El petróleo es un recurso natural no renovable cuya existencia y utilización viene desde épocas milenarias. Sin embargo, el petróleo como fuente vital de energía y factor estratégico del desarrollo de la humanidad tiene menos de dos siglos. En 1850 un boticario de Pittsburg, Pennsylvania (EEUU), Samuel Kier, lo comercializó por vez primera bajo el nombre de “aceite de roca” o “petróleo”, y ahí empezó el desarrollo de la industria petrolera y el aprovechamiento de un energético que ha contribuido a la modernización del mundo que hoy conocemos. Su nombre proviene de los términos latinos petra y oleum, que significan piedra y aceite. Cuando el petróleo o “crudo” sale de los yacimientos, se lo transporta en su estado natural a las refinerías para su procesamiento, el que consiste en términos simples, en cocinar el crudo.
Una refinería es un complejo donde el crudo se somete a un proceso de destilación o separación física y a procesos químicos que permiten extraerle varios de sus componentes. Los productos que se obtienen del proceso de refinación se llaman derivados.
Las refinerías varían según las tecnologías y esquemas de proceso que utilicen, así como por su capacidad, las hay para procesar petróleos suaves, petróleos pesados o mezclas de ambos, y los productos que se obtienen de una a otra son variados. La refinación se realiza en varias etapas y por eso las refinerías tienen varias torres, unidades, equipos y tuberías. El gas natural rico en gases petroquímicos también se puede procesar en refinerías para obtener diversos productos de uso en la industria petroquímica.
En Bolivia, dentro del proceso de nacionalización de los hidrocarburos, el Gobierno ha dictado 6 de mayo del 2007 el D.S. 29122 estableciendo normas sobre la comercialización de crudo reconstituido y gasolinas blancas, designando a YPFB como único exportador de dichos productos, y luego ha comprado a Petrobras en 112 millones de dólares las refinerías Gualberto Villarroel de Cochabamba y Guillermo Elder Bell de Santa Cruz, las mismas que fueron privatizadas durante el gobierno del extinto ex presidente Hugo Banzer. Si bien esa operación se efectuó en el marco del proceso de nacionalización, en realidad no se confiscó ninguna inversión a Petrobras. Lo que se hizo fue una operación de compra-venta de dos refinerías que, por ser estratégicas para el desarrollo del país, no debieron ser privatizadas en el pasado.
Es cierto que en Bolivia necesitamos atraer inversiones privadas para muchas áreas en las que la inversión privada nacional no es grande y obviamente requerimos inversión extranjera para generar riqueza, lo que primero pasa por ofrecer y dar seguridad jurídica a los inversores, pero en algunas medidas relacionadas con recursos que son estratégicos para el desarrollo del país, como la de comprar las refinerías a Petrobras para el Estado, debemos reconocer que el Gobierno ha hecho lo correcto en beneficio del país.
*Carlos Alberto Mostajo es abogado.
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