Hay embajadores de escuela que saben su oficio y conocen hasta dónde llegan sus prerrogativas en el país donde están acreditados. Existen otros —que frecuentemente llegan a Bolivia— que ponen a la Cancillería en figurillas, porque son unos bocones o porque cargan consigo la chequera de la humillación. Y no crea el lector que los únicos abusivos han sido los venezolanos. No es así.
Recuerdo, por lo menos a tres embajadores estadounidenses que nos atropellaron de mala manera. Uno, por ejemplo, allá por los años 1989, dijo, expresamente, que si no se producía la alianza política que él quería, “tomaba sus juguetes y se iba para casa”. Es decir que, o se cumplía su deseo o se marchaba. Terminó yéndose. Otro embajador el 2002 se inmiscuyó tanto en la política interna, con ataques a Evo Morales, que casi acabó haciéndolo Presidente. Y el tercero —una embajadora— que no tuvo reparos en decir que los bolivianos no teníamos “huevos”. Cuando se le pidió una aclaración, dijo que se refería a “eggs”, es decir huevos para tomarlos a la copa o en revuelto.
Luego ha llegado otra tanda de embajadores imperialistas, pero esta vez del Caribe. Uno era Encargado de Negocios de Venezuela, que no faltaba a las concentraciones de Evo y que nos tenía podridos a todos. Donde aparecía el candidato masista, ahí estaba el tal Encargado de Negocios hablando necedades y atacando a los adversarios de Morales. La Cancillería le pidió mesura y el hombre —ya cesado en el cargo — continuaba “acullicando” por orden de Chávez.
Después nos ha aparecido el actual embajador de Cuba, simpático al parecer, pero intruso como los anteriores. Éste se ha dedicado a acompañar al Presidente a cuanto acto existe y a hablar sobre la Revolución. Y lo que está revolucionando, en verdad, es el folklore nacional bailando una mezcla de cha-cha-chá y diablada de lo más divertida. Además de que nos enseña a preparar mojitos por la tele. Eso, y enviar saludos del “comandante”, es su oficio.
Pero el campeón de la impertinencia es el actual embajador venezolano, quien, a falta de asesores en la Cancillería, mete su cuchara en todo. Dice que hay que estar preparados por si los “recursos energéticos (de Bolivia y Venezuela) apetecibles para las potencias extranjeras” quieren sernos arrebatados. Habla de políticas de seguridad y defensa, proponiendo la creación de un Ejército libertador compuesto por Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, y, talvez, Haití. El Ejército del ALBA para rechazar al imperialismo. Y, por supuesto, pretende también meter sus manos en las FFAA.
Pero lo peor ha sido que se lance contra el Santo Padre —el neoliberal— con expresiones totalmente agresivas, que comprometen al Gobierno de Bolivia, pero, caso curioso, que coinciden con él. Es obvio que la Cancillería cerrará el pico y que el intruso seguirá con sus andanzas.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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