que la “sala del cambio” rebosa de modelos, niños e invitados de toda índole, en la mayoría de los casos desentrenados en la destreza de la brocha fina. “En esos momentos podemos tener a diez personas a la vez. Es una locura de la que participamos gustosas”, explica Roxana.
Los retos de la pantalla
Durante la época de elecciones, el estudio del canal se convierte en una verdadera pasarela por la que desfila un goteo continuo de conductores, analistas y políticos. Las esteticistas no sólo tienen que estar al cuidado de su aspecto; además deben procurar que no coincidan los candidatos de distintos partidos en la sala de maquillaje para evitar que el debate empiece antes de llegar al estudio. Según Roxana, los miembros del Gobierno suelen venir con bastantes ojeras por la falta de sueño, así que el corrector se convierte en su herramienta estrella.
Una de las ocasiones en las que Lucy puso más esmero en embellecer un rostro fue en la visita del ex presidente Jaime Paz Zamora debido a unas cicatrices, consecuencia de un accidente de avión. “Le extendí tres capas de maquillaje y polvos, le perfeccioné las cejas, corregí con sombras pequeños defectitos, y cuando se vio en el espejo comentó sonriente ‘¡soy otro!’”.
Para ambas maquilladoras supone toda una satisfacción el hecho de que la gente se alegre tanto al verse transformada por ellas. Roxana dice sentirse “realizada con mi profesión, como una artista al pintar un cuadro”.
Como dicen ellas mismas, ya no hay excusa para quienes sueltan el famoso “yo ya no tengo solución”. Las varitas mágicas de estas profesionales de la belleza pueden hacer aún más.