Los ministros tienen bases socialista Tres colaboradores de Evo Morales vivieron en el área rural, pasteando ganado, algunos trabajaron desde niños en diferentes oficios y otros aprendieron a luchar contra las dictaduras desde las universidades.
Nueve miembros del gabinete de Evo Morales abrieron sus puertas a La Razón para hablar de sus vidas. Recordaron su infancia, su juventud y su llegada al Gobierno, revelando un rasgo común no obstante sus distintas experiencias: su contacto con las ideas socialistas y su procedencia de familias de clase media para abajo.
Para ellos, su origen, además de un orgullo, es una ventaja, porque les permitió estar desde muy pequeños en contacto cercano con la realidad del país.
Por ejemplo, los ministros de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca; de Servicios y Obras Públicas, Jerjes Mercado, y de Justicia, Celima Torrico, son de ascendencia campesina. Tuvieron que batallar en el campo para sobrevivir y en base a esfuerzos lograron formarse política, profesional y sindicalmente.
La vida de los ministros de Salud, Nila Heredia; de Defensa, Walker San Miguel; de Gobierno, Alfredo Rada, y de Minería, Luis Alberto Echazú, estuvo marcada por el sello de la dictadura. Aunque de diferente manera, esa etapa influyó en su Formación política y alentó su rebeldía.
Los ministros de Planificación, Gabriel Loza, y de Desarrollo Rural, Susana Rivero, tuvieron una formación más técnica que política. Sin embargo, en todos los casos hubo simpatías con los proyectos políticos de izquierda, lo que finalmente les llevó a ocupar un cargo en el gabinete.
Las adversidades impulsaron a Mercado
Apenas cumplió los seis meses se quedó sin su padre, por una ruptura familiar, y a los 11 años perdió a su madre, lo que no sería un obstáculo para Jerjes Mercado, un cruceño que desde que tiene uso de razón trabajó cultivando la tierra, ordeñando vacas, vendiendo periódicos o cargando cosas. A sus 37 años se declara satisfecho porque, además de ser un profesional, cumplió con su objetivo de trabajar por su patria.
Rememora su historia y recuerda que creció criando cabras, cultivando maíz y yuca junto a su abuela en el Monte Hoyos, donde nació, una población pequeña ubicada aproximadamente a unos 50 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz.
Su primer oficio remunerado fue a sus siete años, cuando un tío le contrató para que ordeñe vacas. Por el trabajo recibía como pago un litro de leche de las vacas que ordeñaba y algo de dinero.
Jerjes tiene pocos recuerdos de su madre, pues a sus 11 años quedó huérfano. “Recuerdo que mis compañeros de curso me decían qué pena, que no voy a poder seguir estudiando porque mi madre ha muerto, y yo les contestaba que la muerta era ella y no yo, entonces seguí estudiando”.
Con esa premisa, a sus 12 años huyó a la ciudad de Santa Cruz para seguir sus estudios, porque en su pueblo sólo había hasta séptimo curso. A esa edad el único trabajo que consiguió para subsistir fue como lustrabotas y vendedor de periódicos.
Luego se fue con su padre a Puerto Pailas, donde estuvo dos años, y luego retornó a Santa Cruz, porque consiguió una beca; entonces comenzó a trabajar como promotor de singanis y vinos y luego como cargador en el Parque Industrial. Posteriormente consiguió otra beca en la Universidad Evangélica para estudiar periodismo. En ese ínterin se postuló a otra beca en la Unión Soviética y la consiguió.
“Yo me considero un hijo de las becas, porque si no hubiera sido eso no habría podido estudiar”, recuerda Mercado, que ahora es ingeniero eléctrico y que, pese a que en Rusia su vida no fue fácil, consiguió graduarse y encontrar un buen empleo. Sin embargo, dice que la deuda que sentía que tenía con el país le hizo retornar.
Fue dirigente sindical desde los 14 años
Ajetreada entre reuniones de trabajo y llamadas de sus hijos, Celima Torrico accede a dar una entrevista a La Razón para recordar cómo fue su vida.
Para ella, según relata, no es difícil cumplir con los requerimientos y exigencias del Presidente y de su despacho, pese a combinar esta labor con su papel de madre de tres niños.
Recuerda que desde que era adolescente asumió responsabilidades en su comunidad, Chilijchi, ubicada en la provincia Carrasco de Cochabamba, donde nació y estudió hasta quinto de primaria. En su hogar, tanto ella como sus hermanos tenían labores que cumplir.
“Mi madre es Hilda Rojas y mi padre Ricardo Torrico, ellos eran agricultores. Tengo cinco hermanos, una es inválida y otra murió en Argentina cuando buscaba trabajo”, señala la ministra.
Hasta los 12 años de edad dedicó su tiempo a la escuela y a trabajar, llevando a pastear el poco ganado que poseían sus padres. Esta actividad de todos los días era compartida con sus hermanos, con quienes además preparaba la merienda que calmaba su hambre en el campo.
Entonces, una dura sequía afectó a su comunidad, la cual se tuvo que organizar para exigir ayuda al gobierno del entonces dictador Luis García Meza. Con esa experiencia prematura de actividad sindical, al cumplir 14 años Torrico fue elegida Secretaria de Actas del Club de Madres de su comunidad.
A partir de ese momento empezó su carrera sindical, política y radialista, como conductora de programas en quechua en una radio provincial, y luego fue dirigente de la Federación de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa.
El 2000, año en que culminó el bachillerato en cursos acelerados, la eligieron consejera departamental por Cochabamba.
Con el título de bachiller estudió para técnico en Participación Popular. Hoy, Celima Torrico distribuye su tiempo entre su familia y sus obligaciones como Ministra de Justicia. Con nostalgia cuenta que “es muy duro no darles más tiempo a mis wawas (hijos), a veces se enferman y no puedo estar con ellos, pero también saben que tengo en mis manos una gran responsabilidad”.
Los escenarios políticos marcaron a Walker San Miguel
Rodeado de acontecimientos políticos, sindicales y sociales creció Walker San Miguel, actual ministro de Defensa. Este paceño que vivía en pleno centro de la sede de gobierno (calle Inca, cerca de la plaza Alonso de Mendoza), estaba acostumbrado a los petardos y gritos de las diferentes movilizaciones. Siempre que podía salía de su casa a presenciar esos hechos que en ese entonces apenas entendía.
“Recuerdo cuando toda mi familia salió a ver el cortejo fúnebre del presidente Barrientos (René), eso me impactó, yo tenía seis años”, rememora.
Es hijo de Simón San Miguel y Marina Rodríguez. Su infancia la pasó más con su único hermano Erick y su abuela, pues sus padres al ser funcionarios públicos casi no estaban en su hogar.
Estudió en el colegio San Calixto de donde salió bachiller; sin embargo, recuerda que no fue una vida tranquila porque siempre estaba presente el temor de los golpes de Estado. “Era una época difícil, muchos de nuestros compañeros no terminaban el bachillerato porque sus padres eran exiliados. Mi infancia estuvo marcada por los escenarios políticos”, afirma, y argumenta que fue testigo de la intervención que se hizo a la radio Fides, de la muerte del padre Luis Espinal y de las movilizaciones para recuperar la democracia.
Luego de salir bachiller (1981) estudió Derecho en la Universidad Mayor de San Andrés.
Fue allí donde forjó sus primeras armas como líder, pues llegó a ser dirigente universitario. En 1984 comenzó a trabajar en el Banco Central de Bolivia; sin embargo, por la política relocalizadora de Víctor Paz Estenssoro, salió de esa institución. Estudió en la Academia Diplomática por dos años, pero no pudo concluir pues se dedicó a trabajar en la universidad como secretario académico y como docente.
Fue presidente del Colegio de Abogados de La Paz y creador de la Gaceta Jurídica. Es padre de dos niños y dice que se siente orgulloso por aportar en los cambios que hoy se viven en el país.
E l viento del altiplano soplaba sus mejillas de niño campesino, la luna era su cómplice para pescar en el río y cuando la energía eléctrica llegó a su pueblo fue una novedad que le sacó de su rutina diaria de trabajar y estudiar. Así creció el canciller David Choquehuanca, en medio de la naturaleza y la disciplina familiar de los aymaras y quechuas. Además, recibió amplia formación religiosa pues sus padres eran bautistas.
Nació en 1961 en la comunidad Cota Cota Cota Baja, provincia Omasuyos de La Paz, cerca a las orillas del lago Titicaca.
“Desde niño empezamos a asumir responsabilidades, mi papá era un experto cunicultor aparte de ser artesano, con la lana del conejo hacíamos prendas de vestir y desde niños empezábamos a tejer. A los siete años mi responsabilidad era no hacerle faltar agua a los conejos. Teníamos más de 40 conejos angora”, recuerda el Canciller. Ese trabajo luego fue heredado a su hermano menor y él asumió otras responsabilidades en la comunidad.
Estudió en la escuela de Cota Cota Baja. Allí aprendió a hablar el castellano con ayuda de su madre, “porque hablar en aymara era discriminación, pero cuando jugamos era en aymara, las reuniones de la comunidad también son en aymara”.
Salió bachiller en el colegio José Miguel Lanza (Huarina).
Su vida empezó a cambiar en tercero de secundaria cuando un profesor de Filosofía habló (a sus alumnos) de la dialéctica, su vida nunca más sería igual. Desde entonces comenzó su vida sindical pues formó la Federación de Estudiantes de su colegio y se formó en diversos grupos de estudio, estuvo en la normal Simón Bolívar, viajó a Cuba a pasar un curso de Economía Política. Aunque eso no logró hacerle marxista. “Yo no soy marxista, yo no soy socialista. Para nosotros los indígenas, lo más importante es la vida”, dice ahora a sus 46 años y con tres hijos.
Luis Alberto Echazú, actual ministro de Minería y Metalurgia, nació en Sucre, es el menor de cuatro hermanos. Procede de familias del sur del país; su padre, Alberto Echazú Donoso, tarijeño, y su madre, Alicia Alvarado Daza, nacida en Sucre. Por la rama paterna se halla vinculado a intelectuales y escritores como Octavio Campero Echazú, Roberto Echazú y Édgar Ávila Echazú.
Inició sus estudios en Sucre en la escuela Hernando Siles, prosiguió en el colegio Alemán y cuando su familia se trasladó a La Paz, logró el bachillerato en el colegio Hugo Dávila (1967). Ya en colegio, manifestó su condición de liderazgo, como dirigente de este centro educativo.
Desde muy joven, tuvo una intensa afición por el deporte y la música. Formó parte de varios grupos artísticos e incluso grabó dos CDs de música folklórica boliviana y latinoamericana con el grupo “Canto sin Fronteras”.
Echazú se daba tiempo para todo, practicaba voleibol y fútbol durante muchos años, incluso fue titular del club Ingenieros de Oruro y participó en campeonatos de la primera división de 1968 a 1970. Además, fue fondista y nadador; según cuenta, en una oportunidad logró cruzar el río Mamoré a nado.
Su liderazgo se acentuó en la universidad, donde estudió Ingeniería Metalúrgica. Fue secretario ejecutivo del Centro de Estudiantes de Ingeniería y de la FUL. Además, miembro de la COD.
Sufrió dos exilios, en 1974 y 1978. En Suecia continuó estudios superiores, logrando la especialidad en Siderurgia.
De retorno al país, se dedicó a su profesión, la actividad intelectual y la docencia. Además, escribió varios libros. El actual ministro está casado con Dora Camacho Bustíos, tiene tres hijos: Susana, ingeniera de sistemas; Gabriela, bióloga y el menor Luis Alberto, en secundaria. Antes de ocupar su actual despacho, fue viceministro de Minería.
Loza se formó en Chile y militó en la juventud socialista
Sus padres le dejaron su mejor herencia: sus estudios. Desde niño, cuando comenzó sus estudios en el colegio Piloto Ademar Gaín, Gabriel Loza Tellería pasó por reconocidos centros de formación y, al igual que otros ministros, recibió la influencia de la izquierda, aunque no en Bolivia sino en Chile
Gracias a una beca del Ministerio de Educación ingresó en cuarto de primaria al colegio La Salle, de donde salió bachiller, aunque luego la secundaria “fue pagada por mis padres”, recuerda el ahora Ministro de Planificación y Desarrollo.
Luego estudió en Chile, “también con el esfuerzo de mis padres”, donde se licenció en Economía. Cuando estudiaba Ingeniería Comercial en ese país, hubo un golpe militar y retornó a Bolivia para culminar sus estudios en la Universidad Católica.
“Desde mi juventud tuve mis inclinaciones y preocupaciones en favor del país, en Chile fui militante de la Juventud Socialista, posteriormente retorné a Bolivia. Después de concluir mis estudios de licenciatura hice una maestría en Venezuela, en Administración de Empresas, con la mención de Integración Económica”. Luego de su formación profesional, Loza decidió trabajar en el país y consiguió ser Jefe de Política Comercial en el área de Comercio Exterior del Gobierno.
“En esa época entré al MIR, al Frente Obrero, donde estaba Pedro Mariobo, Juan del Granado y el actual ministro de Trabajo, Wálter Delgadillo; fue el año 1978. El 82 (1982) en el gobierno de la UDP participé en el gabinete como subsecretario de Comercio. Estuvimos 100 días, porque después el MIR decidió salir del gobierno”, recuerda.
Luego trabajó en el Ministerio de Planificación, en el Acuerdo de Cartagena en Perú y desde 1983 hasta 1989 en el Pacto Andino. Después, volvió al país y se sumó al MAS por invitación de Álvaro García Linera. Ahora es estratega del Gobierno.
Rivero aprendió el servicio social de la Iglesia
No pasó grandes necesidades como otros de sus colegas, pero no le fue fácil obtener su título de abogada con excelencia, porque además de sus estudios tenía que atender el trabajo y a sus dos hijos.
Susana Rivero, actual ministra de Desarrollo Rural y Agropecuario, se comprometió con las reivindicaciones indígenas fruto de sus buenas notas universitarias que le consiguieron un trabajo en una ONG que incubó a varios funcionarios públicos. Esta beniana nació el 8 de diciembre de 1971 en Trinidad, acompañada de sus tres hermanos, su madre, una maestra, y su padre, un empresario.
“Tuve una infancia feliz... estudié en un colegio de monjas, soy católica, creyente, fui catequista, desde ese momento puse en práctica mi vocación de servicio y siempre mis perspectivas profesionales o individuales estuvieron enfocadas en favor de los demás”, afirma.
Estudió Derecho en la Universidad del Valle. “Fue muy difícil esa etapa de mi vida, porque ya era madre; estudiaba y trabajaba y, pese a ello, me gradué por excelencia”. Justamente esa excelencia hizo que consiga trabajo con rapidez, pues sus propios catedráticos la invitaron a trabajar en el CEJIS, “una institución privada sin fines de lucro que se dedica a la defensa y la promoción de los derechos humanos”.
Durante los últimos años elaboró varias propuestas normativas en función de los derechos de los pueblos indígenas.
A Rivero no le gustan las “medias tintas”, como ella dice, y por eso se considera un “soldado de esta revolución y, por lo tanto, estoy a disposición de la misión”.
Como madre, afirma con orgullo que tiene “dos hermosos hijos, no me gusta la vida social, no tengo muchos amigos, mi vida la he dedicado a mi trabajo y a mis niños. Me gusta el campo y siempre que tengo un poco de tiempo saco a mis hijos para visitar diferentes comunidades”.
Luis Espinal y Quiroga Santa Cruz forjaron a Rada
El sacerdote Luis Espinal, que lo educó de niño, y la oratoria de Marcelo Quiroga Santa Cruz inspiraron y alimentaron el compromiso político del actual ministro de Gobierno, Alfredo Rada Vélez.
La autoridad, que nació hace 41 años en La Paz, pasó la mayor parte de su vida en la zona de Sopocachi, desde donde se trasladó cada día, durante 12 años, al colegio jesuita San Calixto. Fue precisamente allí donde comenzó su formación política cuando tuvo por maestro al sacerdote, víctima de la dictadura, Luis Espinal.
Años más tarde, el joven estudiante halló otro referente en el discurso del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Su vida laboral comenzó a los 17 años como auxiliar bancario en el Big Beni, continuó sus estudios en la Universidad Mayor de San Andrés y luego en Ecuador, en Sociología y Economía.
En los años 80 fue militante de izquierda y dirigente universitario. En 1992 se incorporó a los equipos de organización y apoyo al acto de desagravio de los 500 años de la llegada de los españoles a América.
Fue en este proceso donde se contactó con la dirigencia campesina y empezó su carrera de asesoría a las organizaciones campesinas e indígenas, además de sindicatos urbanos.
Tres años más tarde presenció de cerca la fundación del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), y desde entonces formó parte de las campañas del Movimiento al Socialismo, en 1999 y el 2002.
Como le enseño su maestro Espinal, considera que el concepto del éxito “no debe ser individual, sino considerar a la persona como parte de un todo”; así recuerda la frase de su mentor: “Gastar la vida por los demás”.
Desde que fue viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales y hasta ahora, es uno de los hombres más importantes del Gobierno.