En los años 90 fue uno de los personajes emblemáticos de la pantalla chica. Tras un año de ausencia, prepara su regreso.
Texto: Javier Badani Ruiz Fotos: Pedro Laguna
Chistorete es el nombre de un país muy singular. Sus dominios no figuran en ningún mapa del mundo y los únicos seres que lo habitan son los payasos. Es, además, el refugio de su creador: Cosquillas, uno de los personajes emblemáticos de la farándula televisiva boliviana y cuya imagen despuntó en los años 90.
En la actualidad son escasas las oportunidades en que este payaso —que dejó la pantalla el 2006, luego de 21 años de trabajo— abandona su imaginario territorio. Lo hace sólo los fines de semana con el objetivo de entretener los cumpleaños del público que lo llevó a la fama en los años 80: los niños.
De lunes a viernes, mientras tanto, el alter ego del payaso, Enrique Velasco, se desenvuelve como camarógrafo en Televisión Boliviana Nacional, canal 7. “Ojo, Cosquillas no se ha muerto, como dicen las malas lenguas”, advierte este paceño de 36 años, quien tiene proyectado este 2007 retornar a la televisión con un programa dedicado a los menores de edad. “Los niños han pagado la existencia de Cosquillas, con sus sonrisas y su cariño. Eso me hace el hombre más rico del mundo”.
Payaso por accidente
Enrique Velasco tenía 12 años cuando una mentira cambió para siempre su destino. Entonces, el adolescente formaba parte del grupo scout de la zona de La Portada que buscaba recaudar fondos para realizar un viaje a Copacabana.
“Hechos a los pintones, mandábamos a los más changos a la calle a vender buñuelos o flores para la misa, mientras nosotros nos dedicábamos a vaguear. Pero un domingo nos encontramos por accidente con el cura de la parroquia. \'¿Qué están haciendo para recaudar fondos?\', nos increpó, y uno de mis amigos le mintió diciendo que vendíamos dulces vestidos de payasos. El padre dijo que nos vendría a ver esa misma tarde. Desesperados, tuvimos que inventar de la nada trajes de payasos para no quedar mal con él”, recuerda.
El éxito de la venta de dulces de aquella tarde provocó que los improvisados payasos decidieran presentarse cada domingo en las plazas de su zona. Sus espectáculos tenían como base los chistes de la revista chilena Condorito y eran acompañados por títeres.
Sin embargo, en los planes de Velasco nuca estuvo presente la idea de dedicarse de lleno a esa vida. “Mi sueño era seguir la carrera militar. Ya desde niño mi papá me había enseñado a vestir la ropa de campaña y yo quería ser un gran militar. Pero un día tuve que abandonar ese mi sueño. Fue el día que mi padre enfermó y yo tuve que mantener el hogar. Lo único que sabía hacer era ser payaso”.
Entonces, Velasco, de 13 años, adoptó como nombre artístico Cosquillas y junto a su compañero, Corbatitas, realizaron visitas a las escuelas de la zona Norte de La Paz ofreciendo espectáculos.
Velasco terminaba la jornada con la piel de la cara irritada y los ojos enrojecidos debido al uso de pasta dentífrica y pintura al agua para blanquear su rostro.
“Un día, un amigo nos invitó a probarnos en el canal 4, que se estaba inaugurando. Buscaban gente para un programa infantil. Allí nació el Show de Corbatitas, que duró cuatro años y que luego se renovó como Sólo para gente menuda, donde dejamos los títeres y nos dedicamos al trabajo de clown”.
Desde entonces, Enrique Velasco mantiene su identidad física como un secreto. “Para mí es una ley. Los niños tienen una fantasía, piensan que Cosquillas llega de un lugar lleno de payasos: el planeta Chistorete. Si me ven en el proceso de transformación o retratado de civil en un periódico, su fantasía acabará y con ella mi vida”, asegura.
¿Por qué andas con un payaso?
Más de 100 prendas exageradamente anchas y zapatos multicolores que superan la talla 50 llenan los closets de Velasco. Es el legado de la participación de Cosquillas en los programas televisivos Sábados Populares y Sábados de la Alegría. “Siempre me preocupé por reinventar a Cosquillas; tenerlo bien aseado, bien peinado, bien perfumado. Esta es mi profesión y siempre busco seducir a mi gente”.
Ese trabajo se inició en Villa Victoria, zona donde comenzó Sábados Populares. La misión de Cosquillas era simple: hacer aplaudir a los espectadores. De a poco, sin embargo, el payaso se introdujo en los concursos y luego en las presentaciones de los artistas. Muchas veces, su espectáculo arrebataba a los músicos la atención del público.
“Durante esa época me rompí el lomo. Me propuse no ser solamente un payaso más, tenía que ser el mejor”, comenta. Pero esa meta lo llevó en más de una oportunidad hasta el hospital. En Potosí, por ejemplo, terminó desnucado luego de ser expulsado por los competidores de un concurso fuera del escenario. “Pero no me arrepiento de nada, lo hice todo de corazón. Me metía de pleno en mi personaje esperando entretener a la gente”.
A pesar de ese esfuerzo, Velasco sintió muchas veces el rechazo de la gente adulta. “Una vez me enteré que el padre de una enamorada que tuve le reprochó a ella: \'¿Por qué andas con un payaso?\'. Ese día llegué a casa dolido. Me puse a repasar mis fotos, pensé en dejarlo al Cosquillas. Pero luego vi en las imágenes a los niños que me rodeaban, estaban felices. Eso me puso fuerte. Esto es lo que Diosito me mandó a hacer en este mundo”.
Cosquillas también llora
En menos de una década, Cosquillas se consolidó como uno de los personajes principales de Sábados Populares. Fue durante este período que Velasco conoció los secretos de las cámaras de televisión. Así, de lunes a viernes trabajaba en el set de RTP canal 4, como camarógrafo, y los fines de semana se transformaba en el payaso Cosquillas. Luego llegaría su oportunidad de ser co-conductor del programa Sábados de la Alegría.
“Muchos no lo saben, pero muchas veces Cosquillas ha actuado con el corazón roto. Por ejemplo, mi padre falleció un viernes, pero al día siguiente tuve que salir al escenario a bailar para el público. Claro que luego me iba a llorar detrás de las cortinas”, espeta.
El momento más triste, sin embargo, llegó el 2006 cuando Cosquillas abandonó la televisión debido a temas económicos. Hoy, el payaso anima fiestas infantiles en un local miraflorino. Su mayor inspiración es Abril Almendra, su hija de siete años. “Ella me acompaña a los té piñata y le encanta el circo. Dice que quiere ser trapecista, a ver. No sé si la dejaré”, confiesa, con la mirada perdida.
“¡Cosquillas!”, se oye desde la oficina de producción de canal 7. Es hora de despedir los recuerdos y enfocar la cámara. “Pronto estaré del otro lado”, susurra Velasco. “Hay gente que dice que Cosquillas ha muerto. Que piensen lo que quieran... ya viene la resurrección”.