Nadie duda de la importancia del maestro, como directo encargado de elevar la calidad educativa, entendida ésta como la formación de recursos humanos que responda a las necesidades y potencialidades del país. Sin embargo, después de la Revolución de 1952, se ha ido convirtiendo en el sector más reaccionario y retardatorio para adecuarse a los procesos de cambio, haciendo primar tan sólo los intereses gremiales sobre la educación en sí.
Además, es la única organización sindical que quedó intacta después de la Revolución de 1952, la que obedece a la típica estructura piramidal burocrática de dirigentes y base. Es decir, los dirigentes aún actúan como patriarcas y capataces que controlan y disciplinan a sus bases, e inclusive viven de los descuentos económicos del 1% obligatorio y tranquilamente en un año movilizan alrededor de 15 millones de bolivianos, y para tal fin usan al Estado como agente de retención. Dicho dinero sirve tan sólo para desarrollar estrategias de amedrentamiento a los maestros de base o, en algunos casos, son recursos que fomentan la corrupción de los dirigentes, así como también es usado para financiar sus movilizaciones.
La paralización de las actividades escolares, en forma parcial o indefinida como estrategia de lucha, siempre fue por el aumento salarial o en defensa del escalafón docente; éste es un reglamento elaborado en 1955 que incorpora a un maestro graduado a un trabajo seguro de por vida y que no contempla evaluaciones ni exámenes de competencia, ni exige que el maestro lea un texto, quizá durante toda su vida después de haber salido profesional, ya que sólo contempla el ascenso por simple antigüedad.
El maestro urbano es el único sector laboral en Bolivia que trabaja tres a cuatro horas en forma presencial y el resto de las horas es comerciante, chofer o trabaja en algún colegio particular; o sea tiene más opciones de incrementar su economía en relación al resto de los trabajadores. Y por esas horas tampoco es ínfima la remuneración salarial, oscila entre 1.200 hasta 4.000 bolivianos de quinta y emérita categoría, respectivamente. A eso habría que sumarle el pago del Bono pro libro, del Institucional, el incentivo a la permanencia, y al cumplimiento; sumado todo un maestro de cuarta categoría tiene un salario mensual de 2.800 bolivianos.
Por esta razón, los jóvenes particularmente de origen social campesino y popular urbano han optado, valiéndose de todos los medios como la huelga y los bloqueos, por ingresar a las normales, ya que es una forma de escapar de la pobreza y de protegerse a un mínimo o a un cero esfuerzo en la vida profesional, una vez conseguido su ítem.
En este sentido, en la actualidad la mayoría de los profesores urbanos son indígenas, aunque no lograron construir subjetivamente su autoidentificación, debido a que han sido sometidos a un proceso de alienación desde la enseñanza en los institutos normales y reforzados por sus dirigentes de tendencia trotskista y comunista, los cuales monopolizaron dicho espacio por más de medio siglo.
De ahí que la descolonización de la educación como propuesta educativa para construir un nuevo tipo de identidad boliviana sin ningún tipo de estigmatizaciones, no es comprendida por los maestros.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006 - 2007).
Quizá
Luego del último trágico accidente ocurrido en la localidad de Melga en el departamento de Cochabamba, y que cobró la vida de 35 personas inocentes, se escuchó en muchos ciudadanos la expresión de que viajar en Bolivia es un verdadero milagro.
Sofía
Ella fue una de nuestras primeras extranjeras, no sería apropiado decir una de nuestras primeras inmigrantes, pero sí que el hecho de que viniera con un acento extraño hizo que no se la recibiera con los brazos abiertos.