Los poderes terrenales, como son los gobiernos de las naciones, son pasajeros y, por tanto, carecen de la serenidad, la tolerancia y la autoridad de la Iglesia Católica, que es eterna. Tiene ya dos milenios de vida, desde que Jesús entregó su vida para salvar las almas de los pecadores.
Todo indica que mientras haya seres necesitados de un Dios, las religiones alcanzarán la perennidad, con más razón la Católica, que está dedicada a cultivar los espíritus y a luchar por los derechos y la libertad de los seres humanos.
Mal hacen aquellos gobernantes —que arrogantemente se sienten todopoderosos— en cuestionar la palabra de la Iglesia y peor todavía la del Papa, que es el pontífice de la verdad y de la justicia en la Tierra.
Benedicto XVI estuvo en lo cierto cuando, en la apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Celam), en su reciente visita al Brasil, dijo que “en América Latina, al igual que en otras regiones, se ha evolucionado, aunque hay motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarios o sujetos a ciertas ideologías que se creían superadas y que no corresponden con la visión cristiana del hombre”.
Aunque no identificó a país alguno, no se puede dejar de pensar que se refería, entre otros casos, a lo que está sucediendo en Bolivia, con el gobierno autoritario de Evo Morales.
Está a la vista y a oídos de los bolivianos cómo se utilizan métodos antidemocráticos para imponer consignas y odios, así como se recurre a las mentiras y las calumnias. Éste es seguramente el autoritarismo al que aludía el Santo Padre, guiado por su infinita sabiduría y ser el intérprete del sentir divino.
Cómo no se va llamar autoritarismo al hecho de que, por supuesto un revanchismo patológico, se ha dividido al pueblo boliviano de la manera más infame, desconociendo los derechos de una mitad, la que ahora es ignorada y diariamente injuriada y agredida.
Si no es autoritarismo, qué es aquel pregonado intento de descolonizar a Bolivia, tratando de imponerle que vuelva 500 años atrás, con la finalidad de ejercer un etnicismo arcaico, desconocedor de la cultura universal y de la modernidad científica y tecnológica.
Acaso no es autoritarismo, al punto de llegar al fundamentalismo, el apoderarse de la representación de las masas campesinas y, arrogándose su titularidad, incurrir en excesos de toda índole, como el de querer implantar, por ejemplo, el laicismo en la educación y apoderarse de los colegios privados, siendo así que el 80% de los bolivianos son católicos.
Y si no son autoritarios, por qué se dan por aludidos con las palabras del Papa e incluso tienen el atrevimiento de decir que la Iglesia Católica se decida entre rezar o hacer política.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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