A su retorno de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, el cardenal boliviano, Mons. Julio Terrazas, recordó algunas ideas que fueron tratadas en aquel cónclave. Pongo por ejemplo el “peligro de los autoritarismos” a los que definió así “cuando alguien o algunos grupos piensan que tienen la solución absoluta”, de los problemas que afectan a la región. Los peligros de que algunos países caigan bajo el peso de los autoritarismos ya lo había manifestado el Papa en su discurso inaugural de la Conferencia de Aparecida (Brasil) en la que, fuera de los temas puramente religiosos, se analizó también la situación sociopolítica por la que transita la región. Aunque el Pontífice tuvo buen cuidado de no citar a ningún país en particular, no faltó el simplón de Hugo Chávez que se diera por aludido. Una vez más, hizo el ridículo.
El Cardenal, a la vista de la situación en que encontró a Bolivia, reconoció que “se nota un cierto apresuramiento para exigir beneficios económicos, multiplicando las presiones y conflictos”. ¡Pero si el propio Gobierno ha incentivado esas exigencias, desde el momento en que prometió un reparto de los ingresos por la seudonacionalización de los hidrocarburos! Es natural que ahora, todos aquellos a quienes se le anunciaron ventajas, presionen para que les lleguen cuanto antes a sus bolsillos. Por su parte el Gobierno, como todos los gobiernos, repite que no se puede cumplir con todo lo propuesto “de la noche a la mañana” y exhorta a la paciencia del sufrido pueblo. Pero, al mismo tiempo, hay un consenso de que el Gobierno ha hecho todo lo posible para que Bolivia esté en la cola de los países merecedores de inversiones, indispensables para producir riqueza y empleo. Muchos países amigos y organismos multinacionales, vienen insistiendo en la necesidad de crear un clima de confianza, sin el cual no hay negocios productivos. A los más, serán los aventureros quienes se arriesguen.
El cardenal Terrazas advirtió también el hecho comprobado del despertar de un indigenismo, sobre todo andino, que suscita “posturas revanchistas”, la incitación a la confrontación y hasta se habla de resistencia armada. ¿Es que se ha olvidado la arenga del Vicepresidente a los que él bautizó con el nombre agresivo de “ponchos rojos”, tomar la honda y el fusil para vengar los siglos de exclusión? Prefiero pensar que aquellas expresiones quedaron en sólo palabras. ¿Quién sabe?
Al lado de estas preocupaciones, en su medida justificadas, la principal de ellas es el desvío de muchos católicos bautizados, hacia sectas de doctrina equivocada. Tal vez porque no encontraron en la Iglesia Católica las respuestas a las exigencias de su espíritu. El retorno de estas almas al redil de la auténtica fe será uno de los programas que deben desarrollarse de inmediato en toda América Latina y el Caribe. Un esfuerzo por la unión de la Iglesia ha de ser encarado por todos los que nos creemos seguidores de Jesús. Otra preocupación de similar magnitud para la Iglesia es la pobreza que se extiende por todo un continente y las islas del Caribe. Éste es el frente que la Iglesia se propone encarar, sin duda, con la cooperación de los gobiernos con suficiente fuerza de decisión.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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