De: Gustavo Guzmán, embajador de Bolivia en Estados Unidos Para: Director La Razón
“Audiencia decisiva”. Tal el título del editorial de fecha jueves 17 de mayo del 2007 del diario que usted dirige. Referido al ya largo y sostenido proceso de gestión de la ampliación de las preferencias arancelarias con que Estados Unidos beneficia a importantes rubros manufactureros de nuestro país, el referido editorial tiene la virtud de provocar estas líneas —que espero quiera usted publicar— por sus leves horizontes analíticos e informativos que refiere en su contenido.
Ciertamente, en una de las varias oficinas del Senado de Estados Unidos, el pasado miércoles 16 de mayo tuvo lugar una audiencia pública convocada y dirigida por el senador Max Baucus (demócrata, del estado de Montana). El señor Baucus preside el Comité de Finanzas del Senado, una de las instancias decisivas para la renova- ción de los plazos de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA, por sus siglas en inglés).
Ciertamente, en la señalada audiencia, realizada en el marco de un arduo e intenso debate que se produce en Estados Unidos sobre varios temas, y entre ellos el del comercio, se presentaron un conjunto de testimonios sobre los programas de preferencias comerciales que ha diseñado ese país como parte de sus políticas dirigidas hacia otras naciones, y entre ellas —junto a las contenidas en el Sistema General de Preferencias y a las políticas comerciales dirigidas al crecimiento y oportunidades en el África—, se encuentran aquellas que nos interesan, las preferencias comerciales andinas.
Efectivamente, en la referida audiencia se recibió el testimonio oral del respetado empresario boliviano Marcos Iberkleid, pero no sólo se escucharon sus palabras, pues allá estuvieron también Meredith Broadbent, de la oficina de comercio del Gobierno de Estados Unidos; Muhammed Yunus, premio Nobel y creador de un importante banco de apoyo a las actividades empresariales en Bangladesh; Eric Reinhardt, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Atlanta, y Katrin Kuhlmann, vicepresidenta de una activa y respetada institución de apoyo al comercio global y a las tareas de la mujer en este ámbito. [Quien curiosamente estuvo ausente en este evento, debe decirse, es el senador Charles Grassley (republicano, del estado de Iowa), quizá el único de los obstáculos con que tropieza nuestro interés nacional de ampliar los plazos de la ley que nos otorga las mentadas preferencias arancelarias].
Y efectivamente, señor Director, la audiencia tuvo, en este largo proceso de gestión de renovación de los plazos de las preferencias arancelarias estadounidenses, una particular relevancia no sólo por la calidad de los testimonios recibidos, sino por su oportunidad: se produjo poco después de que los representantes (diputados, si nos atenemos a nuestras propias denominaciones congresales) Charles Rangel (demócrata, del estado de Nueva York) y Sander Levin (demócrata, del estado de Michigan) presentaran una propuesta de modificación de ley que extiende por dos años las referidas preferencias comerciales, hasta fines del año 2009.
Destaco la oportunidad de esta audiencia porque creo que expresa claramente una creciente y también sostenida construcción de consensos en el Congreso de Estados Unidos respecto de la ampliación de los plazos que nos ocupan. Y, créame, señor Director, este hecho (la propuesta de ley de los dos congresistas referidos), muy poco discernido por nuestra prensa, sí merece largamente el calificativo de “decisiva”, como fue decisiva la larga e interesantísima conversación entre el señalado congresista Rangel y el Vicepresidente de la República en su segunda visita a Washington (he sido testigo presencial de esta conversación) en septiembre del 2006, y decisiva también la extraordinaria y multifacética comunicación sostenida entre el Canciller de la República y el congresista Levin en febrero pasado, cuando el Canciller visitó por primera vez esta capital (fui, otra vez, testigo de esta charla).
Y así, destacado periodista y Director de “La Razón”, podría desgranar al menos una docena de hechos decisivos en este ya largo y espinoso recorrido por buscar el objetivo que señala con tanta precisión el editorial que me obliga a escribir estas líneas, pero como no quiero cansarlo, y de manera general, me parece oportuno repetir, para usted y sus lectores, una frase que he escuchado aquí en la capital política del planeta, referida al proceso político boliviano y pronunciada por una de las principales autoridades políticas del Departamento de Estado: se cree aquí, señor Director, que Bolivia vive una revolución social que Estados Unidos quiere entender, para apoyarla.
Como verá usted (y como lo comprobamos juntos cuando ejercimos también juntos el periodismo), la realidad —la terca realidad, diríamos, también juntos— es siempre más compleja que un titular de prensa (incluso el de un editorial).
Lo saludo atenta y respetuosamente, ofreciéndome como su seguro servidor.
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