No se trata de un análisis legalista, se trata de un estilo de vida, de principios y de valores básicos de la democracia... El país ha llegado a un punto donde ya no se pregunta lo bueno o lo malo de la vieja Bolivia respecto de la “nueva Bolivia”, se pregunta ¿qué de bueno nos espera en Bolivia? Aunque hay muchos que consideran que hoy estamos mejor que ayer, todavía quedan algunas personas objetivas que saben que no se trata de enfrentar las corrientes ideológicas, se trata de construir un país con base a aciertos más que usar insultos y palabras peyorativas. Es necesario recuperar la brújula y por supuesto la sensatez.
Sin duda el neoliberalismo ha traído beneficios y también ha sido una fuente de errores o desaciertos. Por un lado, por quienes lo han defendido a ultranza; por quienes lo han implementado siguiendo una receta inaplicable en nuestro país desconociendo nuestra realidad económica y social; por quienes lo han defendido confundiendo el instrumento con los fines, y también por quienes lo han deformado para dar lugar a presiones sociales, a grupos de interés y prácticas corruptas que no son parte de éste ni de ningún otro sistema.
Frente a esta situación, han surgido “los salvadores de siempre”, los que critican todo lo que se ha hecho antes, los que revolucionan lo que no entienden y los que proponen otras nuevas recetas igualmente inaplicables a nuestra realidad. Además, una característica interesante de éstos es que para lograr sus objetivos utilizan todos los medios válidos, es decir no respetan la institucionalidad, no respetan las leyes, no respetan las entidades y no respetan a las personas, porque según ellos buscan “lo mejor” para el país. Sin embargo, exigen respeto para sus ideas, utilizan la ley para sus fines y manipulan a las personas y las opiniones para ajustar el discurso más cerca de sus objetivos. Cuán conocidos son estos individuos convenencieros y faltos de autoridad moral, que cuando se acaban sus ideas recurren a la subversión, a las armas y a la dinamita. El paro y bloqueo ya ha sido superado, hoy día es mejor usar o ser “poncho rojo”; en pocas palabras, o entiendes lo que yo digo sin preguntar o eres enemigo del país.
Con este nuevo estilo de hacer las cosas han desarrollado el neototalitarismo: en democracia se ocupan de destruir las instituciones, de negar u olvidarse de la ley, de los contratos, de gobernar por decreto, de impedir las opiniones, de censurar las posiciones contrarias, de irrespetar los derechos y de pensar que existen y se pueden aplicar leyes o disposiciones a su medida, a su gusto o mejor, las que la “nueva Bolivia” requiere para su mal entendida y mal planteada “revolución”.
A quienes defienden, interpretan y buscan que se aplique la ley, los neototalitarios los llaman: neoliberales, traidores de la patria, corruptos, oligarcas, antirrevolucionarios y otras necedades de su neodiccionario. Una clara muestra de esta situación es la que atraviesa en este momento la justicia de Bolivia.
No se trata de defender lo indefendible, si hay ineptos deben ser separados, si hay corruptos deben ser sancionados, si hay anacronismo deben ser modernizados; pero nunca deberían ser perseguidos, acusados, buscados como delincuentes o juzgados sin el debido proceso cuando emiten una opinión por demás sensata y racional. Demás está señalar que el problema ha trascendido el ámbito del Tribunal Constitucional, de la Corte Suprema, del Sistema de Justicia; es un problema de un poder del Estado, el cual se pretende al viejo estilo de los neoliberales, asaltarlo nombrando a los neototalitarios, a sus simpatizantes y a los hombres de la revolución, sin importar si conocen o no del tema; el requisito más importante es que sepan seguir órdenes, ésos son los hombres valiosos de la revolución.
No es posible concebir un país sin independencia de poderes; no se debe permitir a los neototalitarios el control del sistema de justicia, sería para el país, para los individuos, parar las instituciones, para las empresas, para los inversionistas y para cualquier ciudadano y sus familias el fin de la justicia y de sus derechos y el principio de la tiranía de los neototalitarios.
No se trata de un análisis legalista, se trata de un estilo de vida, de principios y de valores básicos de la democracia, no es un tema de los abogados, es de la población del país en su conjunto, hace también a los mal llamados originarios. Por cierto, en esta crisis, ¿dónde están los abogados?
*Óscar Aguilar fue vicepresidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB). Escribe desde Lima.
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