Las trabajadoras sexuales tienen “dueñas” sólo a la hora de cobrar María (20) y Julia (35) sirven en clubes de El Alto. Los clientes las golpean, las acosan y hasta las persiguen a sus domicilios. Las proxenetas no les brindan seguridad en ningún momento, narran dos mujeres que ejercen el oficio.
Sus “dueñas”. Así llaman las trabajadoras sexuales a las mujeres que administran el negocio de la prostitución en El Alto. Esas “dueñas” lo son en tanto cobran porcentajes de dinero por el servicio de sus “esclavas”, pues a la hora de cuidarlas de la violencia que ejercen algunos clientes, no hay ni seguridad ni garantías.
Un ejemplo de esa situación son las cuatro mujeres muertas en El Alto en sólo 10 días, dos asesinadas y dos por suicidio.
La Razón conversó con dos trabajadoras la anterior semana. Su testimonio, bajo el anonimato, confirma el miedo que sienten, pues si bien la Policía ha acudido a levantar los cadáveres y la prensa ha hecho la cobertura, ellas no creen estar a salvo. ¿Dejar el oficio? Difícil, dicen ambas mujeres y tienen sus razones que son económicas sobre todo.
María (20) cuenta que a sus 15 años se vio obligada a buscar empleo, pues su numerosa familia pasaba muchos apuros. Revisó periódicos y encontró un aviso que no exigía nada más que juventud. Así se acercó a una proxeneta. “Mi primera ‘dueña’ me maltrataba y explotaba, pues me hacía trabajar más horas que a las demás y ganaba la mitad”.
Ahora, con más experiencia y más personalidad, pero no por ello menos asustada por el destino incierto, María considera que nunca podrá salir de este mundo. “No se puede dejar, son círculos cerrados. Para reformar tu vida o te vas lejos y no vuelves más, o te atienes a lo que pase”.
Combinar su vida familiar con este oficio “es como una pesadilla, todo el tiempo temo que la gente me reconozca en las calles y me insulte o agreda. Salgo con lentes y peluca para que nadie me reconozca, mis papás no saben de mi trabajo, si se enteran me muero; sacrifico todo por los Bs 30 que me paga cada cliente”.
Los insultos y agresiones a los que se refiere se concretaron en varias oportunidades, recuerda.
“Nadie nos cuida, sólo nosotras, a veces me topé con sicópatas que me pegaron, insultaron o contagiaron enfermedades a propósito. Nunca me acuesto con el pensamiento de haber tenido un buen día, por eso prefiero tomar bebidas alcohólicas, otras chicas prefieren drogarse”.
La semana pasada fue víctima de serias agresiones físicas en la esquina del club donde trabaja. “Estaba saliendo ebria y dos personas me dieron un puñete en la cara y lo demás no recuerdo, me recogió una amiga del club”.
Otro factor denigrante es el maltrato que ejercen las “dueñas”. “No entienden nada. Si nos han golpeado y estamos mal, igual nos hacen trabajar, y cuando contraemos enfermedades tenemos que seguir aunque es un gran riesgo para todos”.
Julia (35) también vive de este trabajo para criar, dice, a tres hijos pequeños. “Vivía en una buena zona de La Paz, mi marido me botó porque se consiguió otra y yo con mis bebés y sin saber hacer nada llegué a prostituirme en El Alto”.
Inicialmente era “patinadora” (que ofrece sexo en la calle), pero no le fue muy bien. “Hasta las calles tienen dueñas celosas de su terreno, ellas me pegaron y me cortaron la cara y el cabello, así que decidí, por seguridad, entrar a un club”.
Julia teme por sus niños porque fue víctima de acoso varias veces. “Un tipo pensaba que yo era de su propiedad, gritaba por la calle que me había comprado y me perseguía. Dejo solos a mis hijos cuando trabajo y estaba aterrada por ellos. Una noche rompió los vidrios de mi cuarto, pero unas vecinas me ayudaron y luego me trasladé”. Dejar el oficio tampoco lo ve posible.
Cuatro muertes en 10 días
Entre el 18 y el 27 de mayo, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto realizó el levantamiento oficial de cuatro cadáveres de mujeres, trabajadoras sexuales, que ejercían en esa ciudad. Dos de ellas fueron asesinadas cuando desempeñaban su oficio, mientras que las otras dos se quitaron la vida.
En el primer caso, las víctimas tenían aproximadamente 25 años de edad. Una de ellas fue hallada por un guardia de seguridad en el lenocinio Trébol, ubicado en la zona 12 de Octubre, (la Ceja). La mujer aún tenía señales de vida cuando la encontraron tendida en el suelo, en un área privada del local. Había sido estrangulada.
Horas más tarde (también en la noche del viernes 18 de mayo) se produjo otro caso en el alojamiento El Cisne, ubicado en el mismo sector de la ciudad. Una mujer murió por asfixia; había sido maniatada y su cuerpo presentaba señales de violencia.
La Policía descartó que se trate de asesinatos en serie. El fin de semana del 26 y 27 de mayo, la FELCC informó del suicidio de otras dos trabajadoras sexuales. Ellas ingirieron órganos fosforados en una vivienda, de manera conjunta.
Características de su trabajo
Modalidades del trabajo • Copetinera (dama de compañía que se dedica a hacer beber a su acompañante); patinadora (ofrece sexo en la calle); dama de compañía (sólo acompaña y conversa a su cliente) y meretriz (trabajadora sexual en un local).
Servicios • Las trabajadoras sexuales tienen un arancel básico que depende de quién las maneje y que se incrementa según el servicio que demande su cliente.
Aranceles • Cobran diferentes precios por sus servicios, los cuales varían si se trata de mujeres bolivianas o provienen del extranjero. Según las entrevistadas, las extranjeras cobran más.
Seguridad • Existen algunos lenocinios donde se contratan guardias de seguridad para que cuiden y controlen a las trabajadoras, pero son la minoría. Lo que valoran es el control médico por el que reciben un carnet.
Las “dueñas” no entienden nada. “Si nos han golpeado y estamos mal, igual nos hacen trabajar”. María (nombre ficticio).