Luego de ahitarse una semana con un ajiaco de veneno contra el Poder Judicial, en la dieta de asedio de un Tribunal Constitucional creado hace pocos años en el contexto de reformas para mejorar el sistema jurisdiccional, más como un orador de plazuela y menos como el estadista que necesita el país, el sábado pasado Evo Morales se disculpó por \'k’erkearse\' en sus excesos, decía el periódico.
Un par de traductores de quechuañol que consulté, indicaron que el coloquial \'rayarse\' sería la acepción más cercana, aunque otro sugirió que el verbo usado por el Presidente era \'k’aiquearse\', que quiere decir quejarse en forma rabiosa. Sea lo que fuera, manteniendo el símil alimenticio de inicio, digerir tal platillo acompañado de bronca, genera flatulencia de exabruptos y metidas de pata.
Es machacón reiterar que la rabia tuvo que ver con que su designación de ministros de la Corte Suprema, siendo interina, feneció al término de 90 días según la ley. Salió el tiro por la culata en el intento de rellenar el tribunal supremo con obsecuentes adeptos sin concertar, para acelerar procesos judiciales no sólo a quienes lo merecen, sino quizá también para una caza de brujas política a potenciales exorcistas de intentos de prorrogarse en el gobierno.
Para comprender su \'k’aiqueo\' cuando noquearon a sus ministros interinos, recordemos que primero las urnas privaron a Evo de comprarse la platea con una mayoría de zombis en la Asamblea Constituyente. Después, el Tribunal Constitucional mostró pasta de boxeador con un directo de izquierda, al dictaminar que la Asamblea Constituyente no es ni originaria, ni fundacional, ni soberana, ni cualquiera de las peregrinas nociones del régimen en pos de rayar la cancha a su antojo. Luego el guardián de la Constitución lanzó un gancho de derecha, con el decreto de que sería inconstitucional aprobar cualquier artículo de la nueva Constitución, con menos de 2/3 de mayoría en cualquiera de las fases de la nada productiva Asamblea Constituyente.
Hoy urge comprender que la deyección final de la dieta venenosa del Gobierno, es una diosa Temis sumisa al poder político totalitario. Una justicia no ciega, sino bizca, con ojos que miran a puntos que no se juntan, con pupilas de dos colores: una parda para la llamada justicia comunitaria y otra negra para dispensar justicia a bolivianos que no se hacen a los \'originarios\'. Sea consigna para el Poder Judicial un estentóreo ¡no aflojar!
Entiéndase que los exabruptos de Evo Morales son simples fuegos de artificio que distraen la atención del sistemático cumplimiento de un libreto que ya ha sido probado en Venezuela. Hoy sólo una decena de constituyentes nos separa de una eventual mayoría gobiernista de 2/3 en la Constituyente. Y la faltriquera de petrodólares puede fabricar adláteres, como lo demuestra un traidor que era de la oposición y ahora funge de líder chavista en el Congreso.
Y es que sigue su marcha el bien planificado golpe a la democracia representativa, imperfecta aún después de 22 años de ejercicio. Bolivia está en una encrucijada de caminos. Por uno se llegaría a un Estado democrático de derecho en el país, asentado institucionalmente en el principio de ciudadanía democrática, que reconocería los derechos de los indígenas en el marco de la ciudadanía plena, que incorporaría derechos sociales y colectivos dentro del principio universal de igualdad ante la ley y el concepto de unidad en la diversidad de la Constitución.
Por el otro que impondría el gobierno de Evo Morales, destaca la curiosa noción de Estado Plurinacional, que se asienta institucionalmente en reconocer 36 pueblos originarios, sus usos, costumbres e instituciones, como “naciones-estado” dentro del Estado boliviano. Como si 75.000 bolivianos mayores de 15 o más años de edad, que se identifican con un popurrí de 31 “naciones-estado originarias”, tuvieran el mismo peso en el país que casi 1.300.000 aymaras.
Confunden a propósito los conceptos de etnia, territorio, cultura y lenguaje, para disfrazar un esquema de dominación. Como me recuerda un amigo, es uno que soslaya el genocidio aymara de urus, muratos y chipayas, a los que tenían de siervos, prohibidos de tener tierras y condenados a vivir en marginales regiones de refugio en el lago Titicaca, o en el inhóspito lago Poopó. Hasta el que fueron los reales tiahuanacotas fue escamoteado. Hoy, unos activistas afiebrados del 20% de bolivianos cuya lengua materna es el aymara, pretende desconocer el proceso histórico de aculturación en Bolivia, que ha forjado un mestizaje por sangre y/o cultura en el 80% de sus gentes.
Indispone afrontar la distorsión de la realidad boliviana, y lo balcánico, casi diabólico por lo torvo, de las intenciones del régimen. Qué desperdicio de un Mandatario elegido por una inédita mayoría, que se deja arrear a dividir a los bolivianos, por la angurria de poder de un entorno etnocéntrico y los designios obsoletos de asesores extranjeros.
Me relaja la alegría sencilla del pueblo boliviano, demostrada en la anécdota del juez que pregunta a una cholita: ¿mató usted a su concubino? Cómo que le hey matado, cómo que no le hey matado, señor juez, contesta. Yo estaba lavando ropa en la acequia; de repente ha venido el Florencio, me ha salpicado con agua, como que te está lloviendo, cholita, diciendo. Entonces yo le hey salpicado con agua, como que te está lloviendo también, diciendo. Después el desgraciado agarró unas piedritas y me las tiró, como que te está granizando, cholita, diciendo. Entonces yo hey agarrado piedritas y se las hey tirado, como que te está granizando también, diciendo. Luego se ha sacado su cinturón y me ha cascado en la nalga, como que te está relampagueando, cholita, diciendo. Entonces yo hey agarrado un machete, y ¡zas! le hey partido su cabeza, como que te parta un rayo, diciendo.
*Winston Estremadoiro es antropólogo. winston@supernet.com.bo
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