Con la firma de los contratos se cerró uno de los capítulos más largos y culebrescos de la novela de la nacionalización. Con las nuevas reglas de juego, por lo menos en teoría, se debería reconstruir un clima de confianza entre el Estado boliviano y las empresas transnacionales. A partir de ahora ya no tendría que existir margen ni para que el Gobierno acuse de conspiración o sabotaje a las compañías, menos aún para que éstas aduzcan que no hay seguridad jurídica para invertir. Al estampar sus firmas ambas partes se reconocieron como socios, cuya meta ahora debería ser convertir a Bolivia en una potencia gasífera.
El libro de Mauricio Medinacelli, La Nacionalización del Nuevo Milenio. Cuando el precio fue un aliado, retrata con precisión técnica y analítica la saga del sector petrolero desde 1990. Son los capítulos precedentes de la novela boliviana que más audiencia tuvo en los últimos tiempos.
En los últimos cinco años, el análisis y el debate en el sector hidrocarburos estuvo fuertemente contaminado por lecturas ideologizadas, mentiras, consignas y verdades a medias y tormentas de datos e informaciones de dudosa procedencia. Especialistas instantáneos y patriotas de último momento surgieron como hongos después de una lluvia de verano. La danza de las cifras fue endemoniada. Se torturaron a los números y las estadísticas hasta que confiesen de qué lado estaban, se apeló a los instintos nacionalistas. Dependiendo del humor del analista, periodista, activista, empresa, o político, Bolivia perdía o ganaba miles de millones de dólares. No obstante que se habló hasta el cansancio sobre el tema y se gastaron ríos de tinta en artículos, proclamas y documentos, la mayoría de las bolivianas (os), que no se compraron el discurso fácil, aún tienen muchas preguntas sobre el destino de gas natural y su real contribución al crecimiento económico y a la solución de nuestros graves problemas sociales.
Muchas interrogantes aún flotan en el ambiente: ¿Cuáles son los niveles de reservas reales de gas natural? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de los diferentes impuestos y regalías? ¿Cómo se calcula cada una de estas variables? ¿Cuánto de ingresos recibirán las regiones y los diferentes grupos beneficiados por los cambios? ¿Con la Ley de Hidrocarburos 1689, el Estado boliviano sólo recibía el 18 por ciento del negocio? Y ¿ahora, con la nueva ley y la llamada nacionalización, realmente se invirtió la tortilla y el Estado recibe el 82 por ciento? ¿Qué tipo de inversión atraerá las nuevas reglas de juego del sector petrolero?
El libro de Medinacelli es el intento más serio de responder con fundamentos teóricos y respaldo empírico a éstas y otras preguntas del complejo mundo de los hidrocarburos.
La Nacionalización del Nuevo Milenio comienza con un capítulo sobre los marcos teóricos de los diferentes sistemas contractuales y regímenes de regalías e impuestos que existen en el mundo. De manera didáctica se explica la diferencia entre un contrato de servicios y uno de producción compartida, además se muestra lo que es una regalía, y un impuesto a la producción, a las ventas o a las utilidades. A través de un análisis técnico se presentan diferentes formas de participación del Estado en el sector petrolero. Al final del capítulo se desarrollan ejemplos de fácil comprensión aplicando los modelos teóricos.
Los dos siguientes capítulos del libro de Medinacelli analizan la política energética en el periodo 1990 y 2005. En particular se concentra en la Ley Nº 1194 aprobada en el gobierno de Jaime Paz Zamora y la Ley Nº 1689 de 30 abril de 1996, promulgada en la administración de Gonzalo Sánchez de Lozada. El tercer capítulo evalúa la Ley Nº 3058 aprobada por el Congreso Nacional en el 2005. Adicionalmente analiza el decreto de nacionalización y los nuevos contratos. Ambas partes del libro se caracterizan por una rigurosidad técnica y un manejo cabal de los datos estadísticos.
En el cuarto capítulo realiza observaciones finales del trabajo, tal vez éste es el menos logrado del libro de Medinacelli porque no aprovecha la riqueza del análisis anterior para sacar lecciones de política pública más amplias, tampoco se hace una evaluación de economía política del proceso que podría ser muy interesante. Se concentra en decir que las reformas al sector petrolero, tanto expresadas en la nueva ley como en los recientes contratos firmados, se beneficiaron de los precios espectaculares del petróleo y el gas a nivel internacional. Es decir, que si se derrumban los precios la nacionalización podría ser insostenible.
No obstante la restricción señalada, si este libro hubiera salido a la luz hace unos cinco años hubiera ayudado a que mucha gente no hable tonterías sobre el sector petrolero, pero nunca es tarde para aprender, la novela “Torbellino de pasiones nacionalizadoras” aún tiene varios capítulos, sin duda los más importantes, porque veremos si todos los cambios implementados tienen resultados concretos en materia de crecimiento económico, empleo y menos pobreza. Porque ese es el único final feliz que esperamos los bolivianos de la novela gasífera, el resto es discurso.
*Gonzalo Chávez es economista.
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