Seguramente uno de los temas que despertará mayor debate en la Asamblea Constituyente es el tema de la reelección. Es un tema delicado en muchos niveles ya que en Bolivia siempre se intentó impedir la permanencia excesiva en el poder, buscando los caminos posibles para una continua alternancia dentro del marco de las reglas democráticas. Sin embargo, gran número de países, sobre todo vecinos, han optado por introducir mecanismos de reelección, sin que ello signifique buscar apoyar al gobernante de turno, politizando un debate que debería ser también técnico y de arquitectura política.
La Constitución Política del Estado establece que el Presidente de la República no puede ser reelecto, sino luego de un período constitucional, al finalizar su mandato. Esta prohibición constitucional buscaba evitar la posible utilización de las estructuras del Estado para una manipulación en beneficio del candidato gobernante. Evidentemente, el Estado ofrece muchas ventajas comparativas y una gran cantidad de recursos humanos y estructurales para desarrollar una campaña electoral. Al mismo tiempo, se buscaba otorgar estructuras que permitan el recambio de líderes en los diferentes aparatos partidarios, no dejando que una figura adquiera el monopolio de la representatividad. Curiosamente, el mecanismo boliviano se va convirtiendo en una excepción dentro del contexto internacional marcado por la posibilidad de la reelección y la segunda vuelta electoral.
Si bien las buenas intenciones están claras, aparecen evidentes las limitaciones en el actual mecanismo de no reelección. Por un lado, no se ha producido un real recambio de liderazgos, y al contrario, dentro de un sistema político todavía marcado por un caudillismo y autoritarismo, la figura del líder político se perpetúa ya no simplemente dentro de un período de gobierno, sino dentro del período legislativo siguiente, y dentro de una nueva candidatura posterior. Así tenemos líderes partidarios que durante 15 ó 20 años se mantienen como candidatos únicos de su tienda política, lo que ocasiona la perpetuación en el poder, que era uno de los problemas que quería ser subsanado.
Por otro lado, resulta evidente que en la actualidad un período de gobierno de cuatro o cinco años no parece suficiente para aplicar muchas reformas estatales que requieren mucha reflexión. La posibilidad de contar con un período de gobierno que pueda acceder solamente a una reelección parece dar la oportunidad para que una buena gestión presidencial tenga el tiempo suficiente para la aplicación de sus políticas y para que luego de dos períodos sucesivos, se pueda proceder al cambio de liderazgo tan saludable para cualquier oferta política.
*René Cardozo
es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de
Estudios Políticos de París.
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