¿Quién inventaría la fórmula de Socialismo del Siglo XXI? En Bolivia lo llaman Socialismo Comunitario. Intentaré describir cómo se está ya aplicando el sistema en forma progresiva. El paso previo fue entrar en el juego democrático, pero con el objetivo de proceder al acoso y derribo de sus instituciones una vez conquistado el poder, aún por la vía legítima del voto universal. Lo singular del nuevo socialismo es que el proceso procura no ser violento sino imponerse por etapas. Lo primero fue consolidar una amplia base social con la incorporación de ciertas organizaciones sociales, especialmente originarias, imbuidas de un ´revanchismo´ histórico, alentado por los cerebros y agentes políticos triunfantes. Se subestima al Legislativo y el Ejecutivo gobierna por Decretos.
Enseguida había que asegurar la conformidad de las Fuerzas Armadas, pasando a la reserva a tres promociones de oficiales de alta graduación. Con esto se ganaba a los demás que soñaban con el ascenso. Enseguida se procede a la ´reconquista´ de los bienes de producción para construir el ´Estado productor´, al mismo tiempo que se va reduciendo el papel de la empresa privada de mayor envergadura. Se empieza por la ´nacionalización´ de los hidrocarburos, pero el proceso se irá ampliando a la minería, a la tierra y a otras actividades consideradas estratégicas. Los primeros resultados de la incursión del Gobierno en la economía no han sido precisamente halagadores por falta de un oportuno manejo de la coyuntura, por cierto favorable, pero desperdiciada.
No importa, el Gobierno cuenta con el respaldo de los petrodólares de Hugo Chávez. Paradójicamente, el sistema bancario —capitalista— ha sido respetado. Las penosas experiencias de la hiperinflación parecen haber servido de advertencia.
Había que ´refundar´ la República por medio de una Asamblea Constituyente. Hasta ahora, los asambleístas no han merecido buena nota. Entre los objetivos oficialistas figuran la prolongación del mandato presidencial, el partido único, la centralización versus las autonomías pujantes, y los ya mencionados sobre la economía de Estado. En la carrera por la consolidación del poder, de todo el poder, se pretende subyugar al Judicial al mandato del Ejecutivo. La politización de los tribunales es el tiro en la nuca a la función jurisdiccional.
Luego viene el intento de restar autoridad moral a la Iglesia católica y fomentar seudoreligiones ancestrales como factor político, por cierto más retardatario que liberador. Evo Morales desafía a la Iglesia boliviana lanzándole el reto de que ´debe escoger entre rezar o hacer política´ Un escalón más y llegamos al objetivo de implantar el pensamiento único por medio de recortes a la libertad de prensa con la ayuda de la pomposamente llamada ´Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad´, financiada —¡cuando no!— por Hugo Chávez.
La política internacional apunta a crear un bloque de gobiernos socialistas cuyo objetivo es sacar de escena a los Estados Unidos. Incluso Bolivia firma un tratado militar de ayuda mutua con Venezuela que recuerda el Pacto de Varsovia entre la Unión Soviética y sus países satélites de los tiempos de la Guerra Fría. Y termino porque me falta espacio.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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