Pocos días atrás se llevó a cabo en La Paz una nueva reunión entre Bolivia y Chile del Mecanismo de Consultas Políticas a nivel de viceministros de Relaciones Exteriores, reunión que sirvió para estudiar conjuntamente los 13 puntos de la agenda bilateral.
Entre los temas importantes que se trataron cabe destacar el de la rehabilitación del ferrocarril de Arica a La Paz. Esta línea férrea quedó intempestivamente paralizada hace unos años, pese a que existe la convención para la construcción y explotación de la misma, donde se estipula que el ferrocarril deberá permanecer habilitado a perpetuidad. Otro fue el de las tarifas portuarias en los puertos de Arica y Antofagasta, las cuales habían recibido un enorme incremento cuando el Gobierno chileno los privatizó. Ahora se está llegando a un entendimiento para que se incluyan criterios de conciliación para la determinación de esas tarifas, en base al respeto del régimen de libre tránsito.
Asimismo, se trató, aunque en forma muy confidencial, sólo entre los dos viceministros, el problema marítimo nacional. Pero se debe señalar al respecto, que éste no es el camino más adecuado, porque bastará que uno de ellos ocupe otra función para que todo quede en nada. Así ha sucedido últimamente, cuando el viceministro Dorfler fue designado cónsul en Brasil. Lo más lógico sería que ese trascendental tema sea analizado por una subcomisión, como sucedió en noviembre del 2005, en la reunión realizada en Iquique, cuando cada delegación estuvo conformada por cuatro miembros.
Lamentablemente, en esta última reunión de consultas, no se ha tratado la cuestión del gas, siendo precisamente, junto con el marítimo, el tema fundamental de nuestro trato bilateral. Y teniendo presente sobre todo que actualmente Chile sufre de una gran escasez de ese vital elemento energético.
Comúnmente se dice que Chile ha puesto un candado a la salida del mar de Bolivia y habría entregado la llave al Perú. Pero con el gas, nuestro país obtendría una nueva llave que podría abrir por fin ese malhadado candado que lo mantiene enclaustrado. Ahora bien, existe la creencia de que el referéndum convocado por el ex presidente Mesa impediría cualquier venta de gas a Chile. Pero eso es un error. La gran mayoría de los que votaron afirmativamente en ese referéndum, lo hizo en el entendido de que el gas sería un elemento negociador para alcanzar la salida propia y soberana al mar. El pueblo boliviano no es tan insensato en creer que primeramente Chile nos entregará el mar para que se pueda negociar la cuestión del gas.
Se debe tomar en cuenta asimismo que cuando vino a La Paz el ex presidente Ricardo Lagos, habló del gas con el presidente Evo Morales; oportunidad en que le habría propuesto un precio de siete dólares por millar de BTU, precio muy superior al que nos paga actualmente Brasil y Argentina. Ello es comprensible, porque estos dos países son productores de gas y, por tanto, siempre pondrán trabas al alza del precio de ese producto. Mientras que Chile tiene muy escaso gas y lo necesita con gran urgencia.
Es menester señalar que el problema del gas ha enfriado el interés chileno en tratar el problema marítimo. Cuando asumió el poder el presidente Morales, tanto el ex presidente Lagos como la actual mandataria, Michelle Bachelet, manifestaron estar dispuestos a conversar sobre esa principal cuestión. Pero el último convenio gasífero con la República Argentina, donde se insertó nuevamente la prohibición de venta de nuestro gas a Chile, sólo ha servido para irritar a la opinión pública chilena y provocar fuertes oposiciones en ella, a cualquier arreglo sobre ese asunto. Prueba clara de ello son las declaraciones efectuadas por la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, aquí en La Paz, donde expresó que los chilenos rechazaban la posibilidad de ceder un territorio con soberanía a Bolivia.
En consecuencia, es necesario tener en cuenta que, si no se incluye en la agenda bilateral la comercialización del gas, el tratamiento del tema marítimo avanzará con pies de plomo. Y vanos serán los esfuerzos para convencer al pueblo chileno de que una salida al mar a Bolivia no le afectaría a su país, sino que por el contrario, serviría para consolidar una verdadera interrelación bilateral y una estrecha integración física y económica entre los dos países.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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