Tengo la suerte de tener muchas amistades. Las tengo entre los Layme, Jucumani, Qaqachaca, Carangas, Coripata, Omasuyos y mantengo las que construí en mi colegio, el Saint Andrews, y entre la gente de la zona Sur específicamente de Obrajes, Calacoto y de la calle 21, donde vivo.
Cuando estoy entre aymaras y quechuas, a veces, escucho “el q’ara, q’ara nomás es” y muchas veces pregunté ¿yo también soy q’ara? La respuesta normal es “no, tú eres janq’u” (blanco).
Entre mis amistades de clase media hay miedo, pues sostienen que mis amistades originarias son racistas, pero no generalizan. Mis amistades aymaras y quechuas me dicen, por el otro lado, “los q’aras nos hacen a un lado” “nos discriminan”, pero tampoco generalizan.
Por el otro lado, amistades originarias de tierras bajas me dicen “los colonos nos tratan mal”. También, varios compañeros y compañeras de clase media, gente de izquierda, que se rajó años luchando por la libertad y que ahora están en el gobierno, en voz baja me dicen: “Me tratan de q’ara, me tratan de neoliberal pues soy de clase media”.
¿Qué nos está pasando? ¿No tenemos a nadie que pueda tender puentes entre bolivianos de todas las historias? ¿Por qué tanto miedo y tanto ataque al diferente? Yo estoy seguro y quiero seguir sintiéndome así, tanto que sé que el presidente Morales como el canciller Choquehuanca no son racistas. Y no hay ningún pero. Creo que ellos tienen en sus manos la construcción de un país de bolivianos en el cual aymaras, quechuas, mestizos, guaraníes, blancos, es decir, bolivianos y bolivianas de todas las historias, nos juntemos a construir —por fin— una patria común.
Lo que nos une es ser bolivianos. Lo está demostrando la manera cómo, absolutamente todos, nos llenamos de bronca cuando conocimos la noticia que la FIFA prohíbe competencias internacionales de fútbol en ciudades por encima de los 2.500 metros de altura. Aymaras, blancos, quechuas, mestizos, cambas, chuquisaqueños, todos, hemos respirado injusticia y estamos al unísono, protestando.
¿Qué pasará cuando esto termine? ¿Volverán a tratarnos de indios o de q’aras? Menos mal que tenemos a los constituyentes que están obligados a entregarnos las bases de un acuerdo nacional para impedir que sean las banderas racistas las que lideren la confrontación nacional, que sería —sin lugar a dudas— la final.
La Asamblea nos tiene que dotar de nuevas reglas. ¿Nuestro problema principal es el racismo? Creo que sí, por ello, metodológicamente, todo el texto constitucional tendría que estar atravesado por una mirada antirracista que asegure que todos tendremos la posibilidad de vivir en paz. Luego de haber insertado un texto constitucional que nos garantice que los bolivianos, de todos los orígenes e historias, tenemos un espacio en nuestro territorio, la nueva Constitución tendría que dar paso a un cuerpo de leyes que asegure que el racismo sea castigado.
¿Hay racismo en Bolivia? Sí, existe. ¿Hay racistas en nuestra patria? Sí, los hay. ¿Qué hacemos con ellos? En primer lugar, desenmascararlos y luego castigarlos. ¿Cuál es el mejor castigo para un racista? Obligarlo a abrazar a su diferente, quizá, poco a poco, lo entienda y se descubra a sí mismo. ¿Es mucho pedir?
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