En 1985, por la caída del precio de los minerales, el gobierno del Dr. Paz se vio obligado a despedir a 26.000 mineros, este proceso se conoció con el eufemismo de la “relocalización”. Ahora el presidente Morales emprende una acción similar con el D.S. 28761 que prohíbe la importación de ropa usada y propone un Programa de Reconversión Productiva. Nuevamente se usa un eufemismo llamando “reconversión” a lo que se llamó “relocalización” y que deja sin empleo a los vendedores de ropa usada.
Esta importación expone la problemática del empleo y la producción, enfrenta a microempresarios e industriales de la confección con microempresarios comercializadores e importadores de ropa americana, es un tipo de competencia desleal, fruto del rebalse del consumismo europeo y norteamericano, que desquicia el mercado de ropa desvirtuando las nociones de precio y calidad del cliente.
Ha sido un duro ataque a la industria textil que perdió 312 millones de dólares y 56.000 empleos en el período 2000-2005, según el estudio: Impacto de la importación de ropa usada en Bolivia, auspiciado por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Pero, también esta importación genera empleos, hoy 250.000 personas se dedican a esta actividad según los dirigentes del sector, 18.000 según la Aduana Nacional, hay más de 15.300 según el IBCE, y 15.000 según el Gobierno, y ha producido un considerable movimiento económico; entre los años 2001-2005 se ha importado un valor acumulado de 213.5 millones de dólares.
En medio, el cliente no ha tomado decisiones tímidas, si se hicieran elecciones y los candidatos fueran la ropa nacional versus la ropa usada, los votos apoyarían a los ropavejeros, el dinero que pagan ha dado aliento a este comercio. El cliente siempre tiene la razón, pese a los deseos de los productores, los bolivianos prefieren la ropa fumigada de segunda del exterior, en la que ven un producto barato y de buena calidad.
Se debe aclarar que no sólo los pobres la compran; según el IBCE, el 67% de los consumidores pertenecen al estrato de ingresos medios, el 30% al de ingresos bajos y el 3% al de ingresos altos.
Cualquier política debe respetar los empleos existentes e impulsar actividades que generen más empleos. No considera este aspecto el débil Programa de “Reconversión”, que asigna un crédito de 10 millones de dólares para digamos 18.000 comercializadores, cada uno recibiría 556.- $us., dinero insuficiente para proceder a la reconversión.
Al firmar el Decreto 28716 el 2006, el Gobierno se comprometió a iniciar el proceso de reconversión, cosa que no hizo perdiendo casi un año. El programa parece velar por la imagen del Gobierno y procura distraer a los vendedores de ropa usada, así sólo los grandes importadores de esta ropa están en posibilidades de reconvertirse, invirtiendo en otras actividades el capital que acumularon.
Si realmente se desea apoyar la producción nacional debería encararse una política que, además de la Banca de Fomento, considere: la lucha contra el contrabando, el 93% de la ropa usada ingresa por esta vía; seguridad jurídica y estabilidad tributaria, no desvirtuando la base tributaria creando nuevos impuestos; un sistema de seguridad y reconversión industrial, para que el Gobierno apoye traspasos de sectores en crisis a otros mejores, velando por el empleo y las inversiones.
Aunque debe quedar claro que los productores deben ganar competitividad y ofrecer mejores productos, los clientes bolivianos deben comprar lo nuestro y los vendedores de ropa americana, porque compiten de manera desleal y perjudican a la industria, deben reconvertirse con el apoyo del Gobierno.
Por esto, debería procederse a la ampliación de la importación de ropa usada por un año, cuidando los empleos existentes y por el hueco que dejará en la economía su violenta desaparición, dándose el tiempo necesario para impulsar un verdadero Programa de Reconversión paulatino. Mientras no se haga esto, la mentada “reconversión” me suena a la “relocalización” del año \'85, que afecta a aquellos bolivianos vendedores de ropa usada que no alcanzaron a reunir el dinero suficiente para irse a España.
*Pablo Iraizós Gallardo escribe desde Oruro.
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