Primero, fue una larga y costosa campaña cargada de ideología y medias verdades en contra del ALCA; después, en contra de un TLC con los EEUU; ahora parece ser que el turno es de la Unión Europea.
Dijo Jesucristo: “por sus frutos los conoceréis”. ¿Cuál es el resultado de todo esto?¿El andar “mendigando” la extensión del ATPDEA para que el valor agregado de nuestras manufacturas —el trabajo de las manos de los bolivianos y de las bolivianas— pueda seguir ingresando al mercado más grande y mejor pagador del mundo, mientras otros países generan más empleos, apostando inteligentemente en función de ese mercado?
Es lamentable que el turno le haya tocado a Europa. Cambian los países, pero no los actores, pues se mantienen los denostadores de las exportaciones, del comercio, de la integración, del mercado; aquellos actores apologistas de un Estado eficiente que nunca fallará en abastecer de servicios y productos básicos a la población; que no caerá en la corrupción de siempre; un Estado idolatrado que, además, perpetúe por siempre… la pobreza de la gente. Esos viejos actores, anclados en sus propias frustraciones, idealistas —rayados en la ingenuidad— incoherentes entre su discurso y el tipo de vida que llevan, se parapetan en lo incógnito, escribiendo cosas como: “Acuerdo CAN-UE: Es un mito eso de que los europeos son más ‘civilizados’ y ‘humanistas’ que los estadounidenses”. Es lamentable que el turno sea ahora de la Unión Europea. El turno de vernos una vez más, desorientados, moviéndonos bajo consignas, creando más anticuerpos con otros países a quienes estamos perjudicando, al mismo tiempo que hipotecamos nuestras posibilidades de desarrollo futuro.
Estos mismos expertos, asesores —nacionales y extranjeros— están complicando innecesariamente al Gobierno con sus malos consejos, cuando lo lógico hubiera sido sentarse a negociar con inteligencia. La incongruencia de su discurso es tal, que para explicar el incomprensible bloqueo del inicio de la negociación CAN-UE, se dice que “se está tratando de proteger al campesino, al pequeño empresario, al artesano”, entonces, salta la pregunta ¿por qué estos mismos consejeros se empeñan en que Bolivia ingrese al Mercosur como miembro pleno, cuando la propia Unión Europea —esa de la que queremos proteger a nuestros “pobrecitos productores”— ve al Mercosur como una amenaza productiva?
Hemos dicho no al ALCA, y hemos ingresado al ALBA. Hemos dicho no al TLC y hemos firmando el TCP. Y, ahora estamos poniendo en riesgo un mercado de 400 millones de dólares como el de la CAN, al ganarnos el desafecto de varios países, y despreciamos un mercado de 500 millones de personas como el de la UE, porque algunos no se sienten capaces de negociar nuestros intereses. ¿Estamos haciendo bien las cosas? ¿Todo el mundo está equivocado cuando quiere negociar con los EEUU y la UE? ¿Qué buenos negocios se hacen con Venezuela y Cuba? ¿Se ha informado al presidente Morales que el TCP sigue haciendo cuesta arriba nuestras exportaciones a Venezuela, y que a Cuba no se le ha exportado un solo dólar?
Se dice que el mercado de la UE está garantizado a través del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), cierto, “tan garantizado como nuestras ventas a los EEUU a través del ATPDEA…”. Lo que no se dice —tal vez por desconocimiento— es que el SGP no es permanente, que su vigencia y alcance depende de quien lo cede, para lo que hay que cumplir 27 convenios internacionales y tenerlos todos vigentes (¿los tenemos?).
Además, el SGP es “revisable” cada tres años, debiendo hacerse esto el 2008; por tanto, nada garantiza que el SGP seguirá igual para nuestras ventas futuras. Este tipo de aseveraciones, además de parciales, son estáticas. Marcan ciertamente, una diferencia entre quienes están dispuestos a arriesgar su capital, su familia e incluso su salud, para aportar al país invirtiendo, produciendo, exportando, generando empleo y bienestar, con quienes se conforman con la comodidad de un escritorio, haciendo una inadecuada lectura de los tiempos que vivimos.
Para hacer lo primero, son imprescindibles los acuerdos comerciales que den estabilidad al libre acceso, más allá de la voluntad de mantener una preferencia unilateral. Para lo segundo, solamente es necesario pertenecer a alguna organización que dependa, no de un trabajo creativo, sino de la dádiva externa.
* Gary A. Rodríguez A.
es gerente general del Instito
Boliviano de Comercio Exterior.
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