Los médicos hallan al menos 3 males en el varita de tránsito La Razón solicitó un estudio sobre la salud de dos agentes de parada. Según los resultados, uno presenta várices, otro hongos en los pies, y ambos desórdenes auditivos, afecciones asociadas a su oficio.
Su jornada laboral comienza a las 6.30 en el primer turno, momento en que los vehículos empiezan a circular por La Paz, y con ellos el ruido, el congestionamiento y el estrés se incrementan. La situación empeora si una protesta copa el centro, ello sin contar con el clima, que frío o caluroso, no le impiden realizar su trabajo.
Como consecuencia de tanta “agresión externa”, la labor de un agente de parada o varita, como la mayoría los suele llamar, no siempre resulta fácil, y por sus características conlleva una serie de problemas para su salud, que si bien no son necesariamente crónicos, son típicos del oficio y podrían, a la larga, traducirse en un daño permanente.
Esa es, al menos, la constatación a la que llegó La Razón tras conocer en detalle el tipo de trabajo que dos funcionarios del Organismo Operativo de Tránsito de La Paz desarrollan, siempre de pie, durante 15 días consecutivos, con sólo una jornada libre en el intermedio.
Ambos narraron su experiencia en el ordenamiento del tráfico vehicular en una ciudad a la que los movimientos sociales no dan tregua; lo hicieron el viernes 25 de mayo mientras se dirigían al hospital San Gabriel, en la zona de Villa Copacabana de La Paz.
El objetivo era practicarles un examen en medicina general, otorrinolaringología y dermatología, para establecer en qué medida puede ocasionar problemas en su salud su trabajo.
Con 22 años de servicio en la Policía y 15 en Tránsito, uno de los efectivos, cuyas iniciales son A.P.G y tiene 44 años de edad, narró que, pese al desorden reinante en la ciudad, “uno poco a poco se acostumbra a los ruidos, porque rotamos en el radio urbano”.
Entre los recuerdos más recientes y a la vez desagradables de su oficio, cita que antes de la reinauguración de la avenida Camacho, cubrir las rutas adyacentes por donde se desvió el tráfico “era una tortura, por los bocinazos de los conductores del servicio público, en especial”.
Su colega, G.A.M, de 40 años, coincide en que ese sector, además de la Pérez Velasco, San Francisco, Sagárnaga, Figueroa, plaza Eguino, Buenos Aires, Tumusla, Montes, Pando y el Cementerio están entre los más complicados a la hora de hacer su trabajo. Ambos arguyen que la numerosa presencia de motorizados y de peatones hacen incontrolable la situación.
El panorama empeora cada vez que una movilización de algún sector social —lo cual sucede casi a diario— ocupa el casco viejo de La Paz y se ven en la necesidad de realizar cortes de rutas, lo que genera molestia en los conductores “que lanzan insultos y no comprenden la situación en que nos encontramos al hacer lo que debemos”, dijo A.P.G.
El día de la entrevista, ambos habían trabajado en el primer turno (de 6.30 a 12.30) y lucían agotados. Aquel viernes, el sol del mediodía, característico de invierno, los dejó laxados.
“Al llegar a casa me siento como si hubiera caminado 30 kilómetros sin descansar, totalmente cansado, ni siquiera se puede jugar con los hijos pues llegamos directamente a dormir”, comentó con desánimo G.A.M.
Su salud e integridad física también les preocupa.
“Estamos propensos a accidentes de tránsito y por estar mucho tiempo parados nos salen hongos en los pies. Yo estuve con tratamiento de un año pero ahora sigo igual”, recordó G.A.M.
El efectivo contó además que si bien el primer turno no es tan agotador y realizan su trabajo “relativamente tranquilos”, al pasar las horas resulta más pesado, porque el ambiente se carga de contaminante como monóxido de carbono y “el calor del asfalto provoca más calor y terminamos totalmente laxados”.
De acuerdo a A.P.G. el descanso es “cada dos semanas pero sufrimos por el frío, el calor y el sol, aunque con los años uno se va acostumbrando. Las molestias al oído son por el constante uso de las bocinas de los conductores particulares y públicos”.
Tras recoger su relato, cuatro días después, este medio recibió los resultados de los exámenes médicos. En el campo de la otorrinolaringología, el especialista Freddy Colomo señaló que ambos precisan exámenes complementarios para determinar si sufren desórdenes auditivos a raíz de un trauma acústico, pues detectó la evolución de un problema en ambos, aunque con diferente tiempo de evolución.
En su criterio, sin los exámenes específicos no se puede determinar si el trabajo que desempeñan es la causa del problema, pero aclara que “coadyuva al estar expuestos al ruido ambiental y los constantes pitos. Además, ambos remitieron que disparan armas de fuego”.
Por su parte, la dermatóloga Verónica Lahore explicó que por el constante uso de las botas detectó hongos en los pies de uno de los efectivos. De acuerdo al comandante de Tránsito de La Paz, coronel Freddy Aguilar, la dotación de botas y de uniformes a los efectivos es anual.
También se evaluó las posibles consecuencias para su piel al estar expuestos por mucho tiempo al sol. Lahore indicó que no detectó esta anomalía en ninguno, aunque es muy probable que los varitas de tez más blanca tengan un efecto posterior, dijo.
El médico general Javier Arene detectó várices en uno de los agentes de parada. Arene sostuvo que este padecimiento es frecuente en los varitas y guardias de seguridad, porque permanecen parados mucho tiempo.
De hecho, la jornada laboral de seis horas a veces se amplía a un servicio extraordinario, según relató uno de ellos.
En la Unidad Operativa de Tránsito los turnos y rotaciones se realizan de acuerdo a rol entre unos 80 varitas. Los efectivos confirmaron que los turnos más agotadores son el segundo y tercero, hasta las 22.00. Aguilar sugiere que para mejorar esta situación, la Dirección Nacional de Salud de la Policía debe emitir recomendaciones para la salud física de los efectivos y sobre cómo evitar el estrés en la caótica La Paz.