Una pequeña empresa de esquimales norteamericanos tiene muchos privilegios, pero quizá el más extraño sea el poder trabajar ahora en Bolivia, precisamente en los dominios del presidente Evo Morales, en el Chapare. Y en las barbas del Presidente boliviano, pues la empresa firmó un contrato quinquenal en marzo pasado.
La historia es asombrosa, pues incluye, además de los esquimales, algunos bosnios y un húngaro. A ver. La empresa se llama Olgoonik y ganará solamente 14,6 millones de dólares en cinco años de alimentar a las tropas de la lucha antidrogas en el Chapare y en toda la región de influencia de la hoja. Se habla de unos 1.500 hombres que deben ser alimentados por esta empresa.
Un negociadito de ese monto no tendría importancia sino fuera porque hay sospechas de que la empresa de esquimales está relacionada con la famosa KBR, responsable de construir la mitad de todas las plantas de GNL (gas natural licuado) en el mundo. Pero más importante que esa relación con el GNL es el hecho de que la empresa KBR es el brazo operativo en ingeniería y construcción de la más famosa todavía Halliburton. Es decir que los chapareños estarían codeándose con funcionarios de una empresa que tiene relaciones con el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney.
Las vías de la corrupción son infinitas. El Gobierno de Estados Unidos tiene un programa que se llama Small Business Administration\'s Mentor Protége Program, por el cual las empresitas que puedan organizar los originarios descendientes de los primeros habitantes de ese territorio reciben tratamiento especial.
Esta empresita de esquimales fue beneficiada con un contrato por el cual gana, después de alimentar a las tropas, un millón de dólares por año. Tiene que dar comida normal a la tropa boliviana. Pero cobra 4,40 dólares por soldado/día. Parece que algún ahorro hace, que termina ganando el millón anual. (La lagua de maíz es siempre una solución.)
La Policía boliviana algo ha olido de todo este lío, pues el 16 de mayo detuvo en Chimoré a James Reynold (KBR quiere decir Kate B. Reynold) y a dos funcionarios de origen balcánico que trabajaban para la Olgoonik y los envió en un vuelo internacional hasta Hungría, de donde son originarios.
Es decir que los cocaleros están viendo de muy cerca lo que es una pequeña muestra, insignificante muestra, de la corrupción en serio, de esa que gana mucho dinero. Una corrupción que está metida en guerras, como las dos que organizaron en el Golfo Pérsico los dos presidentes Bush, padre e hijo.
La sospecha de la revista norteamericana Mother Jones es que Halliburton maneja varias empresitas de originarios norteamericanos para beneficiarse con los contratos del programa de ayuda. Se sabe que los originarios de ese país tienen muy pocas posibilidades de realizarse. Deben permanecer en los territorios que les han sido asignados. Y no pueden bloquear nada.
Pero la moraleja principal de todo esto es que la corrupción está en todas partes. Si hay que erradicar cocales del Chapare o dictadores del Golfo Pérsico, los amigos no tienen por qué dejar de ganar sus pesitos. Más todavía: quizá haya que inventar guerras para ayudar a los amigos.
La ventaja es que no figuran en los rankings de la corrupción.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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