Todo permite suponer que fueron brasileños, con el guiño cómplice de algunos argentinos, los que llevaron a la FIFA a prohibir partidos oficiales de fútbol en la altura. Vale la pena pues buscarle explicación a la majadería de Marcio Braga cuando destapó un tema que creíamos superado.
Flamengo es un club grande por masa de socios, infraestructura deportiva, patrimonio y con miles de hinchas. Tal vez tantos como los de nuestra selección. Pero es nomás un club de barrio, como los tantos que hay en Río. Sin embargo, su reclamo torpe “por las condiciones inhumanas” en las que le empató a Real Potosí puso de cabeza a todo un país, Presidente incluido.
La conmoción fue tan grande que nos unió por encima de nuestras diferencias políticas, económicas, sociales, culturales o étnicas. Y el fútbol mostró que es idea-fuerza capaz de movilizar a todos detrás de un objetivo. Como están las cosas, eso es bueno. Gracias, Flamengo. Pero seguro que hay otros temas capaces de unirnos con igual fuerza.
Al margen eso y sin pensar en qué terminará lo del veto, vale la pena ver sin fanatismo de hincha la realidad que muestra el lío que armó Braga.
¿Cuánto perdería la FIFA si Bolivia se desafilia? ¿Cuál es nuestro peso específico dentro del fútbol mundial? ¿A quién importa o cuánto importa si Bolivia está o no en un torneo internacional? Visto así, es claro que lo que diga el presidente del Flamengo, por muy club de barrio que sea, pesa más que lo que diga el presidente de nuestra Federación, por mucha razón que tenga, porque es del Brasil pentacampeón, que llena estadios dondequiera que juega.
Si hay un poder totalitario en el mundo, es el de la FIFA. Sus reglamentos están en muchos casos por encima de las leyes de los países que la integran, son obligatorios e inapelables. Su presupuesto es, de lejos, mayor no sólo que el de Bolivia, sino también que el de todos los países a los que afecta el veto, juntos. Y como el negocio que explota en todo el mundo mueve miles de millones de dólares, nuestra protesta y la de los otros ante la estupidez pasa a segundo plano. Porque como van las cosas, es imposible volver al deporte por el deporte.
La cuestión es sólo económica y de peso específico de cada país. Como todo, en este mundo. Por eso es inútil mendigar apoyo, siempre coyuntural o condicionado, no sólo para que la FIFA se deje de majaderías. Es más digno explicar lo racional con solvencia técnica y profesional. Y sobre todo actuar en consecuencia, aunque el hincha no entienda razones.
*Juan León es periodista.
Con altura
Nada mejor que el infortunio para unirnos. La condición de víctimas nos hace solidarios y nos permite recuperar —si me permite Eduardo Mitre un pedazo de poema— nuestro mar interior, porque “Necesitamos mar interior”.
De la esperanza al atropello
En días pasados fue publicado el pronunciamiento de la Comisión de Derechos, Deberes y Garantías de la Asamblea Constituyente, respecto al derecho a la vida desde la concepción.
El Parque Madidi y falsos “originarios”
Recibí un correo de Carla Ortiz, bella actriz a quien me une haber nacido ambos en un sagitariano mismo día de diciembre; eso sí, separados por cuatro décadas, maldita sea.
Democracia y cohesión social
La semana pasada me ocupé del excedente en relación con la cohesión social; hice referencia por tanto a sus fundamentos económicos. En esta ocasión me interesa examinar los cimientos políticos de la cohesión social, definida