La crisis de credibilidad que aún sacude al Banco Mundial no sólo es fruto del cambio de liderazgo en ciernes tras la anunciada renuncia de su actual presidente, Paul Wolfowitz. En realidad, como ha advertido ya su Junta de Directores, dicha crisis es el resultado de estructuras de gobernabilidad que deben ser revisadas y que, a juicio de muchos, no responden a la realidad política del siglo XXI. El Banco Mundial no escapó a la globalización, que, como bien sabemos, abre oportunidades, pero también cuestiona las estructuras que prefieren el inmovilismo.
Pretender salir de esta crisis mediante una respuesta burocrática sería fingir que nada ha pasado. No podemos dejar de ser críticos con nuestra institución, ni ignorar a quienes nos cuestionan: el Banco Mundial promueve el diálogo y por ello hay que escuchar. Tenemos que ver hacia el futuro, dar el primer paso tras la tormenta, y asegurarnos de que las decisiones se tomen con base en consultas significativas y con una amplia legitimidad. También debemos contar con sistemas de rendición de cuentas no sólo efectivos, sino que sean un ejemplo a imitar.
No basta con tener la noble misión de combatir la pobreza, si ello no está acompañado por los mecanismos adecuados para esta época. El actual diseño de gobierno del Banco Mundial aún está basado —en buena parte— en realidades de tiempos pasados, que respondían a una situación histórica muy diferente a la actual. Este hecho generó limitaciones que ahora impiden un posicionamiento óptimo de cara a los objetivos que la institución se ha propuesto.
Sin embargo, también es cierto que el Banco Mundial se ha modernizado en muchos aspectos. Hoy está más cerca de sus países socios, a quienes consulta y con quienes dialoga cuando diseña su estrategia. El Banco Mundial de hoy es menos burocrático que antes y basa su acción en resultados. Sólo como ejemplo de ello, desde la década de los 90, ha apoyado diversos programas latinoamericanos, cuyo impacto en la reducción de la pobreza está documentado, y contribuye a crear soluciones innovadoras a problemas de interés global.
El fortalecimiento institucional, una buena gobernabilidad y las prácticas anticorrupción seguirán siendo una prioridad para el Banco Mundial. La crisis interna por la que acabamos de pasar, es una muestra irrefutable de que la institución quiere transparencia y rendición de cuentas dentro de casa. Desde hace una década, estos temas son centrales en la agenda de diálogo con nuestros socios de la región, por propia iniciativa de los países que buscan la consolidación del sistema democrático.
Conscientes de que las decisiones sin consulta previa y de que las acciones sin la necesaria legitimidad están condenadas al fracaso, pusimos esta agenda en el debate con la participación de actores diversos del mundo gubernamental y no gubernamental, quienes reafirmaron la centralidad de esta temática como un eje de la estrategia regional de desarrollo en el mediano y largo plazo.
Para desempeñarse bien, las instituciones de desarrollo del siglo XXI deben responder a las demandas de sus socios, tienen que concentrarse en los temas que son la preocupación de la ciudadanía, deben ser técnicamente solventes y trabajar con múltiples aliados, siendo ágiles en la ejecución de sus mandatos. Hacia ahí vamos. Para ello trabajaremos aún más de cerca con los gobiernos, la sociedad civil y todos los posibles socios interesados en el desarrollo.
No basta con mirar la paja en el ojo ajeno. Es cierto, la buena gobernabilidad comienza por casa y por ello es necesario poner orden como ya se lo ha hecho.
Sabemos con certeza cuál es el camino que debemos seguir: tenemos la voluntad de recuperar la confianza de nuestros socios y contrapartes, no sólo con palabras, sino con hechos. Quienes estamos realmente comprometidos con los objetivos de esta organización, nos encargaremos de que el Banco Mundial emerja de esta crisis como una institución más fuerte y efectiva, de tal forma que los países de la región puedan contar con nuestro apoyo en sus esfuerzos para reducir la pobreza y la desigualdad, y asegurar una mejor calidad de vida para todos y todas.
*Pamela Cox es vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.
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