Mientras el ser humano todavía no conformaba sus primeras sociedades ordenadas, las hormigas llevaban millones de años organizadas en colonias con una estructura social avanzada y con fuertes ejércitos.
Texto: Jorge Soruco R. Fotos: Miguel Carrasco
Bajo el inclemente sol de la selva, ellas marchan. 18 millones de patas se mueven sin descanso, deteniéndose sólo para dormir en la noche. Todas avanzan. Desde la reina, hasta la más humilde obrera, la entera colonia se mueve al unísono. No hay obstáculo que no puedan salvar y, si algún animal comete la imprudencia de entrometerse en su camino, lo pagará caro, porque las hormigas marabuntas son una fuerza irresistible e imparable. Se trata tan sólo de una de miles de especies de hormigas que recorren el suelo boliviano.
A diferencia de otras, las marabuntas no tienen un hormiguero como tal. La colonia está en permanente movimiento, cual corriente imparable de un río. Los individuos de la especie Eciton bruchelli desfilan por los bosques y las llanuras de Pando y Beni.
Cuando necesitan dormir, las obreras construyen, con sus mismos cuerpos, un refugio en el cual los soldados y la reina descansen protegidos de los elementos.
Mientras examina los ejemplares de Eciton bruchelli, el experto Miguel Limachi, de la Colección Boliviana de Fauna, explica que esta especie es una de las más primitivas de su clase. Uno de los criterios que determina la afirmación es que su estructura social sólo comprende tres castas: reina, obreras y soldados. “Aparte de ellos, las obreras no muestran la especialización que otras especies de hormigas presentan”.
Las poderosas mandíbulas, similares a los colmillos de elefantes, están en sus cabezas y revelan que su comida es la carne. Cualquier tipo les satisface, siempre y cuando esté en su camino. “Con toda la colonia actuando junta, la historia del tigre que termina siendo devorado por estas hormigas puede volverse verídica”, cuenta Limachi.
Los animales silvestres saben muy bien que interponerse en el camino de las legiones no es una buena idea. No sólo está su apabullante número —un promedio de tres millones de individuos por colonia—, también son sumamente agresivas. Sólo los mamíferos insectívoros de gran tamaño, como el oso hormiguero gigante, son capaces de enfrentar a una colonia de marabuntas en marcha.
Pero, incluso en situaciones de grave peligro, las marabuntas se enfrentan a la muerte al igual que los antiguos samurai: sin miedo, pero asegurándose que su reina sobreviva a cualquier costo, ya que la soberana de una colonia es su corazón y su razón de existir.
Modo de vida
La historia de un hormiguero comienza cuando, en una colonia, la reina deposita una tanda especial de huevos. De ellos nacerán nueve princesas y un número equivalente de machos. Al igual que las obreras la casta gobernante pasa por una metamorfosis. De huevo a larva y de larva a pupa, para luego alcanzar la madurez.
Las herederas y sus consortes destacan del resto de las hormigas por ser las únicas con capacidad de volar: un par de alas se yergue en sus espaldas. Sin embargo, cuando se elevan no muestran la gracia de sus parientes más cercanos, las avispas. “Es un vuelo torpe y lento. A diferencia de otros insectos voladores, las hormigas no pueden esquivar muy bien los obstáculos en su camino. Algunas se meten en las cavidades orales, oculares, nasales y auditivas de los humanos”, describe Limachi.
Además, separándose aún más de las avispas, sólo vuelan en determinadas temporadas: las épocas de reproducción. Esta es la única vez que la casta gobernante se eleva, ya que, una vez que las princesas son fecundadas, pierden sus alas, mientras que los machos mueren poco después.
Después de la cópula, las princesas son llamadas reinas. Estas soberanas se separan de su colonia de nacimiento para formar su propio reino, en el cual su única función será el poner huevos para renovar constantemente los miembros muertos de la colonia.
“La población de los hormigueros se renueva cada tres meses en promedio. Las obreras que fallecen por cualquier causa son reemplazadas rápidamente por nuevas hormigas”, explica Limachi.
Las reinas son atendidas constantemente por las obreras, las cuales realizan todos los trabajos básicos de la colonia. Desde la obtención de alimento, hasta la cría de los huevos y larvas, la casta más baja de la sociedad hormiga trabaja incansablemente día y noche.
En las especies más avanzadas, las trabajadoras presentan especialización de acuerdo al tipo de trabajo al que se dedica. Alguna nunca llegan a ver la luz del sol, manteniéndose siempre bajo tierra protegiendo a los jóvenes.
Pero incluso las especies más primitivas, como las marabuntas, cuentan con un grupo criado específicamente para el combate contra sus depredadores y, también, contra otros hormigueros.
Espartanos en miniatura
Al igual que los seres humanos, las hormigas combaten incluso contra miembros de su propia especie. La causa más común: el otro no forma parte de mi colonia.
Los combates son despiadados, sin cuartel y completamente caóticos. Cual sociedad militar, todos los ciudadanos de un hormiguero son víctimas de un celo patriótico que les impulsa a arrojarse sin ton ni son hacia las escuadras de los insectos atacantes, aunque esto represente una muerte segura.
Todos pelean contra el enemigo, sea éste un hormiguero vecino, una especie distinta de hormiga, insectos extraños o depredadores. Todas las hormigas tienen las armas necesarias para el combate a corta y larga distancia. Las más obvias son las mandíbulas. No importa si son carnívoras o herbívoras, si colectan semillas o cortan hojas, sus mandíbulas son poderosas tenazas que pueden causar heridas incluso a los seres humanos.
Pero no se trata de las únicas defensas con las que cuentan. Mostrando, una vez más, su parentesco con las avispas, las hormigas poseen un aguijón acerado en la parte posterior de su abdomen.
La eficacia de este arpón miniatura varía según la especie y la casta del animal. Algunas incluso cuentan con potentes venenos, pero “hasta ahora no se ha descubierto ningún espécimen que represente peligro para el ser humano”, tranquiliza Limachi.
Finalmente, algunas variedades pueden expulsar de sus cuerpos potentes compuestos químicos que disuaden a los agresores. El más común es el ácido fórmico.
La casta de los soldados son la avanzadilla de cualquier ejército de hormigas. Éstos se caracterizan por tener mandíbulas más poderosas y un cuerpo más robusto, diseñado para la resistencia y la fuerza. Y, como sucedía con los espartanos, los samurai o las legiones romanas, estos guerreros marchan siempre a la cabeza, arrasando con lo que encuentran a su paso y represente alguna amenaza para la colonia y su reina.