La noche tiene cuatro ofertas de comida que generan largas filas Si usted se considera buen diente, tiene que conocer sus ofertas. Sus salchipollos, los sándwichs de chola o un buen chicharroncito deja satisfecho al comensal más exigente.
A LA SALIDITA DE LA AVENIDA LOS LEONES • Quien no la conoce, no sabe lo que es un buen sándwich de chola. Cuenta que la gente llega del exterior, y pasa por su puesto con sus maletas.
La noche descubre en La Paz lugares donde las personas hacen filas para comer. La necesidad es el factor común que impulsó la hoy exitosa venta de sándwich de chola del Estado Mayor, los salchipollos de Miraflores, el Pollo Académico en Tembladerani y los chicharrones en Villa Fátima.
La Razón visitó a cuatro emprendedores dueños de puestos de comida que lograron hacerse de una gran clientela sin necesidad de recurrir a la publicidad televisiva, radial o impresa. “Nuestros clientes traen a otros”, comentó doña Paolita de Solano, quien desde hace 48 años vende sus famosos sándwichs de chola en las inmediaciones del Estado Mayor.
Desde las 17.00 y pasadas las 21.00 ofrece su producto. La competencia no evita largas filas diarias. “Me ha ido bien, tengo una gran familia que me ayuda todos los días. No puedo dejar de venir, aunque el médico me pidió que ya empiece a descansar”, sostiene sin dejar de prestar atención a quienes se acercan.
Es accesible, de buen trato y para mostrar la importancia que le dan sus clientes al cuerito tostado de chancho dice que el actor David Santalla pide “un cuerito como para hacer una chamarra”.
Unas cuadras más arriba, entre la avenida Bush y la calle Diaz Romero, se encuentra el quiosco de don Plácido Valdelomar. Sus clientes son fieles aunque algunos de ellos dicen que "el Plácido es un poquito torpe. No te deja acercarte a ver lo que cocina. Además, odia a esas personas que le repiten tres veces que no quieren mayonesa".
Sin embargo, aunque mal los trate, los clientes igualito hacen fila. Su oferta de temporada es el salchipollo, ofrece la hamburguesa o simplemente una salchipapa. “Todo lo preparo yo”, revela como parte de su secreto, pero deja a sus clientes explicar el por qué lo buscan desde las 18.00 hacia adelante.
Su pasión por el Tigre le habría traído problemas con el propio Mauro Cuéllar (presidente del Bolívar). “Pero todos tenemos derecho a opinar, no”, dijo. Su equipo lo lleva en el corazón desde hace muchos años y la dedicación a la venta de comida nació hace cerca de 19 años y por la falta de trabajo.
En Villa Fátima está apostada otra mujer que encanta con sus chicharrones. Vende en la calle y bajo el amparo de una tela que hace de tienda y en la que recibe a sus clientes. “Tenía que hacer dinero y empecé con la venta de chicharrón en papelitos de 0,40 centavos y ahora tengo esto”, asegura doña Pacesa mostrando su puesto y a varios comensales degustando el chicharrón.
En el otro extremo de la ciudad se encuentra “el Pollo Académico”. Pablo Huanto es su dueño y recuerda que se inició en esta actividad por sus conocimientos culinarios. “No me va mal, tengo una buena clientela, aunque los stronguistas siempre reclaman”, afirma en tono de broma.