Después de 20 años de la toma de Antofagasta por parte de Chile, nuestro país sufría una nueva amenaza a la integridad de su territorio, esta vez era en el norte, en el territorio del Acre. Dos movimientos secesionistas amenazaron con crear un nuevo Estado a costa del territorio de Bolivia. Éstos fueron controlados por el gobierno del Gral. José Manuel Pando, el primero por tres expediciones y el segundo por el propio presidente, que se movilizó a la zona del conflicto y venció al líder del movimiento. Con la victoria de la columna Porvenir en Bahía (hoy Cobija) se conjuró las amenazas secesionistas. Esta columna estaba organizada y financiada por don Nicolás Suárez, empresario gomero que tenía sus barracas a lo largo de lo que es actualmente el departamento de Pando, donde trabajaban bolivianos, principalmente de La Paz, Beni, Cochabamba y Santa Cruz.
La intervención del gobierno del Brasil en el conflicto hizo que el gobierno de Pando firmara el Tratado de Petrópolis, que fijó la línea fronteriza que tenemos actualmente en el norte. Bolivia perdió el territorio del Acre que se encuentra al norte del río Abuná. Pero pudo conservar el territorio al sur de este río, o sea todo el territorio donde operaba la compañía gomera de don Nicolás Suárez. Indudablemente, el factor decisivo para la conservación de esos territorios fue la presencia de esta compañía, con sus barracas, establecimientos y sobre todo con la presencia de bolivianos. Además, se contaba con el patriotismo de don Nicolás Suárez, que como dijimos anteriormente, él mismo defendió el territorio con su columna Porvenir.
En el caso del Litoral, en su territorio operaban compañías salitreras que estaban ligadas más a Chile que a Bolivia y que tenían empleados chilenos. Faltó que el país hiciera emprendimientos y sentara su soberanía sobre estos territorios. Esto fue porque los gobiernos que tuvo Bolivia desde su fundación descuidaron el departamento del Litoral, con excepción del gobierno del mariscal Andrés de Santa Cruz. O fue también porque no había empresarios bolivianos que tuvieran la audacia de marchar a la costa y hacer empren- dimientos. Sólo conocemos el intento de don Aniceto Arce, que se refiere a la construcción de un ferrocarril, que resultó demasiado tarde.
En ese entonces, ya se comprendió la necesidad de que haya intereses económicos bolivianos en el territorio del Acre, donde no había llegado la compañía de Nicolás Suárez. Ese territorio se trató de arrendarlo a una sociedad anglo norteamericana para que lo explotara a nombre de Bolivia.
La acción responsable y patriótica del gobierno y del propio presidente Pando, para defender la soberanía nacional, se vio facilitada enormemente por la existencia de una empresa boliviana y en la fijación de límites me parece que fue el factor decisivo. La patria se construye con hechos, por eso le llamo a este cruceño notable “constructor de Bolivia”.
*Óscar Espinosa G. es ingeniero y docente de la UMSA.
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