Perú, Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Venezuela son los países más afectados por la fiebre amarilla en Latinoamérica, según los reportes anuales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). De este grupo de países resultan aproximadamente entre 100 y 200 infectados anualmente. En 1995 se reportaron 515 nuevos casos y de éstos 213 decesos, lo que corresponde a una tasa de mortalidad del 41%. Esta enfermedad de elevada letalidad es una fiebre hemorrágica viral que produce cuadros de gravedad variable desde una infección que pudiera pasar desapercibida (asintomática) hasta su presentación con múltiples signos y síntomas como: fiebre, postración, daño hepático, renal y cardiaco, hemorragia nasal y de las encías, coloración amarilla de la piel, shock, etc.
Se estima que es originaria de África y fue traída al Nuevo Continente en los barcos españoles donde se transportaban esclavos y fauna infectados con el virus. En los siglos XVIII y XIX nefastas epidemias de fiebre amarilla urbana afectaron a ciudades como Nueva Orleans, Boston y Filadelfia. Recién en 1881 se descubrió que el mosquito era el agente transmisor de esta enfermedad y en 1928 fue aislado el virus. Hace 70 años aproximadamente el Dr. Max Theiler consiguió la vacuna 17D de virus vivo inactivo, que es la que se utiliza actualmente.
En nuestro país, en el año 1997 y 98 ocurrió una epidemia limitada en Santa Cruz, en Perú en 1995; en Brasil en 1998 y en Colombia y Venezuela el 2003. La fiebre amarilla es endémica en las áreas tropicales entre 300 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, a una temperatura mayor a los 18 grados Celsius; por lo que constituye un riesgo potencial epidemiológico para nuestro país, donde más de la mitad de nuestro territorio se encuentra en dichos límites.
Las regiones más vulnerables son los departamentos de Pando, Beni y Santa Cruz; el trópico de Cochabamba; el norte de La Paz (Yungas, Alto Beni y Palos Blancos) y el sur, Bermejo y Yacuiba. Sin embargo, contrariamente a lo sospechado, los reportes del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) demuestran una alta prevalencia de fiebre amarilla en el área altiplánica, resultado del traslado de las poblaciones hacia lugares tropicales en épocas de siembra y cosecha, desconociendo la necesidad de vacunarse.
Si analizamos que el costo de las casi 6,5 millones de dosis de vacunas es de aproximadamente 13 millones de dólares y que más de la mitad de las personas no vacunadas se muere si contrae la infección; la cruzada de vacunación que se inicia como un reto de salud pública, debe terminar siendo un gran logro nacional.
Por eso si está leyendo este artículo y no se vacunó, busque uno de los 400 puestos de vacunación gratuita y pida que le vacunen de inmediato, y dígale chau a la fiebre amarilla.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
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