Cuando faltan pocos días para la celebración del encuentro del Consejo Presidencial de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), en Tarija, el Gobierno boliviano que ejerce la Presidencia Protémpore de la CAN, ha corregido el rumbo, rectificando el grave error cometido la semana pasada al bloquear el inicio de las negociaciones para un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE). De esa manera, logra salvar a la Cumbre del fracaso seguro y a la CAN de la desintegración, debido a la molestia y al reclamo que había sido anunciado por parte de los presidentes de Colombia, Ecuador y Perú y que iba a llevar a la toma de decisiones radicales. Sin embargo, el costo para el país será de todas maneras muy alto, ya que los errores en política exterior se pagan inevitablemente.
El compromiso asumido por la CAN con la UE, suscrito por el canciller Choquehuanca en República Dominicana el pasado mes de abril, fijaba el inicio de negociaciones en La Paz a principios de junio. Entonces, ya se sabía que las sensibilidades de Bolivia en cuanto a los temas de Servicios, Inversiones, Compras Públicas y Propiedad Intelectual, iban a ser consideradas mediante un tratamiento especial, excluyéndola de compromisos para ella inaceptables. Pese a ello, después de recibir frondosas delegaciones de Europa y de los países andinos, los negociadores bolivianos sorprenden con la intransigencia de no aceptar ningún marco de conciliación de posiciones, pateando —casi literalmente— la mesa. Aparecen para justificar públicamente dicha actitud, nada menos que el Sr. Presidente y el Canciller con gastados argumentos, entre ellos, negociar este acuerdo significa privatizar el agua, que los conocimientos ancestrales y la biodiversidad serán patentados por extranjeros, que las inversiones extranjeras no se someten a la ley nacional, que las empresas bolivianas quebrarán, que los servicios básicos serán privatizados, demostrando un maniqueísmo y falseamiento del sentido de las cosas. En este proceder, se reconoce la intervención de los asesores que responden a las ONGs financiadas externamente por movimientos antiglobalización y anti TLCs y que juegan un importante rol en la definición de la política exterior boliviana actual.
¿Qué necesidad tenían dichos asesores de exponer a las altas autoridades del país a semejante situación? Parece que no se percataron de las repercusiones y consecuencias que su asesoramiento provocaría en los demás países de la CAN y UE, lo que obligó al Gobierno a retroceder y rectificar lo anunciado, deteriorando la imagen del país y su credibilidad. En efecto, si los resultados de las negociaciones con la UE serán tan dramáticos para el país, ¿por qué la rectificación? Esta situación debería ser explicada y los responsables asumir las consecuencias de sus actos.
En cuanto al futuro de la CAN, es clarísima la orientación mayoritaria hacia un enfoque de regionalismo abierto, que consiste en avanzar en la integración al tiempo que se intensifican las relaciones comerciales con las regiones más dinámicas y significativas del mundo, tendencia que se reforzará más aún con la incorporación de Chile. Bolivia, en cambio, continúa desarrollando esquemas contrarios a la apertura comercial e inversión extranjera propiciando su creciente aislamiento. ¿Acaso este aislamiento se atenuará ingresando el país al Mercosur? No, porque
el Mercosur también está en negociaciones con la UE. ¿Será el ALBA/TCP la alternativa? Tampoco, ya que ahí no participan nuestros vecinos y es escaso el comercio que se genera. ¿Hacia dónde iremos en nuestras relaciones externas? No hay de parte del Gobierno una respuesta clara, por ahora sólo una rectificación forzada.
*Alfredo Seoane Flores es docente universitario.
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