Denys Sanjinés Rodríguez participó de una expedición internacional que logró conquistar la cima del volcán inactivo más alto del mundo.
Texto: Redacción • Fotos: Denys Sanjinés
El viento sopla con fuerza cortante. Los rostros de los montañistas están entumecidos por el frío y las fuertes ventiscas. Sobre sus cabezas el sol cae inmisericorde, atacando lacerante los rostros y encegueciendo a los andinistas en vez de calentarles las heladas manos que se aferran al “picolé”, una pequeña picota, y a los bastones de esquí. Pero, pese a todo, la boliviana Denys Sanjinés Rodríguez sigue trepando hacia la cima del Pissis, el volcán inactivo más alto del mundo.
La montaña está en la provincia de Catamarca de Argentina. Con sus 6.882 metros de altura, esta montaña es parte del grupo de los “Seis mil”, los cerros más altos de la Argentina. La montaña es un gran reto para la constitución física de quienes, como Denys, practican deportes de montaña.
La dificultad se concentra en la resistencia de los escaladores, más que en su pericia para trepar. “No se necesitan ni cuerdas ni arneses. No hay paredes verticales ni grandes precipicios que salvar. Pero la altura y las duras condiciones climáticas pueden ser grandes obstáculos para muchos de los escaladores”, evalúa Denys.
Denys fue parte de un grupo de 50 montañistas de distintas partes del mundo que participó de la expedición organizada por el Gobierno argentino para promocionar otras montañas gauchas como objetivos atractivos para los andinistas. Todo el viaje duró 10 días. Los primeros cinco fueron dedicados a la aclimatación de los participantes a la altura y al clima. “Claro que, como boliviana, yo tenía ventaja”, asegura Denys con una sonrisa.
Durante este período los andinistas realizaron ascensiones a montañas pequeñas, aumentando la altura paulatinamente, y paseando por la zona como turistas.
Una vez concluido el proceso de preparación, los participantes se trasladaron a las faldas del Pissis donde los montañistas se sometieron a diversas pruebas organizadas por los promotores de la aventura para determinar quiénes están capacitados para la subida.
“Esta es la etapa que menos me gustó. Te hacen preguntas para determinar tu experiencia como montañista. Exámenes médicos para establecer que estás con buena salud y no tendrás problemas ni con la altura ni la temperatura y chequean tu equipo para ver si es adecuado”, explica Denys.
Una vez que los andinistas aprobaron los exámenes, comenzó la subida al volcán. “El ascenso sigue un sendero. Éste fue utilizado por los incas para utilizar la cumbre como un atalaya. Pero, pese a que el sendero es relativamente fácil, es largo y agotador”, recuerda Denys.
Tres días llevó subir a la cumbre. No todos los andinistas fueron capaces de cumplir el objetivo. Sin embargo, al mediodía de la tercera jornada, Denys fue la segunda en llegar a la cima. Allí ondeó la bandera de Bolivia y bailó chacarera con sus nuevos amigos.