Empresarios de Brasil no quieren invertir en Bolivia Críticas • La presencia de las FFAA en los campos petroleros molestó a los empresarios. La FIESP dice que no se les ocurrió invertir en el país.
Antonio Cavalcanti • Es el director general de la FIESP, que agrupa a las empresas más poderosas de Brasil.
Si el Gobierno brasileño declara públicamente que no tiene diferencias con la administración del presidente Evo Morales, la dirigencia más influyente de los empresarios de ese país no duda en cuestionar el proceso de nacionalización de los hidrocarburos y en advertir que éste repercutirá negativamente en las inversiones extranjeras.
"Discúlpeme por la sinceridad, pero no se nos ha pasado por la cabeza hacer nuevas inversiones en Bolivia", declaró Carlos Antonio Cavalcanti, director general de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), la organización que aglutina a las empresas más influyentes y poderosas de Brasil.
La reacción de Cavalcanti no está vinculada únicamente al traspaso de las refinerías petroleras, sino a la nacionalización de hidrocarburos que el gobierno de Morales puso en marcha el 1 de mayo del 2006, cuando miembros de las Fuerzas Armadas hicieron toma física de los campos y estaciones petroleras.
"La memoria de los brasileños tardará muchos años en borrar la toma de los campos por parte de los militares", dijo el dirigente.
El episodio fue criticado también en el pasado por representantes de otros gobiernos. Y dio a un periodo transitorio, en el que la estatal YPFB percibía mayores recursos económicos hasta la firma de nuevos contratos con las compañías petroleras, lo que ocurrió a principios de este mes.
Además, el 12 de mayo reciente concluyeron las negociaciones entre el Gobierno de YPFB y Petrobras para el traspaso de las refinerías instaladas en Santa Cruz y Cochabamba. La administración de Morales se comprometió a pagar 112 millones de dólares.
La FIESP está ubicada en un edificio en el corazón de Sao Paulo, que, a su vez, concentra la actividad económica más importante de Brasil.
"Brasil construyó el gasoducto. Petrobras invirtió y transformó las refinerías; nos comportamos como un país hermano, pero no recibimos el mismo trato de parte de Bolivia", añadió. Hoy, "Brasil no ve a Bolivia como un país para hacer inversiones", insistió.
Por su parte, el director general de la Agencia de Cooperación de Brasil, Luiz Henrique Pereira, aseguró que la agenda bilateral se mantiene, tras las negociaciones para el traspaso de las refinerías de Petrobras.
"La prensa que está en contra el Gobierno, dice que Lula es Evodependiente, pero Lula comprende y respeta la soberanía del Gobierno boliviano", afirmó.
A principios de mayo, desde Brasilia se hizo conocer que el gobierno de Lula salió en defensa de las refinerías para que Bolivia acepte comprarlas por el valor que finalmente fue establecido, 112 millones de dólares. Grover Yapura, La Razón, Sao Paulo