Muy malas noticias llegaron de la capital de la República la semana pasada. El trabajo de las comisiones en la Asamblea Constituyente está llegando a la etapa de las definiciones y precisamente en ese momento, de gran expectativa y esperanza, nos sorprendimos con una burda maniobra de la mayoría. La mayoría, por arte de magia, se desdobló en dos, generando una falsa ilusión de minoría que en la realidad es parte de la mayoría. Las verdaderas minorías quedaron excluidas y estupefactas ante la agresión.
Muy equivocada, la mayoría está exultante y cree que ha realizado una jugada maestra que le garantiza, por fin, un desenlace favorable a sus intereses. Alguien les ha convencido que el camino del éxito es el de la eliminación del adversario. De alguna manera han definido una estrategia punitiva que ha resignado toda posibilidad de pacto o acuerdo.
Si esta manera de ver las cosas se confirma, como vienen anunciando los voceros de la mayoría en casi todas las comisiones, la Asamblea Constituyente habrá llegado a su fin sin cumplir los objetivos para los que fue convocada. Lejos de haber forjado un nuevo contrato social, se habrá convertido en el catalizador de un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias.
Como repetimos hasta el cansancio en la etapa preconstituyente, en la Asamblea no puede haber perdedores. Que alguien imponga su propia y particular visión de la realidad nacional va contra la esencia misma del propósito de reconstrucción del pacto social. Para decirlo claro una vez más. Si alguien resulta perdedor en la Asamblea, todos habremos perdido.
Puede la mayoría generar la ilusión de su victoria y después cometer el craso error de creer su propia mentira, pero la terca realidad terminará por imponerse e
inevitablemente tendrán que toparse con la dramática evidencia de un país dividido y enfrentado… quebrado regional, social y políticamente. La Asamblea Constituyente entonces sólo habrá servido para atizar las diferencias y, a los demás males que padecemos, se sumará la frustración inmensa que sobrevendrá a la enorme expectativa que incubamos los últimos años y meses.
Está claro que la mayoría ha definido que la Asamblea debe concluir lo más pronto posible y para ello abdica de la posibilidad del acuerdo y la concertación. O se les agotó la paciencia o tenían definido desde el principio llegar a este momento. En cualquier caso, lo concreto es que la pulsión confrontacional está a punto de imponerse a los que creyeron que la Asamblea iba a ser el espacio de deliberación pacífico y democrático de congregación nacional.
Con poco optimismo, pero sin perder la esperanza, la mayoría de las bolivianas y los bolivianos que temen una eclosión fratricida, observamos el desarrollo de los acontecimientos. Ojalá los asambleístas estén conscientes de todo lo que está en juego las próximas semanas, pero sobre todo ojalá sepan actuar a la altura de su responsabilidad histórica. El país entero estará pendiente… el país de hoy y fundamentalmente el país del futuro.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
¡El gas no se vende, se compra!
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Los libros y las cosas
Estamos rodeados de cosas y apenas reparamos en ellas. Las cosas nos rodean como un fluido, y nadamos entre ellas, creyendo nada; con una sensación de plétora, eso sí, de llenura… y de sentido encontrado, de epifanía, que sin embargo se arruina pronto,