Los niños son víctimas de la migración, viajen o no A esa conclusión llegaron los expositores en un seminario de migración e infancia realizado ayer en La Paz. Ellos afirman que los que viajan son discriminados; y los que se quedan, son rebeldes.
LA REUNIÓN • El representante de Unicef, Gordon Jonathan, diserta en el seminario Migración e Infancia, ayer en La Paz.
“Mamá no me lleves, no quiero ir, no quiero ir, por favor déjame con mi abuelita”, fueron los gritos en medio de llanto de un niño de seis años que estaba en el aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz, a punto de abordar un avión que lo llevaría a Argentina, junto a su madre, cuenta Ana María Vargas, una migrante que, con ese ejemplo, explicó que los hijos son las víctimas de la migración, ya sea porque se van o porque se quedan sin sus padres.
Esa fue una de las conclusiones del seminario “Migración e Infancia, el impacto en los que se quedan y en los que se van”, que se desarrolló ayer en el auditorio del Defensor del Pueblo, en la ciudad de La Paz. Allí participaron los representantes de entidades internacionales y nacionales, como la Cancillería y la Asociación de Cooperación Bolivia-España (Acobe), entre otros.
“Nadie les pregunta a los niños si es que quieren viajar, nadie les cuenta cómo es la ciudad donde van a vivir y dónde va a empezar de nuevo; ellos están obligados a aceptar un nuevo contexto, una cultura, gente, ambientes diferentes”, agrega Vargas, quien vivió en el exterior más de un lustro.
Los niños, niñas y adolescentes son los más afectados cuando sus padres deciden migrar, coincidió en señalar Wálter Arce, oficial a cargo para Misión en Bolivia de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Pero añadió que la migración ayuda al desarrollo de los países de origen y de destino, con las remesas y la mano de obra que ejecutan en el país receptor.
María Luz Valdivia, coordinadora de Acobe, explica que el niño que migra junto a sus padres “se encuentra con una sociedad distinta, vocabulario diferente; se ha perdido la cualidad de la cortesía y de la atención y el menor se siente agredido y violentado”.
Sin embargo, los que se quedan en el país de origen también sufren las consecuencias de la lejanía de sus padres, ya que existe inestabilidad, desintegración y desarraigo familiar.
“El 60% del colectivo boliviano es femenino en España, dejaron atrás a sus hijos con dolor. El objetivo del ecuatoriano, marroquí, argentino, es quedarse en España, pero el boliviano sólo va por un tiempo determinado porque su objetivo no es abandonar Bolivia y mucho menos a sus hijos”, explica Valdivia.
Si bien no hay cifras exactas sobre este comportamiento, añade Valdivia, el impacto en los hijos de los migrantes, ya sea de los que se van o de los que se quedan, es negativo. Algunos se vuelven más introvertidos y tímidos, otros en cambio se vuelven más rebeldes, incluso rinden menos en sus estudios, porque no tienen el control de sus tutores.