El canal del Estado chileno ha presentado hasta ahora dos capítulos de los tres que conforman la película Epopeya sobre la Guerra del Pacífico. Como esos capítulos son precisamente los relativos a nuestro país, ya se puede efectuar un análisis de esta proyección que ha levantado gran interés no sólo en Chile sino también en Perú y Bolivia.
Cabe señalar primeramente, las partes positivas de esta película que ha sido filmada con el afán de buscar una mayor comprensión en los tres países involucrados en ese gran conflicto, y de superar las clásicas posiciones agresivas y chauvinistas del pasado.
Sobre el particular, es importante destacar el realce que se hace de los héroes más notables de los tres países: Abaroa, Prat y Grau. Eso beneficia más a Bolivia, ya que Abaroa era el menos conocido en los otros dos países. También se debe mencionar que las entrevistas, dadas a personas humildes, curiosamente han demostrado que las bolivianas evidenciaron tener mayor conocimiento de la Guerra del Pacífico, que las de Chile y Perú. Y algo más interesante todavía, esas entrevistas han confirmado que el pueblo boliviano en general ya no tiene odio a Chile, y que desea que el problema marítimo sea solucionado en un clima de paz y fraternidad.
Pero, lamentablemente, la película adolece de graves errores que dañan el espíritu de objetividad y de reconciliación que pareciera tener como fin primordial de su realización, sobre todo en el principal tema del primer capítulo, el relativo a las causas de la guerra. Aquí, ladinamente sus autores hacen inferir que sería Bolivia la causante de la misma.
Para Bolivia, la cuestión de los motivos que provocaron la ocupación de Antofagasta es de fundamental importancia. No podemos los bolivianos callarnos ante una afirmación de que por culpa de la ley de los diez centavos, Chile se sintió obligado a invadir territorio boliviano. La verdadera causa de la Guerra del Pacífico no fue dicha ley, sino el plan chileno, preparado con antelación, de apoderarse por lo menos de la zona sur del litoral boliviano, donde estaban ubicados los puertos de Antofagasta y Mejillones y la zona interior de Caracoles. Y el argumento en que se basaba era el asentamiento de una gran población chilena en ese territorio, población que tarde o temprano se alzaría contra las autoridades locales y pediría su anexión a Chile.
El más famoso historiador chileno, Francisco Antonio Encina, dice al respecto: “La población chilena, por impulso espontáneo de la sangre, tenía que rebelarse contra la soberanía artificial de Bolivia y tender hacia Chile, cualesquiera que fueran la prudencia y honradez de los funcionarios bolivianos”. Pues bien, los gobiernos chilenos anteriores a la guerra, conscientes de ello, organizaron un fuerte ejército y una poderosa escuadra para llevar a cabo esa anexión. Es divertido constatar en la película que se dan cifras absurdas (2.000 soldados) sobre la constitución del ejército chileno cuando comenzó la guerra. Teniendo presente que el historiador chileno Ignacio Santa María hace referencia a 14.000 hombres en pie de guerra, armados con los fusiles más modernos de la época, y apoyados por 16 cañones Krupp de acero. Ese potente ejército esperaba día a día el levantamiento de la población chilena contra las autoridades bolivianas, levantamiento fomentado naturalmente por el gobierno de ese país.
Pero en vez de que ello sucediera, provino la cuestión de la ley de los diez centavos que facilitó grandemente el plan chileno, el cual no sólo incluía la toma de Antofagasta sino también la rica provincia peruana de Tarapacá, donde también habitaba una considerable población de esa nacionalidad. El gobierno de La Moneda bien sabía que existía un tratado de alianza secreto entre Bolivia y Perú, tratado motivado por el temor a esa expansión chilena y, por tanto, obró en consecuencia. Preparó la guerra no contra Bolivia, país que no tenía recursos ni posibilidades de defender su litoral, sino contra Perú, para arrebatarle Tarapacá, con lo cual obtendría el control total del salitre del mundo.
Evidentemente, es muy difícil buscar la debida imparcialidad y comprensión en hechos que han provocado un distanciamiento que dura más de un siglo. Sólo cuando nuestro país solucione su problema marítimo se podrá estudiar la Guerra del Pacífico como un acontecimiento del pasado, porque la lacerante herida provocada por ella, dejará de lastimar por fin a peruanos y bolivianos.
*Ramiro Prudencio Lizón
es diplomático e historiador.
No es justicia comunitaria
Lo impresionante de la denominada “justicia comunitaria” no es la cantidad de crímenes que se cometen sino el descaro vehemente con el que, cínicamente, sus defensores niegan que esos hechos le sean atribuibles.
El Papa y los autócratas
“Excusatio non petita, declaratio manifesta”, dice un aforismo jurídico muy conocido. La cita es como pedrada en el ojo del venezolano Hugo Chávez.
Refinerías
El petróleo es un recurso natural no renovable cuya existencia y utilización viene desde épocas milenarias. Sin embargo, el petróleo como fuente vital de energía y factor estratégico del desarrollo de la humanidad tiene menos de dos siglos.
El mercado juega a favoritos
En 1960 el ingreso real per cápita en Haití y República Dominicana era similar: alrededor de 800 dólares americanos; el 2005 el ingreso de Haití se redujo casi a la mitad y era del orden de los 430 dólares