Tres reconocidos diseñadores del país vecino proponen prendas de alpaca que suman belleza con la aplicación de técnicas ancestrales.
Texto: Beatriz Andrade Fotos: Andrés Rojas
Cuando se levanta la falda oscura hay una explosión de color en las enaguas, tal vez revelando el ánimo festivo que late en el interior del habitante de los Andes, quien por herencia acostumbra vestir tonos marrones y grises.
Ese fenómeno cromático deslumbró al diseñador peruano José Miguel Valdivia, quien impregnó el demin y el algodón pima con una gama de color a fin de hacer sus creaciones aún más atractivas al gusto extranjero. “Hay que insertar la moda peruana en la moda mundial”, comenta este becado de la casa de Yves Saint Laurent.
Ese arco iris de tonos va tejido en volados o se adueña de las polleras y chaquetas bordando flores y líneas. “Contamos con bordados multicolores que por sus formas podrían ser mexicanos o costarricenses, pero lo cierto es que los bordados identifican lo latino”.
Ese juego de gamas reina en la nueva colección de Valdivia, muestra que estuvo en la pasarela paceña hace unas semanas, luego de haber estado en París y España.
El toque final para acentuar el estilo vanguardista de estas piezas va con una aplicación, una estola o una chaqueta de piel de alpaca tan suave que seduce el tacto y tan colorida por tintes naturales que encandila el sentido de la vista.
Texturas naturales
Otra propuesta llega desde el país vecino bajo el nombre de Fallwinter 2008, donde la imaginación de la limeña Fátima Arrieta se adueña de los géneros de fibra natural. “Tratamos de difundir la alpaca”.
Esa intención es evidente al palpar la finura de las prendas en tonos rojizos que se funden tras el degradé de violetas y fucsias, gracias al arte de la costura.
Decenas de delgadas tiras han sido unidas para convertirse en ceñidas chaquetas, coquetos chales, ajustadas faldas y holgados vestidos. “Me gusta mezclar telas —alpaca, lana y seda— y combinar el macramé y croshé, pero sólo en aplicaciones, para lograr prendas que dibujen el cuerpo de la mujer”.
Con esa idea, Arrieta ha creado la muestra que ha tomado cuerpo bajo la técnica del tejido de alfombras, propia de algún inspirador artesano de la sierra peruana.
Accesorios atemporales
De esa maestría que emana de las manos andinas se llenan las creaciones de Titi Guiulfo. Esta diseñadora nacida en Lima, Perú, ha encontrado la fórmula adecuada para desarrollar prendas, pero particularmente accesorios sofisticados, hechos con técnicas ancestrales. “Trabajo con diseños que tenemos hace cinco mil años, no hay nada que inventar, sino aplicar”, revela.
Eso explica que en sus carteras, collares, chales, gorros y otros accesorios convivan lo étnico con lo glamoroso, fusión que le da el éxito, porque ella ha desarrollado accesorios para marcas como Calvin Klein, Donna Carter y otras.
“Cuando me piden un accesorio, viajo a las comunidades y trabajo con los artesanos. Busco que la labor del artesano sea reconocida como la de un profesional de primer nivel”. Estos elementos infaltables en la moda tienen una pequeña ventaja sobre algunas tendencias: la atemporalidad. “Los accesorios, comercialmente hablando, tienen un tiempo menos perecible que la moda de las temporadas. Además, el segmento (de venta) es más amplio”, pues siempre cae bien un accesorio capaz de marcar estilo a todo un atuendo.
Guiulfo encuentra su fuente de inspiración en las entrañas de la serranía peruana, donde la fiesta baila con alegres ornamentos de los trajes de cada región, y donde los colores naturales, típicos de la alpaca y de la tierra, se funden con los rojos, rosas y naranja que tiñen la cotidianidad andina.
De esta forma se confirma la teoría planteada por José Miguel Valdivia, quien ha observado que la sobriedad del negro y de los marrones contrasta con una paleta multicolor que mágicamente, como los Andes, armoniza.