La literatura borgiana y la física de Einstein se complementan A partir de tres cuentos de Borges, Estremadoiro reflexiona sobre los enigmas de la relatividad del tiempo, lo onírico y lo real.
Hablar de Borges es complejo, no sólo por lo vasto de su obra sino por los múltiples estudios, investigaciones y ensayos que se han hecho sobre el erudito autor. Al mismo tiempo, después de leerlo, una no es la misma: habrá sido inundada por sus preguntas, sus delirios, sus perplejidades.
Uno de los temas más enigmáticos que plantea Jorge Luis Borges es la relatividad del tiempo, reflejada en la breve chispa de nuestra existencia, y en los mundos paralelos donde se confunden las medidas del tiempo y el espacio, y lo que consideramos realidad con los sueños. Así se destruyen las certezas de cualquier tipo y se nos revela el desgarro de la imposibilidad de conocerlos y conocernos. Todo ello se refleja en los cuentos El otro, Las ruinas circulares y La biblioteca de Babel, entre otros.
¿Qué pasaría si en una tarde de la vejez, de pronto nos encontramos con un muchacho de veinte años que es uno mismo? ¿Cómo se miraría uno? ¿Qué buscaría en su propio ser reflejado en otra persona, pero que es uno mismo, décadas antes?
Sobre estas preguntas indaga Borges en su magistral cuento El otro, que narra el encuentro ante un río, de un Borges setentón con otro Borges bordeando los veinte años, cruce que es atribuido a un sueño del Borges veinteañero, pero “colado” en la vigilia, en la “realidad” del otro Borges. Ambos, los dos Borges, tratan de entablar un diálogo, marcado por la perplejidad de vivir ese inusitado choque.
El coloquio gira en torno a las letras y entre lo que el viejo Borges advierte que va a vivir el inexperto joven. Se develan esos abismos que separan a ambos, expresados en ese río oscuro que va transcurriendo y que el hombre va recorriendo sin darse cuenta de que al otro lado de la orilla se ha convertido en “el otro”.
La inquietud de la relatividad del tiempo, la posible existencia de universos paralelos, demostrada en la física por Einstein, Stephen Hawkins, y desarrollada en la astronomía por Carl Sagan, revolucionó la filosofía, derrumbó sin piedad algunas certezas de la epistemología, echó en la cara de los empiristas y positivistas la imposibilidad de las certezas del método científico, pero sobre todo demostró la insignificancia de la existencia humana en el universo, una efímera lumbrera que es apenas una fracción de segundo del segundo del tiempo de lo infinito.
Lo paradójico es que ese corto despertar de la existencia humana abarca en nuestro interior mundos terribles y complejos, universos propios, con sus cataclismos, lo que también se refleja en este cuento de Borges. Por un lado, se presenta la relatividad del tiempo donde el pasado se cruza con el presente; pero por otro, se vislumbra lo que es ese transcurrir, ese vivir que deja huellas inmutables en el hombre.
Y ahondando en los mundos interiores, los espejos siempre han parecido un misterio. Al contemplarse en un espejo, no se puede evitar preguntarse si somos ese reflejo al otro lado, si esos ojos que diseccionamos son los nuestros. También a veces nos sentimos reflejados en los ojos de los seres amados, como en un espejo. En el cuento de Borges El otro, el joven escritor, parece representar el papel de ese espejo, que grita “¡mira, ese eres tú hace 50 años!” y viceversa, sin embargo los protagonistas se sienten muy ajenos, como frente a esa imagen artificial del espejo a la que además Borges le añade un ingrediente desgarrador y aterrador al decir, en la Biblioteca de Babel, que los espejos “fielmente duplican las apariencias”.
Las tres obras vienen a ser parte de una misma pregunta, en las que se confunden las fronteras entre lo onírico y lo real y dejan el sabor amargo y a la vez embriagador y maravilloso de la duda sobre lo verdadero o “tangible” de nuestro cotidiano existir. ¿Hasta qué punto si me lastimo un dedo, el dolor que sienta no es una apariencia? ¿Hasta dónde la desesperación o la alegría, los sentidos son reales? ¿Son los sueños irreales? ¿Son manifestaciones de lo “tangible”, o sea del cerebro? ¿Serán mundos paralelos? ¿Al soñar creamos a otros seres?
Eso parece preguntarse Borges en todos sus escritos. Y preguntas como aquellas vuelven a poner en duda nuestra posibilidad de conocer, nos alejan de la “materialidad” cotidiana, vale decir de lo que llamamos “tangible” y nos llevan por los caminos de los idealistas, muy bien clasificados por Francisca Noguerol, como los más tolerantes, porque al argüir la incapacidad de conocer a no ser representaciones, se destruye la posibilidad de las verdades absolutas: otra preocupación de Borges, el conocimiento termina siendo otra apariencia.
Seguramente esta duda en Borges fue lo que lo separó de otros escritores que creyeron en utopías, porque las utopías son la esperanza de que se cumpla una verdad, un destino absoluto, aunque éste sea el amor y la solidaridad rigiendo al mundo.
Como lo expresa en El otro, si bien Borges en su juventud navegó con ingenua expectativa por aguas utópicas, terminó convirtiéndose en ese “místico” que al buscar las respuestas se dio cuenta en la imposibilidad de alguna, a no ser su búsqueda misma.
Al respecto, este diálogo entre el joven y el viejo Borges es ilustrativo: “Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos los hombres. Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias. Tu masa de oprimidos y de parias —le contesté— no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien”.
Como “respuesta” Borges en Las ruinas circulares acaba con esta frase: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”.
Estantería
HISTORIA • Tras cinco años de estudio, el autor plantea su visión de las causas del atraso de Bolivia, achacándolo a las contradicciones en las relaciones entre las regiones periféricas, las clases sociales marginales y los grupos originarios con el Estado, contextualizado en la historia de Latinoamérica. Obras Completas. Volumen 4: Historia-Política. Isaac Sandóval Rodríguez. Industrias Gráficas Sirena. Santa Cruz, 2007.
ANÁLISIS • Esta obra ahonda en las aristas que hacen de la comunicación un arma de doble filo, imprescindible para la construcción de la ciudadanía, pero amenazada por la corrupción y el poder. Cultura de transparencia. El derecho humano a la información en el desarrollo de la ciudadanía en Bolivia (1997-2007). Carlos A. Camacho Azurduy. Hebrón Impresores. La Paz, 2007.
CUENTOS • En la búsqueda de las verdades esenciales del hombre, los siete cuentos plantean una reflexión sobre las paradojas del tiempo, sobre lo real y lo falso, evocando a Borges, Kierkegaard y Shopenhauer. Las tardes a las tardes son iguales. José Antonio Loayza Portocarrero. Editora J.V. Cochabamba, 2007.