¿Y la petroquímica? Tenemos una puntería infalible para irritar a nuestros mayores compradores y posibles colaboradores. Estimado lector, una aclaración general previa. En la jerga petrolera, la industria está dividida en dos grandes campos de acción: el “upstream” (la exploración y perforación de pozos) y el “downstream”, el conjunto de actividades una vez que se ha logrado producción comercial, transporte (oleoductos y gasoductos) y su industrialización (refinación y petroquímica).
Desde el 2003 la industria petrolera nacional ingresó a un período de incertidumbre en el que sólo se realizaron los trabajos estrictamente necesarios. El resultado es que estamos con una industria funcionando al límite de su capacidad instalada. Se tiene perforados el número de pozos necesario para lograr una producción que pueda atender ajustadamente el contrato de venta de gas al Brasil, los primeros volúmenes del contrato para la Argentina y con dificultad para abastecer el mercado interno.
De todos modos, no nos ha ido mal en el “upstream” en los años previos. Tenemos grandes reservas de gas, aunque no las conocemos con exactitud por el injustificable silencio de YPFB, porque van dos años que no cumple la ley y no publica datos de reservas. En cuanto a perforación de pozos. Ahora que terminó el “culebrón” de los contratos, con una acostumbrada puesta en escena gubernamental: el presidente de YPFB supervisando la producción acompañado por una decena de funcionarios, ataviados todos con el uniforme de los años gloriosos de YPFB (camisa y pantalón de kaki y casco de aluminio), es razonable esperar que las empresas petroleras perforen más pozos. Al fin y al cabo, para eso se han quedado.
Ahora debemos ocuparnos del “downstream”, ahí las cosas están realmente preocupantes.
Los oleoductos y gasoductos están operando al límite de su capacidad. Las refinerías ya han alcanzado su tope de refinación. La importación creciente de diesel enmascara esto último, pero la falta de jet fuel y la falta crónica de GLP son las señas inconfundibles que estamos al final del camino de la refinación interna.
La figura del abastecimiento interno se complica más por el crecimiento de la economía, que demanda volúmenes crecientes de carburantes. Sumando la próxima apertura de un canal bioceánico carretero al Brasil por Bolivia, estaremos enfrentando la necesidad de volúmenes sin precedentes de refinados, diesel sobre todo.
Como todos saben, en el país la producción de petróleo es consecuencia de la producción de gas. El contrato de exportación con la Argentina ocasionará una producción adicional de ± 50.000 bdp. de petróleo cuando se alcance el volumen máximo de exportación de gas de 27.7 MMm3/d. el 2010. Pero en la vida real, si no contamos con el o los oleoductos para transportar ese líquido, no podremos racionalmente producir el gas.
Ha llegado el momento de planificar todo el conjunto del “downstream” para que funcione en forma coordinada. Es necesario planear y construir uno o más oleoductos para transportar la futura producción. Esa producción debería ir a una o más refinerías nuevas, o a las actuales pero ampliadas en capacidad y con procesos nuevos y/o adecuados.
Como se puede ver, la futura o futuras refinerías son el centro del planeamiento. Al tener control de la producción, YPFB tiene sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a cabo el planeamiento y su ejecución.
Estando las refinerías en manos de Petrobras, lo más prudente hubiera sido tratar de repetir lo de los contratos del “upstream” y terminar en una asociación a largo plazo con Petrobras, porque la inversión para nuevas refinerías va a ser muy grande, porque se debe planear para los próximos 20 años.
Pero las negociaciones con Petrobras parecen estar dirigidas a la venta de la totalidad de las refinerías a YPFB. El D.S. 29122, de 6 de mayo, las coloca a un paso de que sean maquiladoras de petróleo. Situación que será inaceptable para Petrobras ahora y en el futuro.
Por tanto, YPFB tendría que buscar otras fuentes de dinero por sí sola. Planear, financiar y construir tomará su buen tiempo. Por lo cual, da tristeza indicar que se nos presentarán períodos muy desagradables de escasez de refinados en los próximos años.
Siguiendo con el “downstream”. ¿Y la petroquímica? Tenemos una puntería infalible para irritar a nuestros mayores compradores y posibles colaboradores. El Gobierno brasileño debe estar más que molesto porque como contrapartida a la protocolización de los contratos, igualaba el precio del gas a Cuiabá con el del contrato con Petrobras. A su vez, Petrobras debe estar al borde de la histeria porque también empezará a pagar por los licuables en el gas de exportación (la materia prima petroquímica) por separado, a YPFB. Conocedor de esta situación, Braskem, la compañía de polietileno más grande de Sudamérica, anunciaba que la próxima semana estaría en Bolivia para discutir con YPFB nuevamente el polo petroquímico en Puerto Suárez. Con el malestar que se ha creado con el Decreto 29122, es muy probable que el viaje de Braskem no se realice o quede diferido.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos.
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