La lucha contra la corrupción pretende dar un salto de dimensiones globales ante el anuncio del Banco Mundial de intentar erradicar este mal de la faz del planeta. Declaración con pompa que fuera anunciada en Indonesia en abril del 2006 por Paul Wolfowitz, presidente de este organismo mundial.
Mi primera reacción al tomar conocimiento de este propósito fue de asombro, tomando en cuenta que hace pocos meses el mismísimo Wolfowitz fue acusado de nepotismo en el ejercicio de sus funciones en dicha institución. Pasado mi desconcierto y haciendo conciencia de que el BM goza de un prestigio mayor que el de un individuo en particular, me propuse analizar el tema de una manera menos insidiosa.
Me pregunté si emprender esta lucha no convertiría al BM en una suerte de policía multinacional. O si regularía la accesibilidad de los recursos de que dispone como un instrumento de presión para lograr la cooperación de los diferentes países miembros. A pesar de que el Sr. Wolfowitz es conocido por tener una línea de acción dura, nuevamente asumí que la institucionalidad del BM no permitiría este tipo de situaciones por el hecho de que ambas posibilidades estarían reñidas con la ética.
Al navegar la Internet encontré un artículo escrito por un economista español, Luis Martí, que en su análisis de este tema concluye que implementar un programa de esta naturaleza “empujaría al BM a adentrarse en las estructuras y las relaciones de poder de los países” e informa de la existencia de un documento en poder del Comité de Desarrollo del Banco que indica que éste estaría “dispuesto a trabajar, además de con el Gobierno, con la sociedad civil, los medios y las comunidades locales y, no excluye colaborar primordialmente con estas instituciones en caso de desinterés de los gobiernos de los países”. Y me digo a mí mismo, actitud más política, imposible, a pesar de que el artículo IV de sus estatutos indica que: “El Banco no se implicará en los asuntos políticos de un país”.
Enfrentar la corrupción es algo que debe hacerse, eso es indiscutible. Y la oposición a ello por parte de algún país miembro del Banco sería impensable. Quizá esta lógica esté otorgando falsos ánimos al Comité de Desarrollo del BM para llevar adelante un programa que, mediante participación unilateral, estaría destinado al fracaso.
En el caso de Bolivia, el Gobierno nacional ha hecho bandera política de luchar contra la corrupción. Existiendo esta voluntad política, la opción lógica para el BM sería la de crear, conjuntamente con el Gobierno boliviano, capítulos nacionales compuestos por bolivianos y bolivianas de trayectoria intachable para responsabilizarse de viabilizar y vigilar este emprendimiento.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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