Hace un tiempo despotricaba contra la baja competitividad de la economía boliviana y la excesiva concentración de exportaciones nacionales en recursos naturales, cuando un buen amigo me corrigió diciendo que mi apreciación general no era correcta, que, en realidad, Bolivia era muy competitiva en el rubro de pedir dinero a la cooperación internacional y que éste constituía un servicio bastante sofisticado. Después de llevarme un susto y de sentir cierta indignación, tuve que aceptar los datos y hechos que sustentaban su atrevida certeza. Los niveles de cooperación internacional, que incluyen donaciones y/o transferencias, en el pasado han representado en torno del 10 por ciento del producto, algo como 900 millones de dólares por año. Estos ingresos están muy por encima de muchas de nuestras exportaciones y sólo pierden frente a la venta de gas natural. Parte de los recursos fueron al Estado boliviano, pero una proporción significativa de este dinero ha sido canalizado a través de organizaciones no gubernamentales (ONG). El fenómeno de las ONG, en Bolivia y el mundo, data de los años 80. Frente a la reducción de las acciones guberna- mentales, en la economía y la sociedad, propiciadas por el neoliberalismo, las ONG surgieron como dosis homeopáticas de Estado que actuaban en áreas de salud, educación, promoción de la mujer y en una gama amplia de sectores. Crearon así un andamiaje de intervención institucional que el economista brasileño Bresser Pereira llamó el fenómeno de lo público no estatal.
En Bolivia existen aproximadamente 1.500 ONG registradas, pero sólo 600 empresas son productivas y exportadoras. La competitividad boliviana para pedir recursos externos es una de las caras del rentismo, éste es un hecho económico que ocurre cuando individuos, organizaciones o sociedad extraen su forma de sobrevivencia sin hacer contribuciones a la producción y productividad, como por ejemplo, se puede vivir de las transferencias del gobierno, de donaciones externas o de los impuestos a algún recurso natural. Todos conocemos alguna historia de una tía rentista que se dedica a la timba y vive de alquileres de departamentos heredados, ¿no ve?
La presencia de las ONG en el país es significativa en lo económico y social y ahora también en lo político. Es conocido que muchas de ellas están en el árbol del poder. Hay ONG para todos los gustos, algunas son muy buenas y hacen trabajos excelentes, especialmente en el campo social y de los derechos humanos. Otras son ineficientes y viven de la industria de la pobreza en el mundo. Éstas últimas, están trabajando en el mundo de los servicios y contribuyen a reforzar el chip del rentismo. La mayoría se mueve en la esfera del asistencialismo social, reparte pescados pero no enseña ni a pescar ni a garantizar que en el río haya peces. Pero, ¿podría ser posible la conversión de las ONG del mundo del rentismo a la creación de riqueza y la productividad? Ciertamente muchas de ellas ya están realizando esta transición apoyando proyectos productivos, pero yo avanzaría más allá, me atrevería a realizar un análisis de organización industrial de las ONG para mostrar su enorme potencial de constituirse en uno de los pilares de un proceso de industrialización.
La reconversión de las ONG significa que éstas abandonen las áreas de servicios asistenciales y opten por convertirse, junto a sus grupos de influencia, al mundo productivo. ¿Cuáles son las virtudes de estas organizaciones sociales? Primero, tienen mucha experiencia de trabajo en redes, conocen el valor del coasociativismo y valoran el capital social. Esto es muy valioso para un emprendimiento productivo. Segundo, cuentan con capital humano preparado. Generalmente, en las ONG trabajan profesionales de clases medias altamente calificados y con dominio de idiomas. Están en ventaja dinámica muy importante en las actividades productivas. Tercero, pertenecen a redes mundiales, y conocen la realidad y mercados de otros países, lo que posibilitaría, por ejemplo, la entrada a redes internacionales de comercio justo. Cuarto, son efectivas para diseñar estrategias y planes de negocios que focalizan objetivos concretos, es decir, han desarrollado tecnología de gestión valiosa para emprendimientos productivos.
Quinto, conocen tanto sus contextos de trabajo como a los actores locales, además saben de las potencialidades productivas de las regionales urbanas o rurales donde se desenvuelven. Ésta es una gran ventaja a la hora de hacer negocios. Sexto, tienen un gran potencial para buscar complementariedades con el sector público, hecho que es vital para la producción. Séptimo, poseen gran capacidad de influir en la opinión publica mundial, cualidad muy relevante para realizar mercadeo productivo.
Dado que todo está cambiando en Bolivia, algunas ONG podrían también reinventarse y así apoyar a un proceso de industrialización que es vital para el país, y así sustituir el chip del rentismo por el chip de la producción. Un último apunte: cadenas productivas exitosas, en Perú o Chile sin ir muy lejos, estuvieron basadas en la apuesta de las clases medias más a la producción y menos a vivir de la cooperación.
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